martes, 23 de febrero de 2016

Susto

Al gato lo salvaron:
                             su cola de gato montés, resistente y larga;
                                                                el campo gravitacional de la luna;
                            los fantasmas que habitan este árbol que nos custodia.


Ahora estamos tranquilos.
Volvimos al acecho de insectos fluorescentes,
que al instante se desvanecen en el aire.

Tatuada por sus garras, sado amor felino.

martes, 21 de julio de 2015

Efímero

                                                   El instante es aquel momento de tiempo en que el neumático del auto corriendo a toda velocidad toca el suelo, después no toca y después vuelve a tocar*


¡Qué buen invento el avión!
Pero es evidente que soy de disfrutar el proceso,
                                                                         los detalles,
transitar por tierra lo hace todo más atractivo,
                                                                     más vívido, más corporal…
                                                                     aunque se demore mucho más o nunca se pueda llegar a                                                                                                                                               destino.

No se recorre un cuerpo en una noche.
Tampoco se conoce un cuerpo en cuatro décadas.
El dolor, a veces, es constante.
Late, bombea puntadas inconexas y me pone un poco triste.

Cuando el camino es subir,
                                         encuentro una dificultad física.
La mente ordena al músculo hacer fuerza, el oxígeno recorre el cuerpo activando metabolismos celulares.
 La escena es pausada, fastidiosa, pensada.
Mientras que el bajar
                                  representa una dificultad emocional.
La mente se ocupa de ordenar al cuerpo que se retraiga para evitar una velocidad riesgosa.
La escena es fugaz, frágil, versátil.

Soñé que desde tus lunares estallabas en mil fragmentos.
                        Ínfimos.
                                    Se desparramaban por la atmósfera
                                     como láminas de papel de un azul brillante,
                                     similar a los brillos azules de mi otra bicicleta,
                                     la que se llevaron de su anclaje en un árbol hace unos años.

'Efímero’ alguien dice en una mesa,
Carole descubre una nueva palabra en castellano.
Pregunta su significado,
                                    piensa un instante y se va sonriente mientras repite
                                                         
                                                                      ‘e
                                                                                 FÍ
                                                                                                    me ro'.

                                                                                                   



* La hora de la estrella, Clarice Lispector

lunes, 4 de mayo de 2015

Encuentro de arte y tecnología en la Belle Èpoque


Die Tänzerin Loie Fuller, Koloman Moser, 1910



Detenerme y perder el tiempo en aquello que no conduce a nada, parece ser mi especialidad. Así es como a veces aparecen personajes hasta entonces ocultos para mí, pero quizá conocidos por otros. Resulta que entre lecturas de Roetgen, Marie Curie, rayos X y radioactividad, un párrafo comienza así:

            No tanto como con los rayos X, pero la gente también se enloqueció con la 
            radioactividad. Una bailarina célebre pidió a Marie Curie que empapara con radio 
           sus ropas vaporosas  para hacerlas brillar e impresionar a su público (…)

Palabras suficientes para dejar todo y googlear. Con tres palabras y un par de enlaces di con Löie Fuller. Por lo que pude leer se considera a Löie Fuller como una de las precursoras de la danza moderna, quien se destacó por utilizar novedosas técnicas de iluminación para su puesta en escena. Nacida en Chicago desde pequeña se dedicó a la danza, pero desarrolló su estilo personal en la Ciudad de la Luz, la misma a la que había llegado Marie Curie desde una región más cercana, Varsovia. Ambas coincidieron temporal y espacialmente, en esos años limítrofes de siglos, en los que ciencia y tecnología ya eran respiradas dulcemente en diferentes ámbitos culturales.   
El texto continua explicando que los Curie se negaron a darle el radio ya que no tenían mucho para desperdiciar, pero que se hicieron amigos de la bailarina. Aunque sin radio –por suerte para la salud de ella y los espectadores- Löie Fuller desarrolló una mágica puesta en escena, ella diseñaba todo: sus coreografías, sus vestuarios con vestidos de sedas muy volátiles y los juegos de luces que proyectaba sobre las telas en movimiento. Llegó a patentar algunas de estas técnicas y a utilizar sales químicas para que iluminen su vestuario. 



              Foto del estadounidense I.W Taber de Loïe Fuller bailando 
(Isaiah West Taber - © Musée d'Orsay, Dist. RMN-Grand Palais / Patrice Schmidt)
Los hermanos Lumière filmaron la representación de la Danza de la Serpentina, ella no es quien baila, ya que nunca se filmó porque consideraba que el cine no hacía justica a sus movimientos.










