lunes, 19 de abril de 2010

Mi felini

Aprendí a andar en bici cuando tenía cinco años, o un poco antes. Por aquel entonces Miguel Cané era de tierra y nada lisa, de las cuatro esquinas que forma con Gutiérrez sólo estaba el almacén de Doña María, el resto baldío y eucaliptus. Los troncos de los tilos de la puerta de casa parecían quebrarse de delgados y jóvenes, las veredas eran más discontinuas aún que la calle, un “apenas más” de lo que son ahora y la zanja a veces se perdía de vista entre su variado ecosistema. El escenario parece ríspido pero el método de aprendizaje es tan simple que todo fue muy rápido: primero con dos rueditas, luego con una –supongo que la derecha-, después la otra hasta que un día sin darme cuenta, el amparo ya no fue necesario. Una vez que se quitan las ruedas uno siente que vuela sobre la calle y que puede tomar velocidades irreales, y, sepan, no hay porrazo que justifique su retorno.
Desde entonces siempre tuve una bicicleta entre mis manos que me alcanzaba a donde quisiera ir. Las bicis se heredaban de los mayores de la familia y se pasaban a los menores cuando quedaban chicas, o según disponibilidad. Era bastante grande y yo seguía con esa bici naranja de rodado 14 o 16. Luego vino la bellísima inglesa que está en la casa de los tilos, ahora de gruesos troncos. Por último, para mayor comodidad me compré la que ustedes conocen, una todo terreno de color azul noche con brillos escondidos, que me transportó a tantos lugares por más de quince años. El viernes a la noche alguien cortó la cadena y se la llevó de la puerta del cine Atlas Santa Fe sin mí permiso.
Esta historia iba a ser más extensa, llevo toda una vida de bicicleta y había prenda para una gran colgada, pero en el mismo momento en que descubrí que ya no estaba la bici, intenté dejarla como un objeto sin más importancia que la material para no amargarme. También dejo así esta entrada.
Si saben de alguien que venda una bici avisen, no puedo traer la inglesa porque es muy grande y pesada además de muy querida.

12 comentarios:

Fernando Terreno dijo...

¡Qué macana!
La historia parece que fuera una especie de precursora de "El Amateur"... Esa con Dayub y Vando Villamil.
¿Sabés que ahora en lugar de rueditas se usa sacarle los pedales y la cadena para que los chicos aprendan a andar empujándose hasta que se largan solos? ¿Qué tendrá que ver esto con tu nostalgia? Nada, pero me alegra que te lo tomaras sin mucha amargura.
Un abrazo

Anónimo dijo...

COMO??..no entiendo el método..!!
Bueno en realidad yo no sé andar en bici..Upss..descubrí mi gran secreto..si es uno de mis grandes deméritos..capaz alguien me enseñe algún día..
cata

Fernando Terreno dijo...

El método es así: montado en la bici, con la punta de ambos pies en el suelo te vas impulsando y sosteniendo a la vez (como hacen los chicos con esas "zapatillas" con forma de autitos).
Al cabo de cierta práctica, empezás a aprender que tu equilibrio depende de que las ruedas giren, mientras tus pies pasan "raspando" el suelo o muy cerca de él.
Cuando estás en condiciones de levantarlos y continuar en equilibrio, se le vuelven a poner los pedales, corona, piñón y cadena; y vas incorporando el pedaleo.
Si no se entendió, no te preocupes, hay triciclos y autos...
Suerte.

Rob K dijo...

Malo por el hurto, bueno por tomarlo como Ud. lo toma. En pérdidas le llevo ventaja: una bici y un auto. Aunque del auto recuperé luego una parte, la carrocería pelada. Todo pasa.

andal13 dijo...

Me da mucha pena lo ocurrido; por suerte, te lo has sabido tomar con calma. Ojalá pronto tengas otra bicicleta para seguir pedalando bajo las estrellas.

Yo tuve una única bicicleta, una "Graziella" rodado 12 que me trajeron los Reyes cuando tenía 5 años; la usé hasta los 10, en la que pasó -previo "reciclaje"- a ser el regalo de Reyes de otra nena, que espero la haya disfrutado tanto como yo a la mía.

Anónimo dijo...

que pena cecilin.
Y eso que no contaste todos los porrazos que te dio con tanto carinio esa bici..:)
Besos besos.
PS: necesitas una cadena mas potente o que?

El hombre veleta dijo...

Mis condolencias por la pérdida, pero al fin de cuentas, por más querida que sea, no deja de ser algo material, tan reemplazable como cualquier ser humano

cr dijo...

Gracias a todos, me lo tomé con calma porque hace un tiempo que todo me importa un rábano, pero sepan que la extraño a pesar de l gran espacio libre que quedó en casa. Pensaba mucho al andar en bici, asi que ahora voy a pensar menos aún.

Fernando: entendí, más con la explicación. Me cuesta entender como hacen luego para pedalear sin tambalearse, pero se ve que se puede.

Cata:un día te voy a enseñar a andar en bici y verás.


RobK: Uh si recuperara el cuadro de mi bici. Si pasa la proxima me llevará a otros lugares.

Andal13: linda historia, seguro que esa chica también la disfrutó.

Emc: con esa bici tuve un par de porrazos, el más reciente el del año pasado. Me había olvidado que la había llevado a arreglar los frenos y plop. La otra vez fue un automovilista que abrió la puerta del auto sin mirar para atrás, por suerte era invierno y la campera amortiguó el golpe.

El hombre veleta: muy propio de vos ese comentario (esta es una frase que suele usar mi prima y me encanta), a mí me cuesta reemplazar una bici así que imaginate una persona. De hecho no las reemplazo, pero últimamente ni las recuerdo. ¿Che te debo una cerveza, no?

cr dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
El hombre veleta dijo...

La cerveza sí es irremplazable

Anónimo dijo...

Y se había hablado de una cierta taberna vasca eh que no se olvide!
cata

El hombre veleta dijo...

Ni olvido ni perdón, taberna vasca ya!