martes, 2 de abril de 2013

Rayos y centellas

                                 “(…) Y no sé cuánto tiempo pasó, si mucho o poco, porque yo tenía los sentidos enganchados con alfileres en el espacio y no en el tiempo (…)” *


Un cielo expresionista acompañó ese viaje, sospecho que un desperfecto en el sistema había activado todos sus mecanismos posibles casi al unísono. Como los chicos que quieren mostrar ante la mirada expectante de una visita todo lo que saben hacer al mismo tiempo; o tal cual el encuentro de unos amigos cuando pasó un tiempo sin verse, porque siempre se es un poco niño y más ante esas emociones.

A pocas cuadras de la partida, cuando el micro tomó la ruta que transita la costa, el cielo se encargó de mostrar un arco iris con todos sus colores bien definidos que salían -o llegaban- del mar. Función alfa activada: “Muestrario de colores a la vista, serán usados para describir el resto del viaje”. Arco iris, junto a sus hacedores lluvia y sol, compartieron ese trayecto entre Miramar y Mar del Plata, que me dice misterio, porque los acantilados para mí son misteriosos.

Ya más tarde en la ruta, la muestra prosiguió. La luna por la derecha, en su fase casi completa con esas manchas oscuras bien definidas que alguna vez la despojaron de su perfección. Así solita en un fragmento de cielo bien limpio y azul, que por metros recorridos se movía a púrpura. Se le adelantaban unas nubes que parecían contener, en diferentes valores de grises y algunas fronteras rosadas, todas las formas factibles de imaginar, que sospecho son infinitas.

 Pero no te quedes con un solo lado del camino, que por la ventana de la izquierda hay más. Sin sorpresas astronómicas, claro que ahí estaba el sol casi rojo, que cuando va cayendo deja pintura que da calambre. Una franja de naranja bien densa al ras del piso, y un tejido más laxo entre las nubes oscuras, generaba una textura de paseos y escondites que daban ganas de conocer.

 ¿Y al frente qué? Al frente no sé, la pana de un asiento, pero por la ventana percibía cada tanto un destello que no podía decodificar. Resplandores, allá a lo lejos (¿y hace tiempo?) en el horizonte. Como si algo estallara a la distancia en esa masa uniforme plomiza y pesada a la que nos dirigíamos. Una manta impenetrable que se rompía cada tanto. Eran grietas brillantes de líneas quebradas efímeras, seguras, que a veces llegaban a planos vibrantes. Zonas fantasmagóricas que llamaban y parecían decir… “es por aquí, no todo está oscuro, se puede transitar, no hay una pared uniforme con la que chocar, no son mayor misterio que fragmentos recortados, que armamos y ordenamos en el espacio y en el tiempo. Nada de lo que ustedes no conozcan”.


*Amuleto de Roberto Bolaño

miércoles, 20 de marzo de 2013

El sueñero



El sueñero se va unos días al mar, pero las lecturas compañeras no son tan felices, es época de trabajar.
Se va con Khun y Klimovsky, aunque está pensando a quién llevar de colado para cuando se aburra. Igual sabe que no se va a aburrir porque va a pintar con muchos colores en la arena.




miércoles, 13 de marzo de 2013

Las puertas de la percepción



... o lo que hacen las fibras de colores cuando me siento en el balcón.

jueves, 7 de marzo de 2013

Proclama

Este espacio aboga por una larga vida para el músico que en las mañanas llena de swing, con una guitarra, la desembocadura de la D en la C, sentido Constitución. Placer que me da cuando por la altura del kiosko ya siento el sonido, dan ganas de bajar esa escalera en medio de un baile.

Ya que estamos además se reza por una larga y múltiple vida para todos los músicos callejeros -lo sé, algunos hay que bancárselos con los oídos tapados, pero siempre prefiero la libre expresión-; y también por aquellos que desde el interior de sus hogares musicalizan los departamentos vecinos y barrios...  esencia que atraviesa paredes y se esparce en el éter.

