miércoles, 7 de noviembre de 2012

La noche inventada






Guardé la imagen aquella vez que la luna se dejó seducir por el metal.
Los tensores al recorrer su cuerpo dibujaban signos de certeza
entre esas manchas indescifrables.

En el kilómetro 316 se ven un poco más las estrellas,
casualmente hoy la luna tiene la misma forma: un filo menos que cuarto menguante.
(Extraño,
 y surge ese instante en el que siento que es horrible conocer alguien 
que te guste)

Dos escenas enigmáticas:
manchas borrosas que dijeron pisar una vez. 
¿Quién la dibuja? ¿Cómo se sostiene? 
Quizá sea tan solo una excusa para regalar en ocasiones intensas.
Delante, esa manufactura que responde a aquello que ordena un igual. 
Tecnología que algunos pueden entender, 
quizá solo entendamos aquello que nosotros mismos construimos.

El río que disfruta de reflejos, sombras, 
de esas ondas,
que nuestras vidas absorben y, a veces, obedecen.
Del vaivén de destellos que ya no muestra mis lágrimas
perdidas en el párrafo anterior, justo cuando se acabó el vino.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

CLAP! CLAP! CLAP!!
cata

cr dijo...

Gracias!!