jueves, 17 de febrero de 2011

El hambre y las ganas de comer




Una de las materias de las que soy docente hace ya unos cuantos años, se desplaza un poco de las materias habituales de la formación en ciencia y tecnología, y la comparto con un docente del área de sociales. Recuerdo una entrada pasada donde contaba algo de esta actividad.

La idea general del Taller es activar un poco a los alumnos universitarios en la lectura y la escritura, y presentarles la idea de que la actividad que puedan desarrollar al finalizar sus carreras científicas nunca será algo aislado e independiente de la sociedad. Entonces cada año elegimos un tema como eje principal, a partir del cual, seleccionamos textos de todo tipo para armar el programa. Siempre tratamos de tener cierta coherencia, pero si conocieran al resto del grupo…

Este año el tema en cuestión es el de la alimentación, con muy poca originalidad y menos academicismo, lo llamamos “El hambre y las ganas de comer”. Siempre pasa que una vez acordado el tema, los cuatro integrantes –dos comisiones- empezamos a buscar en la memoria, en bibliotecas, en google y en los amigos: la bibliografía y demás material. Eso sí lo tomamos en serio y pensamos en función del tema, entramos a una librería y lo primero que hacemos en buscar algo de alimentos, leemos el diario y vamos a la bolsa de cereales, revisamos la videoteca en búsqueda de películas de grandes comilonas, y así estamos medio obsesivos un tiempo hasta que el programa tiene cierta forma. Por supuesto que después reclamamos sueldo extra por cambiar casi por completo el programa todos los años, pero solo nosotros escuchamos nuestras quejas. Será que al final no la pasamos tan mal en la búsqueda.

Comparto aquí un poco de alimento con el que me encontré en esa búsqueda: Asado en Mendiolaza de Marcos Lopez, imagen que se me presentó inmediatamente cuando el jueves por la tarde nos reunimos a definir las unidades del programa. Seguramente servirá para algún trabajo. Las primeras fotos que vi de Marcos Lopez, fueron sueltas en alguna muestra, o medio gráfico y no lograba convencerme, pero hace un tiempo recorrí la obra completa y me resultó muy interesante.

Acompaño con un fragmento de "El río sin orillas" de Juan José Saer, autor que en breve estará en mi biblioteca:

Es que la carne de vaca asada a las brasas, el "asado", es no únicamente el alimento de base de los argentinos, sino el núcleo de su mitología, e incluso de su mística. Un asado no es únicamente la carne que se come, sino también el lugar donde se la come, la ocasión, la ceremonia. Además de ser un rito de evocación del pasado, es una promesa de reencuentro y de comunión.

viernes, 11 de febrero de 2011

A veces los vientos circulan a favor





Entonces pasa que una amiga trabaja en una librería especializada en la imagen, justo cuando hay un pequeño espacio en mi biblioteca. Imprescindibles descuentos en libros sobre teoría de la fotografía y fotomontaje para un sueldo corto* como el mío, y que lleva tres años sin aumento.
Libros ideales para leer en mi nueva reposera, que una noche muy tarde de pleno invierno junté en Fragata Sarmiento y Franklin y subí al 106 para el asombro de todos. Ahora está reciclada y muy cómoda en mi hogar.

Yuuuuuuuuuuuuuuuu7 (ese fue el gato, que bien sabe que debe empezar las oraciones con mayúsculas y reconoce el teclado de la compu como el lugar preferido para zambullirse.)

También ocurre que junto con las lluvias este febrero arrimó un aire menos denso y los días no agobian. La Inglesa se anima un día hábil a las cinco de la tarde a dibujar el ángulo recto de las ciclovías que la conducen a San Telmo. No tan malo resultó el metier.
Aunque en la calle se cruzan otros lindos en bicicleta, a veces muchos, hay esquinas que traslucen conexiones neuronales que ya pensaba quietas y ufa. Cuentan cosas de algún otro día…

La Inglesa sube por Independencia justo cuando cae el sol, piensa y el ánimo cicla mientras pedaleo.


* Es una decisión personal, no la del NO aumento.

La imagen pertenece a este sitio
.

viernes, 4 de febrero de 2011

Sin frutillas

La ciudad me agobia en verano, en realidad es el verano el que fatiga, no puedo enojarme con la ciudad que oficia de continente nomás.

Como docente mis vacaciones caen en verano, es cuando tengo tiempo para hacer todos aquellos trabajos y trámites que demoré durante el año. Pero yo estoy como ida y todo me sale en cámara lenta.

Sin duda alguna el absurdo es mi substancia.

La ciudad, como contenedora, absorbe el calor y lo retiene en el maldito cemento, latente hasta la noche o el día siguiente, o el otro… y así a veces pasan semanas. Pero siempre hay rincones dónde respirar –y leer-, además de los aires acondicionados o mi reducido balcón. La Inglesa no tiene que rodar mucho para acercarme a ellos.

El Museo Sívori, escondido dentro del gran parque de la ciudad, ofrece un espacio dónde respirar. Tiene una pequeña biblioteca, a la que se llega subiendo por una escalera de mármol rodeada de mayólicas verdes con detalles en amarillo por un lado, y rejas torneadas al otro. Todo aún bien conservado pero no restaurado: una delicia. Para llegar a la biblioteca hay que insistir porque el señor de la entrada la considera poco importante. Se encuentran ahí los Sueños de Grete Stern (agotadísimo) y el libro que el FNA editó con su obra en argentina.

El jardín del Sívori, es un pequeño paraíso dentro del agitado y concurrido Parque Tres de Febrero, en especial en esa zona frente a la entrada del Rosedal, donde el tránsito -a sangre- es más peligroso que el tránsito pesado de la Av. Int. Cantilo. Ese espacio bien verde, respira la calma de eucaliptus lejanos, un roble da sombra a los bancos, las esculturas y el pasto de perfecto recortado. Los trenes juegan a ser fotogramas de Miyazaki y musicalizan a lo Eno.
Violeta Castillo interviene la fresca del jardín, y cuando el cielo parece púrpura, respira canciones pop con su guitarra y una voz anti-fastidio.