Porqué no pedir con el mismo entusiasmo por aquellos que se lucen en bares, y si me permiten, por los que aún no damos ni con una nota.




miércoles, 27 de febrero de 2013

Paraná Ra’anga

Llueve. Es de siesta. Mónica Millán, 2011


los suspensos de las islas…


Nos tocó este lado del río sin orillas, el lado oculto, solo podemos ser expedicionarios del cemento, con escasas ventanas al agua. Estuario al mar, que soporta nuestros desechos, y se pierde en la mira cuando el horizonte no puede decirnos más que cielo. 
Este lado que disfruta del agua corriente y potable como si brotara de una vertiente natural inagotable, pero que no mira ni disfruta de donde proviene. Nos taparon el río, lo usamos manufacturado, pero no disfrutamos ni jugamos en él. No tejemos placer junto al río. 
Este lado también fue puerta abierta para lejanos expedicionarios soñadores con metales preciosos, que remontando el Paraná fundaron y fundieron todo terreno y curso de agua accesible.  

Hace un par de años me enteré tarde que se había hecho un llamado para formar parte de una tripulación multidisciplinaría que recorrería el Paraná, desde el puerto del Tigre hasta Asunción del Paraguay. Me hubiera gustado mucho estar ahí. 
Ahora y hasta el 13 de abril se puede ver en la Fundación OSDE y en las sedes del CCEBA de calles Florida y Paraná una muestra producto de dicha expedición. También se editó un libro con trabajos de todos los tripulantes. 


Daniel García, si visitan este enlace pueden ver más de "Casi Boyitas"


Nos pasa a algunos habitantes* de esta ciudad al pie de un río que no vemos, que nos gusta el río, que aún sentimos un poco de esa agua que fluye cercana, que nos llama cada tanto hasta alguna orilla. Así fue que disfruté mucho de la muestra y la recomiendo. 




Galpón con barco, Félix Eleazar Rodriguez, 2010



*y quien escribe también lleva parte del Paraná

viernes, 22 de febrero de 2013

La Lugones, una vez más






Hacía tiempo no iba a La Lugones. El año pasado ese espacio lo supo ocupar muy bien Filmoteca en Vivo en el SOC *. Se extraña ese lugar, era un pequeño espacio que permitía encuentro.

Llegué temprano y esperé, como tantos otros, en las butacas del hall de entrada del teatro, me llamó la atención ver dos oficiales (o como se llamen) de la Policía Metropolitana, no había visto antes “cuidado” de este tipo ahí. El viaje en ascensor tuvo algunas escalas y de esos personajes muy propios del lugar. Risas por parte de los demás, que para nada somos personajes. Apenas llegué al piso diez me asomé por la ventana, ya es un ritual, me pareció ver arreglado el cartel luminoso del Havanna, y descubrí una pintada en el asfalto de La Sala Alberdi, no sé desde cuando está pero no la había visto al pasar sobre el nivel del mar.

La sala que estaba casi completa, no aportó rarezas: nada de chistidos para silenciar los ruidos de bolsas o papeles de caramelos, porque no los hubo, tampoco surgieron sonidos extraños de los habitantes. ¡Hasta funcionaba el aire! Con la sumatoria que tuve bastante despejada la vista y pude leer hasta el último subtítulo: la función estuvo muy bien.

En La Lugones hay un ciclo dedicado a Win Wenders. Una pena que todas las proyecciones del ciclo sean en digital y no fílmico, pero es lo que hay. No soy muy fan de Wenders, no sé por qué. Puede ser porque haya visto pocas de sus películas y no llegue a conocerlo, pero ¿por qué vi pocas de sus películas, eh? Hay algo que me pasa y es que rescato algunas  y no un entero como me sucede con otros directores de los que soy fan. Claro ellos me gustan porque encuentro un sello que los individualiza y distingue en todas sus películas, y eso no me pasa con Wenders. Por eso quería recorrer este ciclo para acercarme más, pero por cuestiones ajenas a la voluntad, no lo hice. Recién fui ayer porque daban “Las alas del deseo”.

No me acuerdo cuando vi esa película por primera vez. No sé si fue en la tele, o alquilada en VHS o DVD, nunca en pantalla grande. No logro recordar en qué momento de mi vida la vi, si al estreno o unos años después, pero sé que me había fascinado. Y así a disfrutarla una y otra vez, o fragmentos cuando la pasaban en el cable. Hacía mucho tiempo que no la veía y quise aprovechar esta vez en una de mis salas preferidas.

Mi memoria es insoportable, lo sé, a veces lo recuerda todo, pero tengo un mecanismo maravilloso con su comportamiento frente a las películas y para muchas de ellas solo recuerda algunos fragmentos, entonces puedo verlas una y otra vez (con un tiempo de separación razonable) sin decir “ahora viene tal escena”, sino con cierta incertidumbre, que a veces se lleva “ah cierto”. También pasa que esas películas que se disfrutan una y otra vez, son tan geniales porque nunca llego a descubrirlo todo.

