viernes, 2 de octubre de 2009

Basta de demoler

“El periodista soviético Ovchinnikov escribe en sus recuerdos del Japón: 'Aquí se cree que es el tiempo en sí el que trae a la luz del día la esencia de las cosas. Por este motivo, los japoneses ven en las huellas del crecimiento un encanto especial. Por eso les fascina el color oscuro de un viejo árbol, una piedra horadada por el viento, o incluso los flecos, testigos de las muchas manos que tocaron un cuadro en sus bordes. Estas huellas del envejecimiento las denominan “saba”, palabra que traducida textualmente significa “herrumbre”. “Saba”: es la herrumbe inimitable, el encanto de lo viejo, el sello, la pátina del tiempo’.
Un elemento así de la belleza, como “saba”, da cuerpo a la unión entre arte y naturaleza. En cierto sentido, los japoneses intentan con ello apropiarse del tiempo como una especie de material artístico”.


(De ‘El tiempo sellado’, en “Esculpir en el tiempo”, de Andrei Tarkovski, 1988).

"...todas las formas tienen su virtud en sí mismas y no en un "contenido" conjetural. Eso concordaría con la tésis de Benedetto Croce; ya Pater, en 1877, afirmó que todas las artes aspiran a la condición de la música, que no es otra cosa que forma. La música, los estados de felicidad, la mitología, las caras trabajadas por el tiempo, ciertos crepúsculos y ciertos lugares, quieren decirnos algo, o algo dijeron que no hubiéramos debido perder, o están por decir algo; esta inminencia de una revelación, que no se produce, es, quizás, el hecho estético".


(De 'La muralla y los libros', en "Otras inquisiciones", de Borges, 1950).






La casa de enfrente no está más. El modus operandi después del cartel en venta, es el siguiente: primero corren los rumores en el barrio; en segunda instancia cubren la fachada, no siempre por completo, con carteles de publicidades o, en el más prolijo de los casos y de los diseños, anuncios del futuro venidero. Esta es la fase de la agonía, los rumores cambian de categoría, ahora son certezas. Aunque no sea más que un ícono del futuro, ese cartel expresa la inminente desaparición de las huellas del pasado. Es el tiempo que queda, nos dejan, para mirar por última vez y guardar. Por último, luego de ver volquetes y otras armas de destrucción estacionados en el frente, sin mayores sorpresas, un día pasamos y… a veces quedan marcas en los edificios vecinos, un último esfuerzo de resistencia, de permanecer.

La casa que ven en la foto, es la casa de enfrente de mi ventana de todos mis años de trabajo en Obligado 2490. Siempre la observaba en los tiempos muertos, y creaba historias misteriosas que sucedían detrás de esa persiana tan desflecada que nunca se abrió, de la reja de hierro trabajada y las plantas entregadas a la deriva, los pilares de la terraza rotos, una rosa tallada con restos de rosado y verde, la ventana ovalada, y el paraíso centinela que me mostraba el paso del tiempo. Por las tarde de otoño, el sol lo iluminaba en una perfecta mitad, “ya son las cuatro” pensaba cuando lo veía así, “ya se siente el aroma de sus florcitas”, cuando levantaba la persiana por la mañana en primavera. Me avisaron con tiempo, preocupados, lamentando el hecho, tomé mis precauciones al pasar por ahí, la última vez ya no quise ni mirar.

La casa de Honduras, casi Bulnes, (ubicada frente a la casa de Evaristo Carriego, institucionalizada como la casa de la poesía), esa que tenía una persiana gigante y un 1908 (creo, no sé porque mi memoria nunca fijo el año) en lo alto de su fachada. La casa que imaginariamente había elegido para mi taller de marcos y de cuadernos, para sentarme con amigos a tomar el té o unos aperitivos y leer o hacer (ellos) y escuchar música, ya no está.

¡Basta de demoler!

8 comentarios:

Anónimo dijo...

que pena. A mi me pasa que despues de un tiempo ya ni me acuerdo que habia antes de lo que hay ahora.

Vos sacale fotos a TODOS los edificios que te encanten asi despus si los demuelen tus fotos valen aun mas! :P

Proba de amotinarte en alguno de los edificios ademoler (igual llevate zapatillas para salir corriendo si hace falta, como Pedro Navaja...).
Besos
e
PS: Evaristo estaba segundo en mi lista (y estanislao tercero). Lastima...

cr dijo...

Evaristo está muy bien, Estanislao es muy lindo pero ahora se ha puesto de moda.

Yo sé que la ciudad está en continuo movimiento y es lógico el hecho de la demolición, pero hacen desastres y esas casas son tan lindas...

Anónimo dijo...

No, hay ciudades del mundo mucho mas "móviles" que ésta y no demuelen sus casa viejas! Por lo menos obligan a los constructores a conservar las fachadas y esas cosas..acá es un descontrol total..!
Cuando yo era chiquita (ojo para los que no me conocen que no son TAN vieja!) por mi casa de quilmes pasaba el lechero con carro con caballos y tarros de aluminio..y se llamaba Don Evaristo! El día que le dijimos que nos mudabamos nos preguntó: Y ahora adonde les voy a llevar la leche? Era hermoso!
cata

cr dijo...

Por mi casa también pasaba el lechero, pero yo no me acuerdo.

Sí, es necesario un poco de control.

Miren encontré unas fotos de la casa de Honduras, no lo había visto cuando escribí el post: http://gbdpropiedadesdemolidas.blogspot.com/2009/09/honduras-3777.html

wallyzz dijo...

Sabes lo que destruyeron en San Isidro??? Son unas larvas, termitas que arrasan y no dejan nada de la historia, del zaguan, del portico, de las rejas, donde alguna vez, chaparon Evaristo Carriego y La morocha del Abasto...

cr dijo...

¿Esa es la intención? ¿Qué dejemos de chapar? Espero no lo logren.

Santi el de Los Divagues dijo...

No, la intención es que chapemos distinto. Con eficiencia, sin emoción y sin misterio. Amor en una caja blanca de paredes desnudas bajo la luz de una lamparita de bajo consumo. Esas casas necesitaban tiempo. Tiempo para construirlas y tiempo para vivirlas. Zaguanes y patios para sentir que las casas tenían alma. ¿quién chapa hoy en un zaguán? no hay tiempo.

Cecilia dijo...

Es que el tiempo está después. Gracias por pasar y comentar Santi el de los Divagues.