La Inglesa evita las ciclovías de Palermo porque tienen de todo menos rodados, se amiga de las calles y se pierde cuando cae la noche. El rubio recibe con maullidos detrás de la puerta.

martes, 18 de enero de 2011

Tres timbres

"A lo lejos el mar se ha retirado
pero en tus ojos entreabiertos
han quedado dos pequeñas olas"*



Ellas se encuentran cada mañana, será por esa creencia que existir para muchos es si la saben otros, o al menos otro. Tal vez sea por esa necesidad de hablar con otro, por el mero hecho de escucharse uno mismo y saberse por medio de la voz alta, sin importar quién sea el que percibe, procesa y responde. O para conservar una costumbre, que de eso también estamos hechos.
Tres timbres es su código de identificación, para diferenciarse de cualquier extraño, como si fuera común que en el departamento de un edificio del barrio de Boedo o de cualquier barrio, la gente accede a los timbres del palier en todo momento. Reminiscencia de una vida en un barrio de casas a la calle, pero en esos barrios son pocas las casas con timbre, o nunca funcionan.
Se reúnen en el palier y las palabras juegan a reiterarse en relación a la salud, sinónimos y todos sus derivados, hasta alcanzar la meta: su opuesto. Siempre hay una necrológica para anunciar, que se trajo del almacén, de la TV, o peor aún si es de la familia. (Como cuando Madre llega a su ciudad, que antes de salir a las calles quiere que la informen, para no andar preguntando de más). Ellas se preocupan, siempre tiene que haber algo de qué preocuparse. Después de unos minutos de charla se despiden, aliviadas por haberse sabido , cada una gracias a la otra. Aún les queda salud y energía para tres timbres mañana.
Pero ellas ignoran que otros también pueden saberlas. Un día cualquiera, o el que la música se celebra en el calendario, ellos despiertan en silencio, no necesitan la voz alta para saberse. Quizá no se sepan. Pero se ríen de la costumbre de los tres timbres, y las escuchan como si fuera el sketch de un programa de radio, atienden al diálogo, lo anticipan, y vuelven a reírse, se distienden y se burlan. Ellas siguen ingenuas.
Ya no escuché la audición, lástima porque ellas resultaron muy simpáticas, además luego él se despereza y prepara ricos amargos.


*Jacques Prevert, Arenas Movedizas en Palabras.

viernes, 10 de diciembre de 2010

Buenas Noches



Se agradece a todos los que supieron jugar en este lugar/espacio/parque/papel.
Será hasta cualquier momento.

domingo, 5 de diciembre de 2010

Moleskine

Como para no perderme del todo, ahora reviso una libreta preciosa que me regaló Emc y encuentro un Haiku que ya tiene casi un año y puedo compartir.

tan enérgicas
murmuran las chicharras
que las escucho


cuentan de siestas
calurosas acequias
perros que ladran.

viernes, 5 de noviembre de 2010

Vidas Imaginarias

Marcel Schwob dibuja en su libro Vidas Imaginarias historias inventadas a partir de personajes célebres, que parecen modelaron para él con una gracia neblinosa, que le permitió ordenar palabras en trazos definidos –preciosos-, pero según su capricho. Es un placer leer una y otra vez esos relatos sin ton ni son, fragmentos de una de las vidas, entre las infinitas que podía imaginar. Quizá sea un buen ejercicio de salida de calles monótonas que recorremos a diario, de viajes automatizados y repeticiones vulgares a las que acostumbran los cuerpos.


En otro capricho un poco similar, pero al revés, Pasolini busca entre las vidas reales y cotidianas de África de los 60, los personajes para una adaptación de la Orestíada de Esquilo . Nuevamente ficción y realidad se mezclan en las calles, gra
cias al imaginario del escritor y la cámara del cineasta, que en este caso es la misma persona. Los límites siempre son subjetivos, los negros bailan inocentes con esa gracia divina que llevan, y el antojo se convierte en dicha a través de la cámara.


Me pensaba en una vida imaginaria, con los dedos de mis manos ya ligeros, los músculos fuertes y capaces de responder a las órdenes de mi cerebro, para entonces hacer fluir los diferentes acordes por todo el diapasón de la guitarra. En esa vida me sentaba en un banco desvencijado en el submundo colorido de Plaza Constitución, para acompañar con gracia, o intento de ella, al duo de violinista y bandoneonista que, en esta vida, cruzo cuando bajo camino al subte de regreso a casa.

lunes, 25 de octubre de 2010

Los cuentos de Ivo


Él es mi amigo que más sabe de trenes, y ahora se ha dedicado a la escritura. Los invito al maravilloso mundo de Cuentos de Ivo.

lunes, 18 de octubre de 2010

Gigante






Pocos quedan ya que participan en este ritual, pero si pasan frente a un cine y ven este afiche en la puerta, pueden entrar, comprar la entrada para la sala correspondiente, y disfrutar durante 90 minutos de una pequeña historia (de amor).
Si retiran la entrada en una cartelera les quedan unos pesos para una caña en un almacén, les puedo indicar tres o cuatro carteleras cerca del arteplex centro (el cine de estas películas), pero no sé dónde se puede encontrar un almacén.

viernes, 8 de octubre de 2010

Feliz cumpleaños

La ventana no me dice nada de la presencia de sol,
ayer no sabés, cada tanto se largaba como si fuera la última vez, y luego salía el sol...
o hacía el intento.
Así se la pasaron luchando toda la tarde,
y hoy se ve que ganaron las nubes.

Admito que el desayuno tiene horario de bacana,
pero no había que salir corriendo y ayer llegué tarde.
Mermelada casera de manzana, naranja y pomelo,
CasanCrem que está super-caro.
Pan amasado y horneado en el horno gigante de mi cocina,
con semillas de lino, o amapola, o sésamo, no vi la etiqueta.
¿Alguien sabe su sabor?
(Sospecho que juntan muchas semillas,
las tamizan y separan por tamaño
y luego, en una sección diferente está el nombrador.
Ellas no saben cómo quejarse, o no las escuchan.)

La radio de fondo, canta algo, luego noticias.

El mate amargo está bien caliente, y no se tapa,
por fin pude aprender a sacarle buen mate a esta calabaza.
¡Eso sí, un presupuesto en yerba!
Pero es más rico y dura un largo desayuno.

El de las rayas naranjas vino por su ración de queso,
que retribuye con ronrones y cerrada de ojitos cuando le acaricio su barbilla,
o esas rayas que delinean sus ojos.
Se fue otra vez para su sitio de las mañanas:
arriba del microondas,
que está arriba de la heladera,
para mirar por la ventana de la cocina.
Creo que unas palomas hicieron un nido a la salida del calefón.
Él se queda horas al acecho...
aunque a veces lo veo que se duerme.

