lunes 9 de noviembre de 2009

Cine en la UNQ

Sin orden de continuidad y justificado por el característico "porque sí" o "porque me gusta" que impulsa muchas de mis actividades, en esta oportunidad veremos cine fabricado por chicos.

Tengo el agrado de invitarlos a la proyección de los trabajos que realizan niños y adolescentes en el Taller de Cine El Mate; vendrán de la mano de uno de los docentes del taller, así que luego vamos a poder preguntar y charlar sobre esa experiencia, y por supuesto, sobre cine de animación.

La cita es el miércoles 11 de noviembre a las 20 hs en el aula 22 de la UNQ.

Para llegar a la universidad desde capital pueden tomar el 159 (ramal B/G) que los deja en la puerta luego de unos 30 min de viaje desde el Correo Central.
Para los más aventureros, el tren línea Roca desde Constitución hasta estación Bernal, puro neorrealismo iataliano, un viaje que va de la sonrisa a la lágrima en un parpadear. Yo lo recomiendo.


Para los que no puedan ir una muestra de lo que veremos: El Taller de Cine "El Mate" es una escuela pública ubicada en la provincia de Buenos Aires, Argentina, que depende de la dirección de educación del gobierno municipal. Desde 1987 ofrece un espacio GRATUITO, abierto a la creación para niños y adolescentes interesados en expresarse a través del cine, el video y el cine de animación.



¡Los espero con la cindor o el mate!


viernes 6 de noviembre de 2009

Como siempre




... mucho en noviembre.

martes 27 de octubre de 2009

El cuaderno


"Me gusta tu cuaderno y no el mio sucio y desprolijo ráfagas de nada necesito mucho tiempo oh oh de horas destiladas para recuperar el habla. Quiero tu cuaderno donde vi mi nombre escrito el mismo día que desapareció juro que no fui yo ¿Quién te lo robó? Alguien me ganó... Uh Uh Uh Y al ver como te vas subiendo la escalera cuando aplaudo en el final quisiera que estuvieras por completo pensando en todo esto y nada mas... y en nada más... Me gusta tu cuaderno y no el mio sucio y desprolijo rá..."

miércoles 21 de octubre de 2009

V Festival de Cine Under en Quilmes


Del jueves 22 al viernes 24 en diferentes lugares de la ciudad pueden pasar, charlar, compartir, sentarse y ver de forma gratuita una gran selección de películas del V Festival de Cine Under. Acá la programación completa.

viernes 2 de octubre de 2009

Basta de demoler

“El periodista soviético Ovchinnikov escribe en sus recuerdos del Japón: 'Aquí se cree que es el tiempo en sí el que trae a la luz del día la esencia de las cosas. Por este motivo, los japoneses ven en las huellas del crecimiento un encanto especial. Por eso les fascina el color oscuro de un viejo árbol, una piedra horadada por el viento, o incluso los flecos, testigos de las muchas manos que tocaron un cuadro en sus bordes. Estas huellas del envejecimiento las denominan “saba”, palabra que traducida textualmente significa “herrumbre”. “Saba”: es la herrumbe inimitable, el encanto de lo viejo, el sello, la pátina del tiempo’.
Un elemento así de la belleza, como “saba”, da cuerpo a la unión entre arte y naturaleza. En cierto sentido, los japoneses intentan con ello apropiarse del tiempo como una especie de material artístico”.


(De ‘El tiempo sellado’, en “Esculpir en el tiempo”, de Andrei Tarkovski, 1988).

"...todas las formas tienen su virtud en sí mismas y no en un "contenido" conjetural. Eso concordaría con la tésis de Benedetto Croce; ya Pater, en 1877, afirmó que todas las artes aspiran a la condición de la música, que no es otra cosa que forma. La música, los estados de felicidad, la mitología, las caras trabajadas por el tiempo, ciertos crepúsculos y ciertos lugares, quieren decirnos algo, o algo dijeron que no hubiéramos debido perder, o están por decir algo; esta inminencia de una revelación, que no se produce, es, quizás, el hecho estético".


(De 'La muralla y los libros', en "Otras inquisiciones", de Borges, 1950).






La casa de enfrente no está más. El modus operandi después del cartel en venta, es el siguiente: primero corren los rumores en el barrio; en segunda instancia cubren la fachada, no siempre por completo, con carteles de publicidades o, en el más prolijo de los casos y de los diseños, anuncios del futuro venidero. Esta es la fase de la agonía, los rumores cambian de categoría, ahora son certezas. Aunque no sea más que un ícono del futuro, ese cartel expresa la inminente desaparición de las huellas del pasado. Es el tiempo que queda, nos dejan, para mirar por última vez y guardar. Por último, luego de ver volquetes y otras armas de destrucción estacionados en el frente, sin mayores sorpresas, un día pasamos y… a veces quedan marcas en los edificios vecinos, un último esfuerzo de resistencia, de permanecer.

