viernes, 21 de marzo de 2008

Otoño, otra vez


"1.IX.2039. El tiempo se ha estropeado. Cuando esta tarde desconecté mi revisor para prepararme a la cita con Ailin, un tipo de dos metros,
que no me cayó simpático desde el comienzo de la obra, titulada Ospanka mutanga, una especie de semisauce y semiatleta con un garrote y con la jeta retorcida de un color pardoceladónico, en lugar de desaparecer con toda la imagen, se vino hacia mi sillón, agarró las flores que estaban sobre la mesa y que yo tenía preparadas para Ailin, y me las tiró a la cabeza. Me quedé tan atónito que ni siquiera traté de defenderme. Ese energúmeno rompió el florero, esturreó el agua, se zampó la mitad del pastel de queso, tirando la otra mitad sobre la alfombra, lo pisoteó todo, se infló, y reventó en una lluvia de chispas, como un fuego artificial, agujereándome tremendamente las camisas que tenía tendidas para secar. Pese a mis ojos como tomates y mi rostro lleno de señales, me fui a la cita. Ailin se dio cuenta en el acto de lo que había ocurrido.

-¡Válgame Dios! ¡Tuviste un interferente!- exclamó al verme.

Y Ailin me explicó que si dos programas, emitidos por dos emisoras satélites se interfieren durante mucho tiempo, pueden surgir los interferentes, o sea, una mezcla de una serie de personajes híbridos hechos de figuras o personas que intervienen en la revisión; dichos híbridos, totalmente sólidos, son capaces de realizar unas cosas espantosas, por cuanto su tiempo de duración tras la desconexión del aparato llega a tres minutos. La energía de la cual se nutren esos fantasmas es parecida a la del rayo. Ailin tuvo precisamente un interferente durante una emisión paleontológica que se mezcló con una sobre Nerón. Se salvó gracias a su sangre fría, al saltar dentro de su bañera llena de agua. Pero su piso quedó totalmente deshecho y hubo que restaurarlo. Es posible preservarse de ese peligro con una pantalla especial, pero ello resulta bastante costoso y al consorcio de la revisión le sale más barato ser demandado en juicio y abonar los daños y perjuicios en vez de proteger toda una emisión contra tales fenómenos.

Desde ese momento, resolví mirar la revisión armado de un buen garrote, por si las moscas. De paso debo aclarar que el título de marras, Ospanka mutanga, no significa otra cosa que la querida de un hombre, que gracias a una programada mutación llegó al mundo conociendo al dedillo los secretos del tango argentino."

Esta maravillosidad que por varias razones me divirtió mucho al leerla y quedó a la espera de ser colgada en algún momento no casual, fue extraída de “Congreso de futurología” de Stanislaw Lem.

A todos: a disfrutar del otoño, iba a escribir: "esos días que permiten pasear bajo el sol", pero hoy, como siempre, no
me hagan caso.

Felíz cumpleaños otoño, gracias por el dibujo.


1 comentario:

cr dijo...

Grrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrr, ¿por qué un gato?