Ahora ya está en el balcón, a por gorriones, torcazas y moscas.
Por cierto:
llegaron las golondrinas,
y por las noches ya se puede jugar a encontrar murciélagos en la oscuridad.

En cuanto yo empiece a moverme, dará un salto para unirse a mis quehaceres.
Mientras yo ordeno, él desordena y así un buen rato.

Por fin regresó el servicio de internet de la unq,
a las 16hs tengo reunión en el macn...
después te cuento.

Feliz cumpleaños hermoso,
me pongo en marcha.

lunes, 4 de octubre de 2010

Disueltos en la belleza

Cada vez que me cruzo con un Bolaño dejo todo lo que esta en marcha y me siento a leer -ahora ya estaba sentada- un texto breve que no quita mucho tiempo o sí. También sucede que después me cuesta muchísimo seguir con otras lecturas.

viernes, 24 de septiembre de 2010

Disuelto en la belleza


Era una noche apenas de otoño que había sentido (o hubiera querido) más fresca, pero no. Lleve la campera puesta mientras los pasos, resultaba más cómodo y elegante que plegarla -es de una tela muy dúctil- hasta que entrara en el bolso. Recuerdo otras escalas menores, pero guardo la escena en la que él se detuvo para abrirse en mil gajos de sensaciones frente a uno de esos carteles de anuncios de marco verde, cerca de uno de los vértices de la plaza que supo ser cárcel y será lo que el Gobierno de la ciudad dicte. No conocía la poesía ni el nombre del poeta, traté de guardarlo en la memoria, pero tampoco, preferí disfrutar de esa silueta delgada que distante en la penumbra se quebraba de placer, como enajenado, tan diferente a lo que había mostrado hasta entonces. Él no se dejó descubrir, pero al menos ese mismo otoño, sin ayuda, descubrí al poeta.

Como para que tenga un algo la entrada, y para decir de dónde robé el título, en el suplemento Radar del domingo pasado se puede leer una nota sobre el Cuchi Leguizamón. Espero se pasen estos días un poco aveloriados.

sábado, 4 de septiembre de 2010

Azul de Prusia


Azul de Prusia es un pigmento, que como muchas de las sustancias coloreadas, proviene de un compuesto químico que tiene entre sus átomos algunos de los metales de transición. En este caso el hierro es culpable, para ser más precisos el color depende de los electrones más externos de este átomo y del entorno dado por los otros átomos del compuesto, un escenario que permite una danza de electrones capaz de generar un color determinado.

Azul de Prusia fue como bautizamos con Apollonia a la unión musical de unos amigos. Pasó hace tiempo, recuerdo que Manu, nuestro amigo en común, nos presentó una noche de octubre en Bernal –si bien hablamos de nanotecnología aquella vez, no sabíamos que años después nos re-encontraríamos trabajando en el mismo laboratorio-, Prusia había propuesto ella, Azul de… completé yo. La banda estaba formada por Cata en voz, Manu en guitarra, voz y composición y luego se sumó Jhon, el guitarrista de verdad. La unión duró unos cuantos suspiros, luego Manu se fue a buscar amores a España, Cata se dedicó al hogar y Jhon a su metier: la música. Cata y Jhon tuvieron algunas presentaciones en público, y queda pendiente un encuentro invernal acompañado de guisos y vinos, pero ya llega la primavera y la velada está en ascuas.



Anna Atkins fue una botánica y fotógrafa inglesa que a mediados del siglo XIX editó el primer libro de imágenes fotográficas “British Algae: Cyanotype Impressions”, adelantándose unos años al más popular “Lápiz de la Naturaleza” del William Talbot. Se podría decir que Anna fue una mujer con suerte, ya que su padre era un reconocido naturalista de la época, que ayudó en su formación científica y que la vinculó con otros hombres dedicados a la ciencia; fue así que pudo desarrollar su carrera como botánica, y entrar en contacto con otros vecinos pioneros de la fotografía como Talbot y Herschel, un matemático y químico que había descubierto un proceso fotográfico que creaba positivos de un color azulado: el cianotipo. Más allá de la suerte y las vinculaciones, sin dudas Anna fue una mujer inquieta y paciente a la vez, realizó su libro por partes; la primera vio la luz en Octubre de 1843. Publicaba los álbumes de forma regular, el último está fechado en 1853. En total suman alrededor de 400 imágenes. Se conocen unas doce copias. Este número limitado de ejemplares se debe a que cada una de las imágenes está hecha a mano y de una en una.

El cianotipo es un proceso fotográfico que a partir de la mezcla de dos compuestos químicos que se pintan sobre un papel y la posterior exposición a la luz genera un compuesto estable de color azul. La figura fotografiada impide el paso de luz y forma una silueta blanca, el fondo de la imagen es azul de Prusia.

lunes, 23 de agosto de 2010

Fidelidad a una obsesión


no significa nada
para vos
poesía sentí yo




Andrei Tarkovski guardó en polaroids su escenario ruso, antes de partir a Italia para filmar Nostalgia, esas fotografías fueron editadas en Instant Light, TARKOVSKY Polaroids . Una belleza.

domingo, 8 de agosto de 2010

Winter a Go Go


Dicen que pan con pan, comida de zonzo. Digo que tampoco es bueno que el pan esté solo, se pueden conseguir quesos, pero para el desayuno prefiero dulces y caseros. Sé que ya no es la hora del desayuno y el dulce lo hice ayer después del mediodía, mientras escuchaba la Reunión Cumbre que Ulanovsky organiza cada sábado en Radio Nacional, pero ahora que tengo un tiempito dejo una receta de dulce para acompañar aquel pan que hicieron unos veranos atrás.

