sábado, 3 de julio de 2010

Los sonidos de la mañana de un sábado naranja



Tengo una maldita costumbre: despertar temprano, hábito que me permite disfrutar del despertar de la mañana, sus colores, sabores y sonidos. Soy una de las primeras en levantar la persiana de las tantas que hay en este hueco amplio, por suerte. Me gusta percibir el cambio del color del día, la ventana está a mi derecha y el sol no se ve, pero va coloreando las paredes del edificio de enfrente, de a poco las formas son menos borrosas. Está lleno de pájaros, la fauna habitual: gorriones, alguna tacuarita – que festejo con sonrisas-, palomas –que las prefiero en silencio y lejos- y una yunta de torcacitas -que tienen loco al gato naranja-, dejo en silencio mi casa, para escucharlos ya que despuntan sobre el sonido del tránsito, al menos por un tiempo. Preparo el mate, tostadas, mermelada que hago con las frutas de estación, por no decir baratas, y me entretengo con ese silencio y quietud que dura un santiamén.

Tengo otra maldita costumbre odio salir temprano de casa, hábito que invalida la costumbre anterior en la práctica, y me cuesta horrores estar a las 9 a.m. en Bernal.

Tengo otra maldita costumbre: me acuesto tarde porque también disfruto mucho de los colores, los sabores y sonidos de la noche, y soy una de las últimas en bajar la persiana de las tantas que hay en este hueco amplio, por suerte.

5 comentarios:

cr dijo...

Decía esto porque ahora ya se acabo la calma.

Anónimo dijo...

El gato naranja está tan lindo que ya se merece un post con foto (que se vea, no de las tuyas, CMB dixit..jaja!)..
Y quedate tranqui que ya perdimos asique bubuzelas en las mañanas no more..igual cagassste vos también porque el super solo el sábado en las mañanas no more tampoco tsssss..!
cata

cr dijo...

Ya no más la línea D vacía un jueves a las 9 am.

El gato naranja aparece en todas las entradas, veremos si le dedico uno en especial y hay fotos de cuando era cachorrito.

Mis cámaras de verdad están rotas así que debo arreglarme con esas que rarean todo.

andal13 dijo...

No sé cómo pude vivir décadas perdiéndome las mañanas, u odiándolas cuando tenía que madrugar por obligación. Desde que comenzaron los primeros síntomas del viejazo, cada vez duermo menos, me despierto más temprano y puedo disfrutar de mañanas como la que describís, solo que la gata de la vecina es una princesa de Siam, que se pasea por el muro para enloquecer a Sasha.

cr dijo...

Ah, pobre Sasha, las perras de mi casa (la de antes) siempre sufrieron del exhibicionismo de los gatos vecinos. Mi gato no tiene muro por donde pasearse ni perro vecino, así que estoy tranquila por ese lado.

Hoy dormí un poco más pero igual está todo muy tranquilo y disfrutable.