 Nick Cave aún suena en mi cabeza cuando cumplo otro de los rituales colectivos, bajar por las escaleras. Pienso que ya hace mucho tiempo reitero un pensamiento y no puedo saber porque.



*Filmoteca en vivo ahora funciona aquí, pero aún no fui porque prefiero lugares más pequeños. 

domingo, 10 de febrero de 2013

¡Vacaciones, vacaciones!






Las músicas se mezclan.
Lejos: las Jam juegan con  pentagramas revueltos, inexistentes.
Acá: el río con ese fluir continuo, sereno.
Unos dedos largos y delgados sonríen en cada tacto.

-Mirá hay nubes por allá.
-No, mirá  por aquel lado las estrellas.

Silencio.
Reflejos.
Sonrisas.
Caricias...

y las únicas certezas de ese momento: 
 el silencio se escucha y el tiempo existe en la piel.


 

domingo, 3 de febrero de 2013

Los Galgos, Los Galgos

                  La vida ideal es como un cuadro cubista, un ojo de allí, media boca de acá, un clavel, un pedazo de diairo. Si pudiéramos pegarlos a nuestro gusto lograríamos una armonía a medida.




Con la certeza – faena de unos cuantos años vividos- que la vida ideal es tan imposible como un cuadro cubista, pero que de todos modos ambos nos visitan y embellecen, ya que forman parte de esa parte genial de la vida real que constituye algo que acostumbramos a nombrar como arte: comparto aquí la sensación de placer que me produjo este libro.
Hacía tiempo que no sentía tanto con una lectura, desde la dicha de la primera parte de la historia tirada en el pasto a orillas del río, debajo de la sombra de un sauce; hasta las lágrimas finales entre las paredes calurosas de mi departamento. Claro está que puedo enumerar muchas razones o seguir colgando fragmentos del libro, esas frases pequeñas sobresalientes de cada página, para entusiasmarlos o justificarme. Pero a esta altura de la vida también estoy convencida que esas razones son personales y que cada libro tiene un tiempo y un espacio adecuados para uno y que no necesariamente lo son para otros.
Igual me gusta saber, así que busquen un libro que los haga sentir y me cuentan.

martes, 29 de enero de 2013

Litoral



                      Al despertar, el hechizo seguía. Si alguien me hubiera dicho que la mañana del día anterior había besado a Lisa en el corredor de Las Zanjas, no lo hubiese creído. *

La primera imagen que vi desde el taxi, luego de cruzar el puente e ingresar a la isla del puerto donde está el camping, fue una pareja  besándose con toda la furia de una noche de verano. Estaba oscuro y solo ellos quedaron iluminados por los faroles del automóvil mientras caminaban y empezaban a besarse. Eran las 5 a.m. y la tormenta que pensé que había dejado caer por completo al hacer tiempo en la terminal, se quedaría hasta media mañana. Me sentí bien, sonreí y pensé que estaba entrando a un lugar de buen tiempo.



*en una página que recién abrí al azar de Los galgos, Los galgos, de Sara Gallardo, lectura que me acompaño en este buen tiempo. 

viernes, 11 de enero de 2013

El mapa y el territorio

Entro a la farmacia y me doy cuenta que hay un tiempo de espera importante, justo encuentro un asiento vacio, espero que algunas de las personas quiera ocuparlo -la población de una farmacia siempre tiene un promedio de edad elevado, y quise ser respetuosa a persar de mi agotamiento-, pero se ve que la ansiedad por la medicación se lleva mejor de pie y nadie ocupó la silla, me siento y saco el libro de la funda que está dentro de mi bolso. El señalador da comienzo a un nuevo capítulo y ahí empiezo a leer.
Una señora muy pequeña en tamaño y algo mayor en edad, que ya había llamado mi atención por su atuendo, contextura y movimientos, se sentó en la silla de al lado, que eran las únicas sillas de la farmacia. Antes de poder finalizar de leer la primera oración, se me acercó y con un "disculpame" comenzó el diálogo.