Ingredientes:

  • Fruta a elección (más o menos un kilo). Suelo usar la que está en oferta, o de estación, el de ayer tenía: 2 mandarinas pequeñas, 2 manzanas medianas, 2 naranjas de ombligo gigantes (y riquísimas), 1 pomelo rosado mediano
  • Azúcar (la cantidad varía, los míos llevan poca azúcar)
  • Agua


Preparación:

Los cítricos se pelan hasta quitar esa capa blanca interna de la cáscara, también se quitan las semillas y los pellejos (yo lo hago con las manos bien limpias y directamente en la olla voy despedazando los gajos, para no desperdiciar el jugo. Cuando se trata de naranjas me como la mitad de cada una, si están buenas son mis frutas preferidas)
Las manzanas no las pelo y las corto en cubitos de un tamaño parejo, si quiero que el dulce conserve los pedazos soy más prolija, si quiero el dulce homogéneo al final, no cuido tanto las formas en este paso.
Se colocan las frutas en una olla grande, se agrega azúcar hasta cubrirlas (medio kilo).
Se agrega agua, un vaso para que no quede tan espeso, si son solo cítricos medio.
Se pone a cocinar a fuego lento con la olla tapada, hasta que empiece a hervir.
Se revuelve cada tanto.
La cocción sigue hasta que la fruta se vea bien brillante. Si parece muy aguado se sigue la cocción con la olla destapada.
La cocción se termina una vez que los trozos de fruta están todos bien brillantes , parece que se desarman ,y el agua se ha consumido pero que ún tiene cierta flexibilidad y no hay que hacer mucha fuerza para moverlo. Si quiero un dulce homogéneo lo piso con tenedor, o le doy unos toques con la minipimer, como a mí me gustan ver los pedacitos de fruta lo dejo así.
Se guarda en caliente en frascos bien lavados y esterilizados*, una vez fríos a la heladera. Como mis dulces no tienen una cantidad enorme de azúcar, no duran meses, pero yo tampoco les doy tiempo.

Aviso para los fundamentalistas de los dulces caseros: las quejas a sus abuelas, pero se acepta cualquier consejo.

No sé si para hacer los dulces, pero para escribir la receta es imprescindible música, y un gato naranja dormido en los muslos.
Hoy escuchamos Summer Sun de Yo la tengo, una de mis bandas preferidas. Me despido con un Winter a Go Go
y me voy al sol.

martes, 3 de agosto de 2010

"Winter Song"




Hermosos: ella, la canción de John Cale, ese disco y este frio de invierno.

miércoles, 28 de julio de 2010

Una lista más


Porque Nick Hornby contaminó a más de una generación con su "top five"; porque anoche volví a ver, después de tantísimo tiempo, El verano de Kikujiro del maestro Kitano*; porque hace un par de semanas morí del amor con La Pivellina; El sabor del té aperece siempre y puede ir en toda lista. Aquí una lista inconclusa** de niños en la pantalla grande en películas que hacen sonreir:






* Puede que Kitano ya esté más allá de todo y en el mejor estado para colgar los botines, por lo visto en sus últimas películas, pero hasta Zatoichi lo banco a muerte (de risa).
** Había incluído estas dos
: About a boy, (Casi un chico, 2002, Chris Weitz - Paul Weitz); Koktebel, (Caminos a Koktebel, 2003, Boris Khlebnikov - Aleksei Popogrebsky), pero los niños son más grandes y no es el mismo sentimiento.

domingo, 11 de julio de 2010

Mejor me voy


Aunque sea un tiempo, hasta que pueda contar algo otra vez, o ME pase algo lindo que me haga escribir para contarlo.

viernes, 9 de julio de 2010

Contra la interpretación



Una de mis tareas preferidas en el colegio era la de “familia de palabras”, recuerdo que por tercer grado comenzamos con ese juego, llegaba una hora del a mañana, cuando la maestra escribía una palabra en el pizarrón y había que empezar a pensar y gritar palabras que tuvieran la misma raíz, y, ahí residía la complejidad, una estructura aceptada por la RAE. Lexema y morfema le dicen.Justificar a ambos lados

Esa costumbre me persigue aún, leo una palabra y aparecen otras de su familia, invento en un consciente desacato a la RAE, busco parecidos para cambiar de familia y extender un poco más el juego.

Tengo otra costumbre de familia de palabras, pero que aparecen por asociación ilícita de mi memoria, de mis sensaciones en el momento de agruparlas. Acostumbro a escribirlas en algún cuaderno de compañía y olvidarlas. Encontré unas palabras sinsentido en mi cuaderno a lunares, de una caligrafía abominable, escritas en la oscuridad de una noche intermitente de ruta, de larga espera:

“Segunda vuelta. De-moras. Noche, grillos, ranas y el cielo de estrellas. Niños que juegan. Humos. Sombras. Largas. Expresionismo (Alemán). Hierbas. Las palabras están entumecidas. Stop. Fuerzas. Autpopista del Sur. Ruta 135. La que se pierde. Hambre. Penumbra. Silbar. NOCHE. Reflejos. Sorpresas. Distancias relativas… inconclusas, incoherentes, difusas. La distancia a la LUNA. El auto intermitente. El puente y el rio Uruguay. Un parador para todos, para, detiene pero no. Calla. Vacío, refugio. Las aves despiertan. El sol. Se encuentra en los cables, se cuentan historias. Ingreso a Soriano.”

sábado, 3 de julio de 2010

Los sonidos de la mañana de un sábado naranja



Tengo una maldita costumbre: despertar temprano, hábito que me permite disfrutar del despertar de la mañana, sus colores, sabores y sonidos. Soy una de las primeras en levantar la persiana de las tantas que hay en este hueco amplio, por suerte. Me gusta percibir el cambio del color del día, la ventana está a mi derecha y el sol no se ve, pero va coloreando las paredes del edificio de enfrente, de a poco las formas son menos borrosas. Está lleno de pájaros, la fauna habitual: gorriones, alguna tacuarita – que festejo con sonrisas-, palomas –que las prefiero en silencio y lejos- y una yunta de torcacitas -que tienen loco al gato naranja-, dejo en silencio mi casa, para escucharlos ya que despuntan sobre el sonido del tránsito, al menos por un tiempo. Preparo el mate, tostadas, mermelada que hago con las frutas de estación, por no decir baratas, y me entretengo con ese silencio y quietud que dura un santiamén.

Tengo otra maldita costumbre odio salir temprano de casa, hábito que invalida la costumbre anterior en la práctica, y me cuesta horrores estar a las 9 a.m. en Bernal.

Tengo otra maldita costumbre: me acuesto tarde porque también disfruto mucho de los colores, los sabores y sonidos de la noche, y soy una de las últimas en bajar la persiana de las tantas que hay en este hueco amplio, por suerte.

lunes, 28 de junio de 2010

AT, CG



Creo yo, que a esta altura del campeonato -y no hago referencia al mundial de fútbol- es un saber común a todos que la helicoidal molécula de ADN, de estructura similar en todos los organismos vivos, es la portadora de la información genética: un mensaje codificado que luego de un rosario de dimes y diretes, transforma una célula en un individuo con características particulares que sirven para identificarlo y ubicarlo en su casilla correspondiente de la escala evolutiva.

