lunes, 29 de junio de 2009

Que hable mendieta


martes, 23 de junio de 2009

Fragmentos en junio (II)


"La nodriza se alza de puntillas, y con la mano pequeña, huesuda y de piel amarillenta, dibuja sobre la frente del anciano la señal de la cruz. Se dan un beso. Es un beso extraño, breve y peculiar: si alguien observara, seguramente sonreiría. Pero como cada beso humano, es también una respuesta -a su manera distorsionada y tierna- a una pregunta que no se puede formular con palabras."




Los vientos de la puna resuenan desde anoche. Comenzó el invierno, y yo salgo contenta con mucho abrigo bajo el sol tenue, de ahora en más los días se van alargando mientras la tierra guarda y nutre sus productos...

lunes, 15 de junio de 2009

Vagas y piensas

Entonces, al acostarme cansada como ahora, recorro el día con un té que voy bebiendo de a pequeños sorbos, ardid que hace que repaso y té duren más. Aunque mis ojos quieran cerrarse las imágenes se van acomodando en un orden temporal que asombra, como si fueran las páginas de un libro que voy releyendo. Las vías cubiertas de césped seco, las ramas recortando el ocaso, el cielo azul púrpura y los rostros se entreveran con este silencio.
Busco en el bolso mis trofeos, no son más que papeles impresos, a veces en grandes imprentas, otras, en las fotocopiadoras más baratas de la zona; pueden tener colores, muchas letras o solo imágenes. Observo, leo, huelo, hojeo y me detengo en alguna combinación de palabras. Doy el último sorbo y me duermo consciente que todo seguirá mezclándose, ya sin orden, en sueños que nunca recordaré.

sábado, 6 de junio de 2009

Fragmentos en junio

“Niní tenía noventa y un años, pero llegó enseguida. Había criado al general en aquella misma habitación. Había estado presente durante su nacimiento. Tenía entonces dieciséis años y era muy hermosa. Era bajita, pero tan fuerte y tranquila como si su cuerpo conociese todos los secretos. Como si escondiese algo en sus huesos, en su sangre, en su carne, los secretos del tiempo o de la vida, algo que no se puede decir a los demás, algo que no se puede traducir a ningún idioma, un secreto que las palabras no pueden expresar. Era la hija del cartero del pueblo; a los dieciséis años dio a luz a un niño y nunca reveló a nadie quién era el padre. Amamantó al general, porque tenía leche en abundancia. Había subido a la mansión tras echarla su padre de casa. No tenía más que el vestido que llevaba puesto y un mechón del cabello de su hijo muerto que guardaba en un sobre. Así llegó a la mansión, y en el momento del parto. El primer sorbo de leche que tomó el general fue del seno de Nini.
Así vivió en la mansión, sin decir palabra, durante setenta y cinco años. Sonreía siempre. Su nombre volaba por las habitaciones, como si los habitantes de la mansión quisieran llamar la atención de los demás, comunicarles algo. Simplemente decían “¡Nini!” Era como si dijeran: “Qué curioso, existe algo más en el mundo que la egolatría, la pasión o la vanidad. Existe Nini…” Como estaba siempre allí donde se la necesitaba, nunca se la veía en ningún sitio. Como siempre estaba contenta, nunca le preguntaban cómo podía estar de buen humor tras haberse ido el hombre al que amaba, tras haberse muerto el niño para quien se le habían hinchado los senos de leche. Amamantó y crió al general, y pasaron setenta y cinco años. A veces, el sol brillaba encima de la mansión, encima de la familia, y en aquellas ocasiones, en medio de aquel resplandor general, todos se daban cuenta, sorprendidos, de que Nini también sonreía.”
Fragmento de "El último encuentro" de Sándor Márai.
Leía en el subte y mis ojos empezaron a lagrimear. Los viajes en subte son cortos. Regresé a casa con ganas de sentarme y no hacer otra cosa más que leer, pero tuve que hacer otras tareas. Por suerte ahora es temprano para dormir.
Gracias Cata por el préstamo y creo tenemos que agradecer a Gonzalo el regalo.

jueves, 4 de junio de 2009

Una para ver en el cine.

A pesar de que ya no trabajo en el laboratorio, los días de la semana están bastante ocupados y los instersticios los voy llenando con la nada misma, o mejor dicho, la dispersión en pinta. Vaya a saber porque, puede que por estar muy cansada, o tener la mente desparramada en varias cosas diferentes (y casi siempre en ninguna), que el tiempo se agota al instante y también me agota. La cuestión es que la mezcla de horarios y mi indisciplina me están jugando una mala pasada, restringiéndome el espacio de ocio.
Ayer, o hace un rato, y haciendo un esfuerzo bastante grande, regresé al cine de cartelera después de mucho tiempo. Todo fue gracias a una recomendación de tan turco como garcía, que siempre sabe lo que dice.

Entonces ahora, antes de dormirme, reemprendo una vieja costumbre de este espacio, que estaba quedando en desuso, para recomendar sin muchos más rodeos, ni largas explicaciones y siempre de la mano del absurdo, la película belga "Rumba". Una última acotación, creí ver una película muda en un escenario creado con papeles glacé (¿existen todavía?) de todos los colores.