       -Disculpame que te moleste, solo una pregunta, pero ¿vos te podés concentrar para leer en un lugar así  con toda la gente hablando alrededor?- me dijo con una velocidad y unos gestos un poco alarmantes.
      - Sí, no tengo problemas- fue mi respuesta, pero claro si alguien me habla ya se complica. Además, la situación despertó una risa interna que por supuesto me desconcentraba, porque a partir de ahí mi mente se focalizó en imaginar miles de posibles vidas que podía otorgarle a la señora, por lo que aunque leyese palabras ya se habían alejado de Jed el protagonista de la novela.

Como era de esperar las interrupciones continuaron -soy atractora de personajes sin dudas-, unas más para seguir el diálogo inicial, y otra posterior luego de un par de páginas leídas, donde abordó un nuevo tema, el de la inflación, con la promesa de ser la última interrupción. Ahí me enteré de sus hijas, de sus compras en el supermercado, y -esta era fija- su soledad. Por suerte la señora era mujer de palabra.

Hace tiempo una amiga me prestó "El mapa y el territorio" de Michel Houellebecq, a quien había leído con muchísimo gusto unos cuantos años atrás en "Ampliación del campo de Batalla" y la imperdible "Las partículas elementales"*.
En estos años, si bien siempre estaba tentada de leer más de él, preferí dedicar el tiempo a otros autores. Eso de que con cada novela que saca aparece una gran polémica en los medios, me alejó un poco, pero es verdad que Houellebecq es un exquisito crítico de la sociedad.La describe de un modo muy entretenido, que acompaña con el encanto del humor cínico, el absurdo y el reirse de uno mismo, acciones esenciales para poder vivir en estos tiempos posmodernos. Aún me falta leer el último tirón, igual ya la recomiendo.

Por último este es el mapa y el territorio de los sueños del gato.

"Recorridos en sueños"



*Imperdible como  lectura, no así como objeto porque es un libro que lamento muchísimo haber perdido. ¿Vieron cuando sale cadena de préstamos y se olvida el último involucrado? Bueno así.




jueves, 27 de diciembre de 2012

Siesta en la playa

Tirados en la arena,
somos personajes de películas diferentes.
Cada uno
de estos pocos habitantes de la playa a la hora de la siesta
tiene su propio director,
 y su libre interpretación.

(Aquellos  Fellini, él Lynch,
ella  Kawase,
los niños jugando Truffaut.
Parecen Dardenne los de aquel costado.
Yo no sé si soy Rohmer o Kaurismäki,
esta vez me quedo con el francés,
 y le dejo al perro el honor de interpretar a Aki.)

Los sonidos del agua rompen en el vuelo de la arena.
Dialogan.
Hay mucho viento,
apenas se escuchan.
Creo que discuten.





lunes, 3 de diciembre de 2012

El azar de los pájaros


Aprendí muy tarde a querer a los pájaros
y más bien lo lamento
pero ahora todo se ha arreglado
nos hemos entendido
ellos no se ocupan de mí
ni yo me ocupo de ellos
los miro
los dejo hacer
todos los pájaros hacen las cosas lo mejor posible
dan el ejemplo
no el ejemplo como por ejemplo el señor Glacis
que se comportó notablemente valientemente durante la guerra
o el ejemplo del pequeño Paul que era tan pobre y tan hermoso
y de tal modo honesto y que se convirtió más adelante en el
gran Paul tan rico tan viejo tan honorable y tan repulsivo y
tan avaro y tan caritativo y tan piadoso
o por ejemplo esa vieja criada que tuvo una vida y una muerte
ejemplares jamás ni un asomo de discusión con el señor o la
señora respecto al desagradable asunto del sueldo
no
los pájaros dan el ejemplo
el ejemplo como es debido
ejemplo de pájaros
ejemplo de pájaros
ejemplo las plumas las alas el vuelo de los pájaros
ejemplo el nido los viajes y el canto de los pájaros
ejemplo la belleza de los pájaros
ejemplo el corazón de los pájaros
la luz de los pájaros.

 

Jacques Prevért, en “Palabras”

domingo, 18 de noviembre de 2012

Aguafuerte cr

C' est très jolie

Aquí un aguafuerte que hice para la cursada de grabado, muy linda técnica para trabajar.

miércoles, 7 de noviembre de 2012

La noche inventada






Guardé la imagen aquella vez que la luna se dejó seducir por el metal.
Los tensores al recorrer su cuerpo dibujaban signos de certeza
entre esas manchas indescifrables.