Una información más detallada, que no sé si es tan conocida, es que la molécula de ADN es una macromolécula, construida por otras moléculas más pequeñas; así como un compuesto se construye por la asociación de diferentes elementos. Jugadores claves de esta macro estructura –bueno macro, ya saben que todo es relativo- son las moléculas de Adenina (A), Timina (T), Citosina (C) y Guanina (G), resulta que estas moléculas que apenas difieren en la posición de algunos átomos*, son las encargadas de dar una sutil diferencia a la cadena del ADN y componer el mensaje según su disposición a lo largo de la hebra. Otra característica es que interactúan de a pares para unir las dos cadenas de ADN complementarias, y formar así, la estructura de doble hélice. Esa interacción depende de la disposición espacial de los pocos átomos diferentes (que no son más que H, N y O) y siempre es específica: Adenina se aparea con Timina, Citosina con Guanina y no hay cambio de parejas, bueno puede llegar a suceder pero aténganse a las consecuencias.

Por último, y lo único importante de esta entrada, ya que la información reducida de los párrafos anteriores la encuentran en cualquier lado, es que cuando estudiábamos nos enseñaban una regla mnemotécnica infalible para recordar cómo se enyuntaban esas bases. Una dupla rioplatense fue suficiente para no olvidarlo nunca: Anibal Troilo, Carlos Gardel.

La semana pasada una profesora de Introducción (Introducción a la Biología Celular y Molecular) trataba de explicar a unas alumnas esta regla, pero por la cara que pusieron las chicas, creo que van a seguir apareando mal las bases en sus exámenes, al menos hasta que encuentren otra dupla más actual.

La gente de Futuro recordó esta regla en una preciosa tapa del suplemento.

También aprendí, sin reglas mnemotécnicas, ni Alberts**, Curtis y Lehninger, con una pequeña ayuda del tiempo, que no todo está en los genes.





*Para no confundir el gallinero, y para los que se interesen un poco más por la química, estás moléculas son de dos tipos: Adenina y Guanina son purinas, bases nitrogenadas formadas por dos anillos (mayor tamaño), mientras que Citosina y Timina son pirimidinas, también bases nitrogenadas pero formadas por un solo anillo (menor tamaño).

** El que encuentre una foto de la contratapa del libro que la comparta.

miércoles, 23 de junio de 2010

¡Basta de demoler!

A través de la gente de Basta de Demoler me llegó esta información, que me parece bien transmitirla por este canal. Los que tienen cable lo miran y luego me cuentan.


Tenemos el agrado de informar que la Cadena BBC de Londres emitirá un programa dedicado a la situación del patrimonio de Buenos Aires y las acciones de la ONG Basta de Demoler.

Se trata de una serie de episodios titulado “Heritage heroes”, donde tratan la defensa del patrimonio por parte de la sociedad civil en distintas ciudades del mundo.

El capítulo estará dedicado a Marruecos, Reino Unido y Argentina.

Estos son los horarios de transmisión:

Programme 5

Morocco / UK / Argentina

Airing BBC World News

17/07 @ 01.30, 08.30 GMT (hora en Argentina: 16/07: 22:30 hs, 5:30 hs)

18/07 @ 14.30, 20.30 GMT (hora en Argentina: 18/07: 11:30 hs, 17:30 hs)

martes, 15 de junio de 2010

Tiffany&co.


Un oasis entre lo que aparece en mercado libre.
Pero no es mía, está a unos billetes de distancia.

lunes, 14 de junio de 2010

Las playas de Agnès




¡Quiero estar en una playa junto al mar!- pensé a los gritos y así de cursi, cuando apenas habían pasado unos minutos del comienzo de la película. Una playa vacía de gente y calor, llena de recuerdos y un tenue sol.
Me gusta el cine, y cuando existe la posibilidad, en el cine. Hacía tiempo que no satisfacía este principio, de ir a la boletería, sacar la entrada, sentarme en una butaca -aunque sea destartalada-, y pasar un tiempo un poco mayor de una hora mirando en una pantalla historias ajenas, rodeada de desconocidos.

Agnès Varda celebra sus ochenta años con un documental que saltica –ese es el ritmo- por las playas de sus “recuerdos”. Pero no se asusten que “Las playas de Agnès” no es una narración añeja, sino una película muy linda, despojada de sensiblería que se sostiene gracias a un ritmo cotidiano de constante deconstrucción y construcción del pasado. Sin dudas la directora sabe jugar con las imágenes y nos cuenta que ha vivido siempre en acción y rodeada de placer.

Una pequeña digresión de mi parte, esta fue la primera película que vi de ella, pero ya está en marcha la maquinaria para poder ver anteriores aunque sea en casa, y estar atenta a alguna otra retrospectiva, como para no perder mi costumbre me perdí una importante el año pasado o el anterior.


*Escuché unas llaves: está incluida en el disco “Autoayuda”, de Sergio Pángaro y Bacarat, disco que no ha de faltar en el hogar. Agnés Varda muestra que los recuerdos aparecen de inmediato, y me parece que comparto esa idea.

miércoles, 12 de mayo de 2010

"Nocturno en pleno día"


Las palabras musicales diagramaron un juego,


furioso,

lleno de esa mansa furia

a la que sabe jugar el litoral,

o él.


La tipografía diminuta,

tímida y suave,

dio por fin un salto,

y logró desprenderse del papel,

danzar.

La mezcla amorfa de grises,
marrones,
azules
y negros arratonados

que es la C a las 8 a.m.,

substanció en
sauces,
tipas
y jacarandás.






Gracias Tin Tin por el préstamo.

miércoles, 28 de abril de 2010

Fragmentos de Abril* (primera entrega)



Remolinos, remolinos
el otoño y el viento
Como las palomas
ansiosas de volar,
en bandadas por el aire
las hojas se van.


Me gusta abril, ya con su sonido –aunque mi preferido sea junio- bien interpreta cómo ha de acercarse. La temperatura empieza a descender, entonces disfruto tanto de un baño de lluvia como de uno de sol. El atuendo es más confortable: medias largas de colores, polleras, remeras, alguna chaqueta, pañuelos para el cuello, de lujo son los días que puedo caminar con borceguíes o botas y desordenar con cariño las hojas amarillas y secas. No me quedo pegada en los asientos de los tranportes públicos, eso sí mi pelo sigue atado. Como mi vitalidad es inversamente proporcional a la temperatura, para mí los días se alargan, puedo hacer más cosas o me cuesta menos ir de un lado a otro y caminar. El mate amargo de las siete está bien caliente, luego el vino tinto reemplaza a la cerveza y las variedades de tés comienzan a descender de los estantes, otra vez disfrutar de ese humito al acostarme y de alguna mantita. Abril tiene un color cálido y frío a la vez - o de a ratos, porque no es tibio-, la intensidad de un abrazo que no desarma y perdura.

