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jueves, 16 de febrero de 2012

Pensamientos de 40°C a la sombra

Pasa que siempre encuentro cosas para hacer, que mis tiempos, en mayor o menor grado se ocupan, que disfruto de todo lo que hago. Pero a veces pasa mucho tiempo sin encontrar con quien generar o poder compartir algo nuevo que disfrute, y siento que:

Me aburro cuando no encuentro unos ojos donde respirar.

Me aburro cuando no encuentro manos que me vean.
Me aburro cuando no encuentro palabras que me toquen.
Ojos, manos, palabras, todo eso necesito para escuchar música.
Extraño, me siento distante y ajena, cuando no hay música.






jueves, 2 de febrero de 2012

Variaciones cercanas a la lluvia de ayer

Como buena caminante (o cicloandante) que soy, las lluvias suelen pescarme a flor de piel, más aún las tormentas de verano. ¡Cómo negarse a un chaparrón en medio del cemento incandescente! Todos los años cae una tremenda tormenta para esta época, mi memoria guarda unas cuantas anécdotas de lidiar con la ciudad inundada. Pero le escribía recién a una amiga, la lluvia ayer cayó en el momento justo: me dejó llegar y nunca volver a salir.

Ayer por la tarde cuando regresaba del centro en bici, la pesadez de la ciudad parecía irreparable. Hice escala en la verdulería, y una vez en casa mientras preparaba y tomaba un licuado de duraznos y naranjas con mucho hielo (metaboli
smo y catabolismo del licuado fueron casi simultáneos); y sacaba de la heladera la masa para unas galletitas de queso que tenía que hornear antes de salir otra vez, el cielo empezó a ennegrecer. Las galletitas se cocinaban y la tormenta dejaba de amenazar, primero unas gotas debiluchas, luego la constancia. Era de locos salir en ese momento. Entonces un par de detalles organizaron una tarde de lluvia perfecta.

Cuando escribí al mercadolibre-librero para disculparme pero que debido a la lluvia no iba a pasar por el libro, recibí la siguiente respuesta: “Venite
mañana, disfruta ahora de la lluvia mirándote una linda peli o leyéndote un buen libro”. Algo tan simple y agradable me predispuso de un excelente humor.

Se sumó a esta galantería que un contacto de facebook, de los que no conozco y hacen cosas así, anunció que en este enlace se podía escuchar una ext
ensa lista de temas de Oscar Aleman, cuidadosamente seleccionados. ¿Cómo retribuir tamaña faena? Lo curioso fue que el agradecimiento me llegó a mí, por ser su única radioescucha.

El buen humor se instaló para qued
arse hasta tarde. Preparé un maté, me acomodé cerca de la ventana, la lluvia persistía y había aire otra vez. La luz de la lámpara mezclo todo de un ámbar surreal. Me tocó la silla, y el sillón al gato. Me senté a leer, no sé si un buen libro, pero que resulta de mi interés. La música nos acompañó por horas.

Se hizo la noche, un poco de baile, juego con el gato, la cena, y como no pude encontrar un sucedáneo mejor que el sonido de la lluvia para Aleman, ni Reinhardt encargado de cerrar la lista. Seguí el otro consejo del librero y busqué en mi cajón de películas. “Pierrot le fou” fue el primer intento, me pareció que se acomodaba a esa trama en la que estaba envuelta, pero recordé que estaba mal la grabación. “Hiroshima mon amour” movió el ai
re hacia otro costado, y no pudo ser mejor elección. Ellos son tan hermosos.




Parece tonto, pero junto con esos dos pequeños detalles, provenientes de completos extraños, y la magnífica lluvia, construimos un tiempo-espacio de placer que hacía tiempo no encontraba.

sábado, 31 de diciembre de 2011

El comportamiento de los pájaros

Estudios científicos sobre el comportamiento del vuelo de los pájaros exponen diversas teorías que seguramente abarcan miles de páginas, para no extenderme demasiado, aquí resumiré tres casos concretos -que por supuesto nada tienen que ver con los estudios del comportamiento del vuelo de los pájaros-, a saber:


1) Es costumbre que la bandada multicolor se mueva en muchas direcciones. No son uniformes sus integrantes, ni en aspecto, ni en andar. Cada uno traza un camino diferente, y si forman un conjunto, de apariencia uniforme o que luce cierta afinidad, es tan solo porque quedaron atrapados en el mismo tejido, y no les quedó otra. Balancean sus alas mientras el paso, cada tanto una ventolina los descoloca invirtiendo su vuelo, pero siempre en direcciones azarosas. La bandada multicolor se pasea un poco esquizofrénica, sin ton ni son.

