viernes, 17 de agosto de 2012

Invierno en el mar




Esta vez el mar me recibió con invierno del bueno: mucho frio y sol. Cielos libres y azulados, y mi lápiz sin punta y el sacapuntas en otro bolso.
Esta roca que alguien orientó, seguro con la ayuda de una grúa, es aquí y ahora mi soporte, mi tierra. Cuelga la cámara de mi cuello, un cachorro negro da vueltas y vueltas alrededor, quiero llevarlo en una foto, pero ya está lejos. No se quedó quieto más que instantes generadores de la imagen en mi cabeza, no en el acetato.
Mis manos se ven agrietadas, secas de sal marina. El sol textura parte de mi sombra sobre estas hojas suaves del cuaderno, la rígida roca y el mar. Me dibuja junto a la roca, justo donde terminan las olas. El sonido es intenso, grave, con silencios de corcheas. Primero rompen unos metros más allá –una distancia tan imprecisa como la punta de mi lápiz- y luego chocan con fuerza contra el acantilado, que me distancia del agua. Les dejo mi sombra jueguen con ella.
El aire se pone más frio y tengo que sacar el pullover naranja de la mochila, para ponérmelo. Mientras, cuento los años que tiene y me pierdo…
El viento se suma a la orquesta con sonidos más agudos.
La línea del horizonte es perfecta, el cielo pálido y el mar oscuro, dos componentes que pueden separarse en un único paso. Me pregunto qué pasaría si uno pudiera retirar el cielo, pero me doy cuenta que es muy fácil responder que el mar se elevaría como inconsistente, sin peso, que mejor pienso otra pregunta sin respuesta, pero nunca logro formularla.
Quiero quedarme aquí hasta que el agua me salpique, recién estuvo más cerca. Lograr, como en un sueño, viajar por el agua sin agitarme, sin temor a golpearme, es extraño pero el temor no es a ahogarme. Poder llegar bien mar adentro, respetando la danza de las olas. Flotar, hundirme, cerrar los ojos y escuchar. Que el cuerpo libre de ropa contacte en toda su superficie al agua, que se perfume de mar.
El abrigo se levantó al sentarme y queda una hendija de mi cintura expuesta al sol, el borde de la remera flamea cada tanto, se sienten cosquillas de frio.
Aún no sé quién ganará en echarme: si el agua al mojarme bien de frente o el viento que silba por detrás, con un aviso en mis oídos que se entiende como es invierno en el mar.
Puede que no sean ellos quienes me echen, puede que sea más por artificio de este lápiz que ya no tiene punta o el final de la carilla.
Pero creo que es culpa de la luna que me desconcierta y en plena tarde de sol me avisa –como dice Ámbar- que es de noche.

8 comentarios:

Fran dijo...

hermoso, el viaje por la danza de las olas y el telón de mar insconsciente sin cielo triunfador..te quiero!

cr dijo...

Gracias Fran, mucho aprendo la danza libre de vos.
Qué bueno que leíste inconsciente, que es mucho más poderoso con mi inconsistente que no me gustaba y no sabía como expresar.
Me quedé pensando en el concepto mar, y estas palabras que ahora danzan entre olas dan para un gran viaje y horas de charla.

Anónimo dijo...

Hola lindos!! Jaja.. Gracias por llevarme a viajar, a todos Uds.. en tantos sentidos..
cata

cr dijo...

¡Un placer!

Rob K dijo...

Me ha encantado. Me siento - de sentir y de sentar - en esa roca.

Saludos, cr.

cr dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
cr dijo...

Rob K: abrigate entonces, que se puso frio.

Gracias por pasar y sentarte un rato, saludos.

Anónimo dijo...

Qué decía..que decía el comentario eliminado..??? Jaja!! Siempre me agarra una curiosidad con esas cosas!
cata