Con testarudez digo que la luz del otoño dibuja las formas más bellas en esta ciudad, brindo porque aún le quedan dos meses.


*Fragmentos de Abril es una película del cine independiente americano, ya debe tener cinco años o más, con una historia sin excesivos golpes bajos y ritmo ameno que se puede recomendar a todo el público. Lo mejor de la película es salir cantando You, you, you, you you de The 6ths

lunes, 26 de abril de 2010

Palabras en libertad

Hace un tiempo que Fundación PROA se malbalizó. En las salas de la antigua PROA aún se percibían señales de grandes habitaciones con aberturas que mostraban fragmentados los paisajes de Quinquela, y pequeños recovecos que agregaban calidez al lugar. Mi parte preferida del recorrido –sea cual fuera la muestra- era llegar a esa escalera estrecha de metal que conducía a una puerta vidriada de marco amarillo, que abría con engaño al cielo, y que, una vez franqueada, te dejaba en un tablero de damas con vista a los techos de La Boca. Mi otro preferido era la librería.

En la nueva PROA el valor de la entrada es mucho más alto, las salas muestran un museo contemporáneo que se desnuda en una simple mirada y las aberturas se convirtieron en ventanales sin detalles. La terraza es ahora una confitería con deck y grandes sillones blancos al aire libre, de una altura tan inútil que impide ver más allá de la pared. La librería, por suerte, conservó su espíritu, en un ambiente mucho más amplio y mayor variedad entre sus estantes. El lugar no está mal y supongo es más funcional pero perdió parte de su encanto.



En PROA aterrizó El universo futurista y se puede ver hasta el 4 de julio, me parece que está más que bien para ir a darse una vuelta por el lugar.

lunes, 19 de abril de 2010

Mi felini

Aprendí a andar en bici cuando tenía cinco años, o un poco antes. Por aquel entonces Miguel Cané era de tierra y nada lisa, de las cuatro esquinas que forma con Gutiérrez sólo estaba el almacén de Doña María, el resto baldío y eucaliptus. Los troncos de los tilos de la puerta de casa parecían quebrarse de delgados y jóvenes, las veredas eran más discontinuas aún que la calle, un “apenas más” de lo que son ahora y la zanja a veces se perdía de vista entre su variado ecosistema. El escenario parece ríspido pero el método de aprendizaje es tan simple que todo fue muy rápido: primero con dos rueditas, luego con una –supongo que la derecha-, después la otra hasta que un día sin darme cuenta, el amparo ya no fue necesario. Una vez que se quitan las ruedas uno siente que vuela sobre la calle y que puede tomar velocidades irreales, y, sepan, no hay porrazo que justifique su retorno.
Desde entonces siempre tuve una bicicleta entre mis manos que me alcanzaba a donde quisiera ir. Las bicis se heredaban de los mayores de la familia y se pasaban a los menores cuando quedaban chicas, o según disponibilidad. Era bastante grande y yo seguía con esa bici naranja de rodado 14 o 16. Luego vino la bellísima inglesa que está en la casa de los tilos, ahora de gruesos troncos. Por último, para mayor comodidad me compré la que ustedes conocen, una todo terreno de color azul noche con brillos escondidos, que me transportó a tantos lugares por más de quince años. El viernes a la noche alguien cortó la cadena y se la llevó de la puerta del cine Atlas Santa Fe sin mí permiso.
Esta historia iba a ser más extensa, llevo toda una vida de bicicleta y había prenda para una gran colgada, pero en el mismo momento en que descubrí que ya no estaba la bici, intenté dejarla como un objeto sin más importancia que la material para no amargarme. También dejo así esta entrada.
Si saben de alguien que venda una bici avisen, no puedo traer la inglesa porque es muy grande y pesada además de muy querida.

domingo, 18 de abril de 2010

Buen día, día

Bonita lluvia con granizo de yapa para dar fin al BAFICI en la cortada del Abasto, algunos permanecieron estoicos bajo el agua, otros abrieron sus paraguas o improvisaron un techo con las sillas, yo busqué un techito -como la mayoría- y así pude aguantar hasta el final. El documental sobre Miguel Abuelo es entretenido y disfrutable, supongo que siempre que exista algún interés en él. Me causa gracia ver como se institucionalizó un espacio que unos años atrás había sido descubierto y tomado por el BaFreeci.

Nada memorable estos días, pero sí un gracias por el documental de “Stephin Merrit y Magnetic fields” y un adiós a mi bicicleta de purpurina azul.

domingo, 11 de abril de 2010

El silencio de los libros







De paseo en esta tarde de domingo de sol de abril me encontré con "El silencio de los libros", que en un delineado diálogo me enseñó a Franco Matticchio y Jillian Tamaki. Pude perderme detrás de otras formas pero ya tuve que regresar, quizás otra tarde siga la charla.



domingo, 21 de marzo de 2010

Las babas del diablo

Me senté a escribir porque: 1) la otra opción era limpiar más la casa y ordenar la parte alta del mueble; 2) la última colgada data de unos cuantos días atrás, me incomoda abandonar este espacio, pero cada tanto me pasa que no me sale contar nada, o, lo que es peor, me sale contar cosas que no quiero exponer por repetidas, mustias, inexistentes, demasiado personales; 3) alguien me sacó de la modorra preguntando si ya no iba a escribir más; 4) se largó a llover; 5) el gato naranja duerme tendido en su máxima longitud sobre la manta unos tonos más oscuros que él; 6) en los azulejos de mi cocina hay dos rectángulos de papel sensible a la luz que ayer inpregnaron fotones a través del ojo de mi cámara estenopeica; 7) en el cuaderno hay tres textos que necesitan secarse, el del barrio de Villa Urquiza había sido el elegido para inaugurar la temporada de la melancólica felicidad que me trae el otoño -los otros son de los que no quiero que salgan-, pero recordé que tenía ganas de avisar de la muestra de "Grete Stern, Los sueños 1948 - 1951",en el MALBA por si algún despistado no se había enterado aún.

