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domingo, 2 de octubre de 2011

El Taller Naranja


De momento no estoy usando mis manos para escribir -una excusa tonta, ya que la vaga de ideas es la cabeza- pero si las uso para hacer otras cosas. En La hora naranja pueden ver algunas de ellas.

lunes, 4 de agosto de 2008

Rodin en el MNAD

« No hay más fealdad en el arte, que aquello que carece de carácter, es decir aquello que no ofrece ninguna verdad exterior ni interior. Es feo en el arte lo que es falso, lo que es artificial, lo que trata de ser bonito o hermoso en lugar de ser expresivo, o que es amanerado o preciosista, lo que sonríe sin motivo, lo que carece de alma y verdad, todo lo que no es más que alarde de belleza o gracia, todo lo que miente…” Auguste Rodin

Las manos nos muestran aquello que la no-mirada pretende y prefiere esconder. Mirar las manos es una respuesta, dejar que ellas expresen, también. Las manos son sinceras.
Hoy, mientras caminaba para llevar unos estudios al médico, pensaba en qué quería escribir de la muestra de Rodin; al pensar en las manos y su naturalidad empecé a repasar mentalmente manos conocidas. Las describía entre el aire húmedo, unas pocas trajeron sus rostros, tarea innecesaria para la mayoría. Manos más o menos conocidas, bellas o da
ñadas, suaves o torpes, raras, como las mías. Lamentablemente mis manos nunca logran tipear lo que se piensa mientras se camina, viaja en colectivo o anda en bicicleta, mi vagancia y dispersión (estuve como una hora buscando una imagen de las manos que me agradara) se encargan de disolverlo. Así que aquí están, escondidas en mi memoria, las imágenes que nunca iba a poder describir como es debido.

Antes de pensar en las manos, aunque siempre pensé en ellas, iba a escribir esto:

Yo no soy quien para hablarles del Museo de Arte Decorativo, menos para hablarles de Rodin, la escultura y el arte, y menos, mucho menos, para hablarles de amor, pero no dejen de pasar por Av. Del Libertador 1902 para encontrarlos.
Primero insultarán con todas sus ganas a aquellos que alguna vez fueron dueños de ese palacio; luego, con un sentimiento de traición y culpa, podrán disfrutarlo. Los que pueden, prefieran darse una vuelta en horarios de gente que no trabaja, así no se encuentran con mucha gente y la culpa es mayor. Prefieran también, ver la muestra “La Era de Rodin” y dejar el palacio para otra oportunidad, aunque es imposible no perderse entre ambos. Recordaba de alguna visita anterior un biombo de una dinastía China, y ahí estaba: Época Kang-Hi (1662-1722) , algún día lo voy a robar.





La imagen de la mano la encontré acá.

Le regalo a Euge para que sueñe "La ola" de Camile Claudel, que también se puede ver.