La casa que ven en la foto, es la casa de enfrente de mi ventana de todos mis años de trabajo en Obligado 2490. Siempre la observaba en los tiempos muertos, y creaba historias misteriosas que sucedían detrás de esa persiana tan desflecada que nunca se abrió, de la reja de hierro trabajada y las plantas entregadas a la deriva, los pilares de la terraza rotos, una rosa tallada con restos de rosado y verde, la ventana ovalada, y el paraíso centinela que me mostraba el paso del tiempo. Por las tarde de otoño, el sol lo iluminaba en una perfecta mitad, “ya son las cuatro” pensaba cuando lo veía así, “ya se siente el aroma de sus florcitas”, cuando levantaba la persiana por la mañana en primavera. Me avisaron con tiempo, preocupados, lamentando el hecho, tomé mis precauciones al pasar por ahí, la última vez ya no quise ni mirar.

La casa de Honduras, casi Bulnes, (ubicada frente a la casa de Evaristo Carriego, institucionalizada como la casa de la poesía), esa que tenía una persiana gigante y un 1908 (creo, no sé porque mi memoria nunca fijo el año) en lo alto de su fachada. La casa que imaginariamente había elegido para mi taller de marcos y de cuadernos, para sentarme con amigos a tomar el té o unos aperitivos y leer o hacer (ellos) y escuchar música, ya no está.

¡Basta de demoler!

domingo 13 de septiembre de 2009

La casa de la enredadera

Las cosas hay que mirarlas desde todos los ángulos, buscar el punto central que irradia los infinitos rayos de luz que forman la imagen, estudiar los objetos vecinos que pueden sombrearla, definir su contorno, y recién ahí poder empezar a observar cada una de sus caras. Me dirán que es una tarea imposible, y les doy la razón como casi siempre, pero esta vez con una gran satisfacción.

A todas estas variables, que ya aceptamos infinitas, hay que agregar dos de las que no podemos escapar: la tierra es una empedernida danzarina, que sin necesidad de que veamos sus dos pasos, nos trae diferentes sensaciones cada vez, en fragmentos que algunos supieron definir como tiempo, y el resto creyó.

En cada cuadra las veredas son dos, hay excepciones lo sé, también son dos los sentidos que podemos tomar los peatones (lero, lero automovilistas), vale la aclaración, en estado de sobriedad. En la ciudad hay caminos que recorro con mayor frecuencia, y siempre trato de hacer todas las combinaciones posibles, aunque eso implique que tenga que cruzar de más una calle. Los rincones se conocen caminando por las dos aceras, una vez en un sentido, otra vez en el otro, pero a veces pasa que la rutina nos esquiva ciertas calles o direcciones.

Hace unos días la casa de la enredadera me sorprendió con esporádicos ramilletes violáceos, que sospecho son de una glicina, que colgaban en lo alto de las paredes internas aún sin verdear, que se ven mejor caminando desde Charcas* hacia El Caudillo, por la vereda de enfrente. No recuerdo haberlos visto antes. Me detuve un rato a disfrutar.




*Ni bien baje a la calle, veo que iniciales tiene Charcas porque la verdad ni la más pálida idea a qué o quién hace referencia.

miércoles 9 de septiembre de 2009

Pequeñas cosas que le pasan a cr

Hoy por la mañana (para ser más precisos ayer, porque ya se hizo ayer u hoy) caminaba por Lebensohn desde Lamadrid hacia la universidad (de Quilmes a Bernal, de sur a norte), estaba a mitad de camino, a un par de cuadras de la esquina que siempre tiene el césped cortado y cuidado, donde hay dos plátanos no tan viejos, que desde hace unas semanas se están quitando de encima el invierno a puro brote. En mi andar tranquilo, descuidado, me crucé con una abuelita de barrio, muy bajita y encorvada, vestía con tonos grises, de cabello corto con rulos pequeños que aún conservaban algo de su color, y un par de aros de esos que llevan siempre las abuelas. Una vez que pasó a mi lado, se detuvo y me dijo “disculpame – yo me di vuelta un poco desconcertada porque me pareció raro que necesite preguntarme por alguna calle, entonces, mientras me miraba el rostro, continuó – vas sonriendo, es muy lindo sonreír”
Le agradecí, me despedí, seguí mi camino con una sonrisa*, que a partir de entonces tuvo un motivo concreto.


*Ya saben que cuando me me rio lloro y cuando lloro también me rio.