2) A veces pasa que llueve – llueve muy seguido en verano y la que escribe, prescinde de paraguas- entonces la bandada multicolor se pliega sobre el tejido. Las plumas se atascan, el vuelo se impide. Se apelotonan amorfos sobre la piel como huellas de una intención de vuelo. Pueden seguir así hasta que la evaporación del agua las libre, suerte que el tejido es ligero y se seca pronto, para volver al desandar habitual. Un poco crispado primero, desordenado después.

3) Sin embargo, extraños sucesos sobrevienen esporádicamente. Las ocasiones son las menos, me atrevo a escribir que casi únicas. A veces pasa, en el claroscuro de la noche, que la bandada multicolor acuerda un vuelo uniforme. Los integrantes giran sus alas deprisa, y muy seguras, casi salvajes, se deslizan todas en una misma dirección. Sí, logran un único sentido, sublime, que hasta parece unificarlo todo en un individuo. Tal energía generan que el tejido que los atrapa se desliza y aleja en un vuelo de la piel. Se siente como caricias, como de manos de pianista.


Compré hace unas semana un libro con ilustraciones de pájaros, lindas como la que acompaña esta entrada. No me di cuenta que llevaba el vestido de los pájaros, el puestero de la feria del mercado de San Telmo, me rebajó el libro sin petición mia, es verdad que yo llevaba unos minutos apreciando los dibujos y sin decidirme. Por cierto lo pagué la mitad de este anuncio de mercadolibre. ¡Hay que recorrer!

lunes, 15 de agosto de 2011

Un poema óptico





Revisé los estantes, tomé entre mis manos un libro de André Kertész, pero cayó al piso uno de László Moholy-Nagy. Justo el que yo buscaba.














Entré al museo. Como siempre observé, y me encontré con esta composición.








Estaba sentado en el subte justo frente a mí. Muy pronto desvió la mirada, pero mucho tiempo después supe que también le gustaba Oskar Fischinger.







jueves, 26 de febrero de 2009

¿Por qué lleva CR el brazo en cabrestillo?

La naturaleza es sabia, dicen. Según parece dicha sabiduría, para compensar mi vigilia tan asimétrica y poco original, me permite en los sueños ser protagonista de las aventuras más osadas, es que no encuentro otra justificación para explicar cómo puedo despertar en medio de la madrugada con un hombro fuera de lugar*.

Dos factores impiden que les cuente con lujo de detalle mi peripecia, ya en la vigilia, desde el momento en que desperté hasta el instante del glorioso, esperadísimo y aliviador clack que indicó que el hombro volvió a su lugar; un lapso de tiempo aproximado de unas tres horas… es que nunca supe la hora en que mi sueño, jamás recordado, se acabó.

Decía que evito más detalles porque, por un lado, sé que algunos lectores de este blog son personas muy sensibles y no quiero ser causante de ningún desmayo, por otro, mi brazo derecho tiene orden médica de estar inmovilizado, además el tener un brazo colgando del cuello y toda la tensión del día de ayer dejaron a mi espalda con una contractura que molesta más que el dolor del brazo lastimado.

Solo les doy un detalle de cómo desperté para que se hagan una idea, yo estaba boca abajo con ambos brazos doblados en un ángulo de 90 grados sobre mi cabeza, tuve que cargar con el brazo en esa posición, porque solo no se sostenía y tampoco lo podía bajar. Una sensación me acompaño todo ese tiempo: DOLOR.

Agregados felices:

Gracias a Margarita, la profe de literatura de la Unquita, que me prestó “Los detectives Salvajes”, Roberto Bolaño es uno de mis preferidos.

Gracias a Gabo Ferro por las canciones de anoche en el Konex, él con una guitarra, su voz y su poesía es un mago que hace ríos. Fui a pesar de mi brazo en cabrestillo (un pañuelo nomás) y las quejas de todos los que vinieron a cuidarme, gracias =)
Millones de gracias al traumatólogo de bella sonrisa que llego a Medicus a eso de las 8 de la mañana y tuvo destreza, delicadeza y paciencia suficientes para conciliar con mi dolor y tensión.

*Lamentablemente sí hay explicación.