Primero fue la imagen y luego el conflicto. Para que esta colgada no sea un simple aviso de agenda urbana, ni una reseña del catálogo, además, como tuve la oportunidad de ver la muestra cuando estuvo en el CCR unos años atrás – Grete Stern es una de mis favoritas y seguro que hay una antigua mención en estas páginas, además de las fotos que ilustran la entrada de mi sueño- me metí entre los estantes de los libros para armar algo coherente, o al menos armar algo. Ay de mi inocencia, quedé atrapada en una suave maraña de ideas, fragmentos de citas* y autores** que divergieron de un click de Susan Sontag y convergieron en una singular imagen surrealista, imposible de describir y que me llevaría toda la tarde procesar. Entiendo esto como mi mejor recomendación para ir a ver esta muestra, aunque los del MALBA sean unos ladrones, eso sí de guante blanco.

Una mínima información, Grete Stern nació a principios del s. XX en Alemania, estudió en la escuela de la Bauhaus, se fue exiliada un tiempo a Londres, pero finalmente llegó a nuestro país junto a Horacio Coppola. Aquí se estableció y realizó su carrera como fotógrafa.
Otro detalle que no se aclara en la gacetilla de la muestra, dicen que gran parte de esta producción fotográfica se perdió porque la editorial Abril no conservó los originales.




*En el libro "Sobre la fotografía", hay una breve antología de citas que Sontag dedica W. Benjamin, a quien describe como "un apasionado coleccionista de citas".


**D. Arbus, W. Benjamin, Ch. Baudelaire, A. Breton, J. Cortázar, A. Pellegrini, (con un bonito libro de recopilación de poetas surrealistas), Man Ray.


miércoles, 3 de marzo de 2010

Adicciones

La inmediatez, cualidad esquiva de este espacio, pudo ganarle esta vez a la entrada de la ciudad Tsai Ming Liang, que ya lleva casi diez días en un archivo inconcluso y que probablemente siga así, o tome otro rumbo, o reaparezca en la próxima inundación.

Para no contradecir mis costumbres esto llega un poco tarde.

El lunes por la noche la película comenzó, como suele suceder en el piso 10, puntual y con reordenamientos. Los que llegan tarde y atraviesan toda la fila entre los sentados, para ubicarse cuando ya están los títulos; los sentados que exteriorizan su enojo en voz alta, o se levantan, se mueven por la fila y se paran unos segundos delante del tardío ; los otros sentados, no damnificados por los tardíos, pero que exteriorizan su enojo con los que vociferaron antes y retrucan un más fuerte shhhsh; los de las bolsas de nylon; los de la tos seca; los que se enderezan en las butacas provocando un ladeo en cadena, y alternando los lados, de cabezas; los conocidos de siempre.

No entiendo para qué llegó el color al cine, pensé, una vez que se silenció la sala y ya habían pasado unos cuantos fotogramas de “La nostalgia de Veronika Voss”
(Die Sehnsucht der Veronika Voss; Alemania Occidental, 1981). Así está mejor. Mientras seguía a la protagonista en ese juego de luz y sombra proyectado por el director, recordé aquello mencionado hace tiempo aquí, las ansias de una vida en blanco y negro. Si, así es mejor, más bello, más puro. Pero Fassbinder no es Truffaut, es más duro, ¿será el lenguaje? Fassbinder es terrible. Los pensamientos ajenos a la trama de la película siguieron por un rato, el periodista y su novia discutían, yo disfrutaba del saber que me gustan esas películas que me permiten pensar en otras situaciones, que aunque aparentemente no tengan relación alguna, son las imágenes de la pantalla las que lo logran. Pero de pronto, no sé que sucedió, estaba metida de lleno en la historia de la película, intrigada, asustada, casi asfixiada, tuve esa sensación de querer salir de ahí, de que termine de una vez toda esa situación. Salí de la sala repasando mis costumbres. Cuando desaté la bicicleta, descubrí la luna enorme, brillando entre nubes tenebrosas. La velocidad de los autos hacia ella, las luces de carteles y semáforos puntuaban con colores el cielo que parecía más oscuro que otras veces. No dejé de mirarla. Al subir por Córdoba quedó a mis espaldas, y la sentía, trataba de apresurarme para escapar y poder tenerla otra vez en la mira. Pedaleé pensando todo esto y muchas otras cosas. Son perfectos los escritos que hago en la bicicleta ¿Qué otra adicción tendré además del mate amargo por la mañana?

viernes, 19 de febrero de 2010

Confesiones

La luna, cuando está ASÍ como hoy, es como a mí más me gusta. Más aún, cuando se ve un círculo de cielo tan azul que puede parecerme de púrpura.

lunes, 15 de febrero de 2010

La Sueñera


78 “Mi cara en los sueños no coincide con mi cara en el espejo. Mi cara en el espejo no coincide con mi cara en las fotografías. Mi cara en las fotografías no coincide con mi cara en movimiento. Mi cara, decididamente no coincide.”

155 “Diría que me mira fijamente si sólo pudiera asegurar que tiene ojos”

Shua, Ana María, La Sueñera, Alfaguara, 1996.




La imagen es de aquí: Monzo, J.V. Sueños. Grete Stern. IVAM Centre Julio González, Generalitat Valenciana. Valencia, 1995. Catálogo de la exposición realizada en IVAM Centre Julio González de 26 octubre 1995 a 30 enero 1996.




En la madrugada del lunes (pasado) tuve un sueño que recordé al despertar, algo que sucede con poca frecuencia y suele ser durante la duermevela del clarear. Colgando Ropa público ha vivido o sobrevivido un poco más de cinco años, se pueden encontrar aquí pocos sueños, pero siempre que tropiezo con mi inconsciente al despertar trato de escribirlo, y si lo merita*, llega a este espacio.
En mi sueño me mataban, y anticipo el final respaldándome en un comentario que Hitchcock hiciera alguna vez sobre sus películas, no tengo la cita aquí pero créanme o busquen en el libro de las entrevistas que le hizo Truffaut. Él sostenía algo como que conocer el final de una historia no la arruina, ni le quita suspenso; la trama es buena si logra mantener la atención mientras transcurre, y no se sostiene sólo por la incógnita del asesino. Pienso entonces, en la imposibilidad, por aburrido, de re-ver, re-leer, re-escuchar, si el mayor valor reside en el final. Por suerte no es eso lo que ocurre con muchas películas, libros, canciones.

