lunes, 26 de abril de 2010

Palabras en libertad

Hace un tiempo que Fundación PROA se malbalizó. En las salas de la antigua PROA aún se percibían señales de grandes habitaciones con aberturas que mostraban fragmentados los paisajes de Quinquela, y pequeños recovecos que agregaban calidez al lugar. Mi parte preferida del recorrido –sea cual fuera la muestra- era llegar a esa escalera estrecha de metal que conducía a una puerta vidriada de marco amarillo, que abría con engaño al cielo, y que, una vez franqueada, te dejaba en un tablero de damas con vista a los techos de La Boca. Mi otro preferido era la librería.

En la nueva PROA el valor de la entrada es mucho más alto, las salas muestran un museo contemporáneo que se desnuda en una simple mirada y las aberturas se convirtieron en ventanales sin detalles. La terraza es ahora una confitería con deck y grandes sillones blancos al aire libre, de una altura tan inútil que impide ver más allá de la pared. La librería, por suerte, conservó su espíritu, en un ambiente mucho más amplio y mayor variedad entre sus estantes. El lugar no está mal y supongo es más funcional pero perdió parte de su encanto.



En PROA aterrizó El universo futurista y se puede ver hasta el 4 de julio, me parece que está más que bien para ir a darse una vuelta por el lugar.

2 comentarios:

andal13 dijo...

Qué pena; igual, espero que de a poco llegues a agarrarle el gustito a la nueva ubicación.

cr dijo...

Sí el lugar no está mal y fui tan solo una vez, con más visitas encontraré un rincón agradable.