martes, 18 de enero de 2011

Tres timbres

"A lo lejos el mar se ha retirado
pero en tus ojos entreabiertos
han quedado dos pequeñas olas"*



Ellas se encuentran cada mañana, será por esa creencia que existir para muchos es si la saben otros, o al menos otro. Tal vez sea por esa necesidad de hablar con otro, por el mero hecho de escucharse uno mismo y saberse por medio de la voz alta, sin importar quién sea el que percibe, procesa y responde. O para conservar una costumbre, que de eso también estamos hechos.
Tres timbres es su código de identificación, para diferenciarse de cualquier extraño, como si fuera común que en el departamento de un edificio del barrio de Boedo o de cualquier barrio, la gente accede a los timbres del palier en todo momento. Reminiscencia de una vida en un barrio de casas a la calle, pero en esos barrios son pocas las casas con timbre, o nunca funcionan.
Se reúnen en el palier y las palabras juegan a reiterarse en relación a la salud, sinónimos y todos sus derivados, hasta alcanzar la meta: su opuesto. Siempre hay una necrológica para anunciar, que se trajo del almacén, de la TV, o peor aún si es de la familia. (Como cuando Madre llega a su ciudad, que antes de salir a las calles quiere que la informen, para no andar preguntando de más). Ellas se preocupan, siempre tiene que haber algo de qué preocuparse. Después de unos minutos de charla se despiden, aliviadas por haberse sabido , cada una gracias a la otra. Aún les queda salud y energía para tres timbres mañana.
Pero ellas ignoran que otros también pueden saberlas. Un día cualquiera, o el que la música se celebra en el calendario, ellos despiertan en silencio, no necesitan la voz alta para saberse. Quizá no se sepan. Pero se ríen de la costumbre de los tres timbres, y las escuchan como si fuera el sketch de un programa de radio, atienden al diálogo, lo anticipan, y vuelven a reírse, se distienden y se burlan. Ellas siguen ingenuas.
Ya no escuché la audición, lástima porque ellas resultaron muy simpáticas, además luego él se despereza y prepara ricos amargos.


*Jacques Prevert, Arenas Movedizas en Palabras.

7 comentarios:

Anónimo dijo...

EH!! Bienvenido el post.. Y hermoso el cuento!
cata

andal13 dijo...

Exquisito.


Qué suerte que volviste.

Apollonia dijo...

¡Qué bonito!

cr dijo...

Buenas, muchas gracias por los comentarios. Era una historia simpática.

Espero aparezcan más cosas para escribir.

Rob K dijo...

Celebro tu vuelta, y la historia. La clave de tres timbres era común en mi familia, dos cortos y uno largo. Bien de barrio y de otra época en que se abría la puerta despreocupadamente.

Fernando Terreno dijo...

Muy lindo.
Ahora bien, con un poco de perseverancia, ¿no se pudo escuchar algún chisme sabroso del edificio?
Un abrazo

cr dijo...

RobK: qué lindo eso de abrir la puerta despreocupadamente o detenerse a responder en la calle sin estar alerta (aunque soy bastante confiada)

Fernando: Perseverancia es lo que me sobra, pero no hago honor al refrán.

Re-bienvenidos todos a este espacio.