El texto citado es del fascículo 27 "los rayos X y la radioactividad" de Historia de las ideas científicas de Leonardo Moledo

viernes, 17 de abril de 2015

Los borrachos también caen al piso en la ciudad más austral del mundo





José realiza inmutable una trayectoria de 90° desde su posición vertical de un metro setenta hasta la horizontal sobre el piso. Golpea con toda la furia sobre la vereda de cemento y canto rodado y parece que la queda, junto con su gorra visera, que cayó desfasada un instante. Un hilo de sangre se hace camino desde su sien derecha. Todo eso en el tiempo de un parpadeo. Varios lo vemos caer. El monumento, así llamábamos al negro parisino más bueno que comer con la mano que también estaba en el hostel, lo levanta, intento ayudar pero es casi innecesario. Llaman a la ambulancia. Los amigos de José parecen acostumbrados al hecho, él no reacciona. En minutos llega la ambulancia, un paramédico joven lo sienta en una silla de ruedas y se lo lleva, uno de sus amigos lo acompaña… “no es nada, se cayó nomás”, o algo así dice. Antes rescato mi gorro de lana, que en el barullo, no sé cómo, quedó junto a la gorra de José.
Doy aviso a mis amigas en el interior del bar, al que van todos los turistas y todos los de la ciudad, que ya me regreso. El cartel luminoso de la esquina de la principal dice que en la ciudad hace 7°C, pero no percibo ni un poco de frio, quizá ya había tomado mucho. Decido que el mejor camino de regreso es el que va por la costa. Disfruto. Me envuelvo y abstraigo con la imagen maqueta del puerto. Las luces se reflejan coloridas en la bahía. La grúas trabajan acomodando contenedores en un carguero, como si fueran piezas de Lego… Me regresan un grupo de lugareños que exudan de sus autos música a mucho volumen. Me indigno y decido regresar al hostel. Me sirvo el resto de vino en una taza, me siento a escribir en el piso, en el pasillo exterior que une las habitaciones con la cocina. No se puede desperdiciar una noche de 7°C a principio de marzo. Van regresando los otros que estaban en el bar. Pienso que Buenos Aires aún es la ciudad donde ser.

sábado, 27 de diciembre de 2014

Lugares



El lugar más increíble y poderoso de este mundo* está en la provincia de Misiones, es esa caída de agua violenta que parece reunir la energía del continente sudamericano, volcarla al Iguazú para perderse en tierras rojas, selva y más tarde el mar.

Mi lugar preferido de este mundo está en la provincia de Chubut, es playa Paraná. Refugio del azul más intenso en un mar frío, y traslúcido pero de oculta profundidad.

El lugar donde vivo no tiene provincia, es una ciudad cada vez más atestada de edificios y autos, que niega el rio y quema en verano. Pero a la que aún le quedan calles con algunos árboles por recorrer en bicicleta y gente con quienes encontrarse.

El lugar donde escribo esto es una playa de la provincia de Buenos Aires, una tarde cualquiera de diciembre, cuando el viento, como es costumbre en nuestro Atlántico, puede con casi todo, menos con la fuerza mar.




*Este mundo involucra a los lugares que conozco, cierto que no son muchos, si quieren preguntan y listo.

miércoles, 24 de diciembre de 2014

La hora de los pájaros




Sentirse un poco Alicia. Sentada en el bosque me sorprende un sonido escurridizo, entre los tonos pardos de los troncos y la hojarasca del suelo descubro una liebre. Me mira atenta un segundo, y se aleja unos saltos. Se detiene y torna a mirarme otra vez. Salgo en su búsqueda aunque conozco el final… es un momento que siento que alucino. Ella se esconde en un hueco entre pastos y ramas caídas, y se pierde.
La única puerta que encuentro está cerrada. Es la tranquera blanca de dos hojas que conecta la playa con el camping. Me avisaron que cerraba a las 20 hs., pero me olvidé. Tampoco miré el reloj, a pesar de la liebre. Pude pasar por debajo. En la heladera hay una cerveza fresca, la destapo y me siento a escribir.

viernes, 5 de diciembre de 2014

Construcción de noviembre



Un arcoíris en palabras para la muestra de Santiago Iturralde.







El clima entró en loop:
                                 hace un calor espantoso,
                                 refresca.

Trazos de colores cubren las paredes,
                                        en papeles,
                                                         pinturas
                                                           y telas.
Amigos que se encuentran, charlan y beben
                                                                 en la vereda.
Ivo y Mirko me visitan,
cenan un huevos fritos gigantes que les preparó El Tucu.

La lluvia se guarda un rato,
mientras las cerámicas rojas organizan un plan de
                                                                        experimentación.
Sonidos
             que desinflan y explotan como globos cortados a cuchillo.
             Enjambre de objetos que suenan sobre la mesa,
             un par de vientos que mueven los cuerpos.
Unos brazos envuelven mi cuerpo,
el frío se detiene, es solo un instante que se alarga placentero…
y se esfuma,
                    disuelve,
                                   enloquece.
La lluvia regresa.
Me acuesto y el gato se acomoda lleno de ronrones en mis piernas.

Los niños dibujan en un papel sobre la pared.
Es un imán que los atrae y abstrae.
El resultado: una nave espacial que abduce un grupo de gente,
las siluetas humanas lucen algo libidinosas,
el fondo es verde intenso y luminoso.
Un globo amarillo cruza Salguero a la altura de Rivadavia.
Casi que lo toco en el aire
pero su recorrido es todo azar.

Palermo, Almagro, Boedo, 
Caballito, Flores, 
Villa Santa Rita, Villa Gral. Mitre,
Paternal, Villa Crespo.
La bici me viaja de noche.
Nos damos saques de tilo.
Nos perdemos en la fluorescencia nocturna de los jacarandás.
Cubrimos las ruedas de naranja, mientras vemos a las tipas deshacerse de sus flores 
como si nada.

Siempre llueve en noviembre, pero este año no llovió en mi cumpleaños.
Hacía tiempo no se pasaba así de volando el tiempo.