Ahora que ya saben el final de la historia menciono dos inconvenientes inherentes a la transcripción de la costura de los sueños. Primera puntada: el sueño se esfuma al despertar y esos resabios que nos quedan y de los que nos aferramos son tan débiles, y más difíciles de atrapar que al mercurio de un termómetro roto o a mi gato cuando enloquece, que no podemos confiar mucho en ellos. Eso sí, una vez que logramos cazar esos fragmentos, la dicha es tal, que se enciende un circuito capaz de enlazarlos inmediatamente. ¿Pero quién puede asegurarnos que ese es el orden correcto? Ya pasó tanto tiempo y no hay testigos del sueño. Nos separan tantos segundos de aquel mundo, que no podemos creerle como niños a nuestro consciente, que además está feliz por dicha cacería, sólo podemos creerle como adultos -si supiéramos de qué se trata el ser adulto-. El otro hilván a tener en cuenta es que estamos metidos en una traducción, y esto lo suelto sin cita alguna porque no me refiero a “la interpretación de los sueños” sino a la relación significado-significante, si bien no son distintos idiomas al menos permítanme una diferencia de dialectos. La lengua es la misma y distinta a la vez, el significado de las palabras se multiplica. ¿Elegimos la palabra adecuada para tal imagen? La tinta y el papel o las teclas y la pantalla son tangibles, y desde ya, si van a conservar el sueño, lo hacen a su modo.
Todo esto para qué se preguntarán ustedes. Más vale que el sueño este al nivel de cualquier historia de P. K. Dick… bueno no, lo que pasa es que tenía tiempo de escribir esa perorata.

En el mundo del sueño, según entendí, todas las personas tenían que completar un formulario que recibían en sus casas. Simplemente llenaban con cruces distintos casilleros asociados a determinados ítems. Nada de lo escrito pude saber, solo que algunos formularios llegaban hasta el ítem n°7. Estos formularios tenían la particularidad que ni bien se llenaba ese ítem, la persona que lo hacía era asesinada. Poner la cruz en ese casillero significaba que entraban abruptamente a tu casa un grupo de personas vestidos de negro con ametralladoras, sí tal cual una película de mafiosos, y a quemarropa hacían lo suyo. Lo curioso es que todos sabían eso del casillero n°7, pero igual lo completaban. Como si un movimiento inercial llevara a completar el formulario y no había modo de detenerse, de escapar. Uno iba llenando hasta que pensaba “uh 7… me matan”.
Ahora ya saben que a mí me toco el formulario maldito, pero yo no quería morirme, y el mayor inconveniente que encontraba de morir, el mayor repudio o temor, era que luego iban a venir a mi casa y podían leer mi cuaderno, el que me regaló Eugenia. Eso me indignaba, me daba mucha bronca y no quería que sucediera.
De hecho puse la cruz, entraron y me mataron. También estaba al gato y como no se iban con chiquitas, ambos caíamos al piso, desplomados y enrollados. Pero al cabo de unos minutos nos empezábamos a mover lentamente, entonces miraba al gato y le decía sonriendo: “Mirá ,nos mataron pero ya nos movemos otra vez”.

Lo absurdo es que el cuaderno por el que yo no quería morir en mi sueño, tiene escritas unas pocas páginas en lápiz y son los haikus que intercambié con alguien algún tiempo pasado. Palabras ordenadas que expresaban el hacer cotidiano de dos puntos cardinales, creo que en lo cotidiano radicaba su belleza, pero nada más que eso.
La noche anterior al sueño había escrito un haiku que ya no viajó, porque ya no viajan, uniendo tres palabras que habían paseado esos días: letra, lápiz, gato.

*Los méritos fluctúan tanto como la sobrevida de este espacio.

martes, 9 de febrero de 2010

Los vestidos de cr

Hoy usé un vestido muy bonito y bastante llamativo para ir al trabajo, el trabajo no es más que ir a la UNQ, que por esta época es: 1) tener reuniones, 2) preparar el material para las clases en una computadora viejísima con una conexión lentísima, 3) cencontrarse con gente que se conoce de años con la que se tiene un vínculo muy agradable.

La cuestión es que en esta gran familia, nada pasa por alto, si te cortas el pelo (como una lo había hecho) de la otra punta del pasillo sale otra gritando “eh que te pasó?”, si estás bronceada de más también hay comentarios y ni que hablar si alguno aparece con una sonrisa mayor que la habitual.

Por todo esto se imaginarán que mi vestido también fue blanco de comentarios:

Caballero que a veces esta en el box en el que trabajo -“Ah Ceci pero que linda estás con ese vestido lleno de pájaros”.
Cr -“¿Viste? parezco de una película Hitchcock?”
“Uh Los Pájaros”- dijo el de matemáticas alto.

Entonces conté mi anécdota de la calandria y el del primer comentario me puso un sonido de canto de pájaros que tenía grabado en su compu -escuchá Ceci, como los pájaros que te persiguen- dijo con ese tono entre macabro y gracioso que tan bien le sale y le gusta hacer.

En el pasillo, otro caballero amigo del primero pero más formal, que no está en mi box, me dijo- “Ah Ceci, pero que vestido tan Primaveral que tenés, bueno tan veraniego, ah son pájaros”

Otra docente de química, de las que repiten nombre, la más flaca, exclamó - “¡Ah pero que colorida estás, digo florida, digo pajarira!”

“Sí, sí, soy una PAJARONA” dije yo.

lunes, 1 de febrero de 2010

Calle Corrientes

No hubo verano que quiera dar comienzo a la temporada en La Lugones, y que pueda acceder a la sala en el primer intento; por entradas agotadas o por funciones suspendidas, sistemáticamente cada año tuve que dar una segunda vuelta o tercera... el viernes no conseguí entradas llegando al límite del horario de comienzo de la última función del día, y hoy que llegué una hora antes tuve la misma suerte. Conclusión: "las funciones de las 21 hs están agotadas SIEMPRE".


La salida tuvo su recompensa, algo que sucede siempre con las salidas. Como estaba con tiempo y con ganas de perderlo, hice lo que se hace siempre por esa zona, pero sin comer pizza, tomar cerveza, o café, y en el recorrido de las librerías tropecé con un librito que esperaba desde hace un tiempito. No puedo hacer alarde de páginas impecables, porque el ámbar y el olor que magnifican los libros viejos, se ven obligados a compartir su espacio con unas manchas de humedad que cuando desaparezcan se llevarán parte de la celulosa, pero creo que de momento no alcanzan al texto ni a las fotografías. No puedo quejarme lo conseguí a $8 contra los $50 de un ejemplar que aparece publicado en mercado libre.

La vuelta en bicicleta siempre costea las salidas.