En el kilómetro 316 se ven un poco más las estrellas,
casualmente hoy la luna tiene la misma forma: un filo menos que cuarto menguante.
(Extraño,
 y surge ese instante en el que siento que es horrible conocer alguien 
que te guste)

Dos escenas enigmáticas:
manchas borrosas que dijeron pisar una vez. 
¿Quién la dibuja? ¿Cómo se sostiene? 
Quizá sea tan solo una excusa para regalar en ocasiones intensas.
Delante, esa manufactura que responde a aquello que ordena un igual. 
Tecnología que algunos pueden entender, 
quizá solo entendamos aquello que nosotros mismos construimos.

El río que disfruta de reflejos, sombras, 
de esas ondas,
que nuestras vidas absorben y, a veces, obedecen.
Del vaivén de destellos que ya no muestra mis lágrimas
perdidas en el párrafo anterior, justo cuando se acabó el vino.

sábado, 3 de noviembre de 2012

Una vez más

Wes Anderson se las ingenió para crear una bonita pieza visual y musical.
Nada lo aleja de las historias de excéntricos a las que nos tiene acostumbrados, por suerte aún funciona muy bien su juego. 


sábado, 27 de octubre de 2012

El Roca

Robert Rauschenberg, Winter Pool, 1959.




A veces El Roca es un collage de Robert Rauschenberg.
Adoro viajar en él.

sábado, 29 de septiembre de 2012

Mañanas (II)

En busca del silencio perdido

Claro que no todas las mañanas son iguales.
Pero hoy desperté, no tan temprano, y con el sonido de una motosierra instalado en el cerebro. 
El ruido se hace insoportable y se agraba por los bocinazos de autos que se apuran un sábado por la mañana. ¿Qué es eso?
La Masacre de Texas se ha instalado en la calle, desde la semana pasada la poda se está comiendo todas las Tipas. Me entristece pensar que no voy a ver la lluvia naranja para fines de noviembre, que las veredas seguirán del color habitual, y perderán la frescura, que las distinguía de otras. Adios a esa brisa suave y algo refrescante del calor de la ciudad.
Entiendo que esos árboles son viejísimos y estaban descuidados, pero no están dejando nada. Ah el Sr. Thais los debe estar insultando desde algún lugar fresco y sombreado. No sé mucho de podas, creo que se hacen antes de la llegada de la primavera, es probable que la burocracia los haya demorado y que algún punto mal colocado indique una distancia incorrecta de corte. Puede que sea el modo más cómodo de abrir el paraguas frente al risgo en que se habían convertido estos árboles durante las fuertes tormentas. Nada parece ser pensado, evaluado, proyectado. Todas las resoluciones parecen que salen de modo abrupto de una persona que a nadie consulta. Un porque sí, siguiendo una lógica insostenible.
Queda esperar y ver que pasa esta temporada primavera-verano con ellos.

sábado, 22 de septiembre de 2012

Mañanas

A veces pasa que me despierto temprano. Pasó que anoche no me acosté muy tarde (por lo que aún tengo un trabajo pendiente). Además, ayer sin obligación de madrugar dormí un poco más. Encima por el equinoccio filtra el sol a través de las hendijas de la persiana y dibuja las paredes, los objetos, y a mí me encanta ver ese momento de claroscuros, de lucha de luces y sombras, de persistencia de la oscuridad que ya no es total. Ese momento que pronto se pierde para dar salida al día.
Entonces el gato se apiola que estoy dejando la duermevela y empieza a trotar. Va y viene, se me acerca y me dice cosas con su sonido de burbujas, usa mis costillas como trampolín de despegue para sus vuelos, arroja objetos hasta que me levanto a preparar el mate. Luego de un rato, se instala en el balcón, el equinoccio le trajo a él múltiples sonidos de los pájaros vecinos. Para ese momento ya tengo el amargo en mis manos y el pan untado -¡qué bueno que aún emana ese olor mezcla de levadura, leche, manteca del pan horneado anoche!-, aún no hay radio, ni música, los sonidos de la calle que apenas se perciben, se disfrutan. Los pájaros se imponen. Pienso que quiero escuchar y voy a su búsqueda... Desayuno, Francisco Bochatón.

jueves, 30 de agosto de 2012

La condición humana

                           ... preví la llegada a la casa (un piso bajo probablemente, que ella saturaría de almohadones y de gatos)...



Johnny Prudencio cuando llueve
"La mortalidad del hombre radica en el hecho de que la vida individual, con una reconocible historia desde el nacimiento hasta la muerte, surge de la biológica. Esta vida individual se distingue de todas las demás cosas por el curso rectilíneo de su movimiento, que, por decirlo así, corta el movimiento circular de la vida biológica. La mortalidad es, pues, seguir una vida rectilínea en un universo en donde todo lo que se mueve lo hace en orden cíclico."

