domingo, 12 de agosto de 2012

Tres mares

La función del arte /1

Diego no conocía la mar. El padre Santiago Kovadloff, lo llevó a descubrirla. Viajaron al sur.
Ella, la mar, estaba más allá de los altos médanos, esperando. Cuando el niño y su padre alcanzaron por fin aquellas cumbres de arena, después de mucho caminar, la mar estalló ante sus ojos. Y fue tanta la inmensidad de la mar, y tanto su fulgor, que el niño quedó mudo de hermosura.
Y cuando por fin consiguió hablar, temblando, tartamudeando, pidió a su padre:
-¡Ayúdame a mirar! 

Galeano, Eduardo, “El libro de los abrazos”.

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François Truffaut, “Los 400 golpes”

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Ella, cuando llega a un lugar con mar, se muestra ansiosa hasta lograr su encuentro; se acerca corriendo hasta un punto en que esa masa de agua la detiene, y la deja una y otra vez estática, deslumbrada, sin palabras.
Luego ella se tiende sobre la arena, cierra los ojos y se pierde un tiempo inmensurable en sentir.


3 comentarios:

Rob K dijo...

Qué serenidad transmite ese rostro.

Salut, cr.

Anónimo dijo...

Haarmosa!
cata

cr dijo...

Rob K: son la arena y su proximidad al mar las de la serenidad, suelen decir que soy tranparente.

Gracias Cata!