Hannah Arendt, en "La condición humana"


Hannah Arendt es de esos nombres que anotaba una y otra vez en mis cuadernos, para, en ´algún momento', leer. El año pasado la  sucursal de "Prometeo Libros" que había en la universidad donde doy clases cerró. Por ventaja unas semanas los libros prestaron un bonito descuento. Sumado que hacía tiempo me había ganado la simpatía del librero porque siempre le conocía la música indie que lo acompañaba, el descuento fue mayor. Entre los libros que compré, que no hubiera adquirido de otro modo, estuvo "La condición humana".

También pasó que el libro aún sigue en los estantes para ser leído por completo en ´algún momento', pero por suerte no tan guardado. Cuando leí el prólogo decidí inmediatamente que tenía que llegar a formar parte de la bibliografía de una materia que damos, donde discutimos con alumnos de carreras científico-tecnológicas algunas cuestiones de su formación que van más allá de libros científicos, deducciones lógicas y fórmulas matemáticas. No sé si alguno de ellos seguirá con ganas de un poco más de Hannah Arendt, pero no cabe duda que ese texto breve de 1957 logra envolver a los alumnos en un debate interesante.

¿Qué tiene que ver el dibujo de El Gato en todo esto? ¿Cómo no saben de su omnipresencia? Pensaba que fue una de esas cosas que me salen en este camino rectilíneo, que dale, que dale choca con los ciclos, camino al que a este ex-salvaje también he introducido, convengamos que un poco engatusado.



 

viernes, 17 de agosto de 2012

Invierno en el mar




Esta vez el mar me recibió con invierno del bueno: mucho frio y sol. Cielos libres y azulados, y mi lápiz sin punta y el sacapuntas en otro bolso.
Esta roca que alguien orientó, seguro con la ayuda de una grúa, es aquí y ahora mi soporte, mi tierra. Cuelga la cámara de mi cuello, un cachorro negro da vueltas y vueltas alrededor, quiero llevarlo en una foto, pero ya está lejos. No se quedó quieto más que instantes generadores de la imagen en mi cabeza, no en el acetato.
Mis manos se ven agrietadas, secas de sal marina. El sol textura parte de mi sombra sobre estas hojas suaves del cuaderno, la rígida roca y el mar. Me dibuja junto a la roca, justo donde terminan las olas. El sonido es intenso, grave, con silencios de corcheas. Primero rompen unos metros más allá –una distancia tan imprecisa como la punta de mi lápiz- y luego chocan con fuerza contra el acantilado, que me distancia del agua. Les dejo mi sombra jueguen con ella.
El aire se pone más frio y tengo que sacar el pullover naranja de la mochila, para ponérmelo. Mientras, cuento los años que tiene y me pierdo…
El viento se suma a la orquesta con sonidos más agudos.
La línea del horizonte es perfecta, el cielo pálido y el mar oscuro, dos componentes que pueden separarse en un único paso. Me pregunto qué pasaría si uno pudiera retirar el cielo, pero me doy cuenta que es muy fácil responder que el mar se elevaría como inconsistente, sin peso, que mejor pienso otra pregunta sin respuesta, pero nunca logro formularla.
Quiero quedarme aquí hasta que el agua me salpique, recién estuvo más cerca. Lograr, como en un sueño, viajar por el agua sin agitarme, sin temor a golpearme, es extraño pero el temor no es a ahogarme. Poder llegar bien mar adentro, respetando la danza de las olas. Flotar, hundirme, cerrar los ojos y escuchar. Que el cuerpo libre de ropa contacte en toda su superficie al agua, que se perfume de mar.
El abrigo se levantó al sentarme y queda una hendija de mi cintura expuesta al sol, el borde de la remera flamea cada tanto, se sienten cosquillas de frio.
Aún no sé quién ganará en echarme: si el agua al mojarme bien de frente o el viento que silba por detrás, con un aviso en mis oídos que se entiende como es invierno en el mar.
Puede que no sean ellos quienes me echen, puede que sea más por artificio de este lápiz que ya no tiene punta o el final de la carilla.
Pero creo que es culpa de la luna que me desconcierta y en plena tarde de sol me avisa –como dice Ámbar- que es de noche.