jueves, 3 de abril de 2008

El agua en que ahogas*

“Al principio la muchacha del Dauphine había insistido en llevar la cuenta del tiempo, aunque al ingeniero del Peugeot 404 le daba ya lo mismo. Cualquiera podía mirar su reloj, pero era como si ese tiempo atado a la muñeca derecha o el bip bip de la radio midieran otra cosa …”

“Herencia”, la primera película de Paula Hernández, nos había gustado mucho. Personajes queribles, actuaciones decentes, colores agradables, historias sencillas y lágrimas; una película para todo público, o sea, se la pude recomendar a madre. “Lluvia”, la última de esta directora, también está bien, claro que con algunas salvedades. ¿Qué se creen?

El comienzo de la película con un auto atorado en una especie de autopista, me condujo sin atascamientos al cuento de Cortázar “La autopista del Sur”, por su parte, la lluvia constante no hizo otra cosa que demostrar que el agua es fascinante. El embotellamiento, causante del encuentro de los protagonistas, a diferencia del cuento, pronto se esfumó. No así la lluvia.

Técnicamente la película está muy bien, las gotas de agua convierten en bello todo lo que tocan, reflejan y transparentan. Con el agregado de la molestia y la melancolía que acompañan siempre a la lluvia. Otra vez los colores son los de mi agrado, Alma (Valeria Bertuccelli) lleva casi todo el tiempo un sweter de mi azul preferido. Siempre disfruto de ver la ciudad en el cine, y reconocer las calles, los bares, las esquinas. Podría objetar que todo esta demasiado cuidado, (nadie podrá filmar Bs As como Wong Kar Wai).

Ella esta bien, es que ya la quiero, pero no es la misma de siempre, no cansa. Él no cuenta, eso lo estropea todo un poco.

La historia, acá es a donde quería llegar, no importa, al menos yo no necesitaba una. No me interesaba saber nada de ellos. Lo importante es que se cruzan y lo que sucede en esos dos o tres días, a partir del encuentro fortuito. Es obvio que ambos necesitaban de alguien, las explicaciones de por qué están ahí, son totalmente prescindibles. Por un lado al ser escuetas, pero lo no necesario, no aportan nada a la narración, sólo la interrumpen. Todo comienza con cierto misterio, que se va desvelando pero un poco a los ponchazos. Los datos son muchos pero superfluos, nunca llegan a desarrollarse lo suficiente como para entrar a formar parte de la película. Entonces ahí se puede criticar por la falta de argumento, para mí la directora quiso poner una historia pero que no se sostiene, entonces la película decae. Ahora, si tuvo que poner la historia para conseguir presupuesto y demás, ese es otro cantar.

Sin tantos detalles, con otro protagonista, menos diálogos, un poco menos de luces de ciudad (es muy lindo pero es for export), la película sería mucho mejor.

Igual da para verla, más si van al Gaumont donde la entrada sale $4 o $2,5 para estudiantes y jubilados. La mayor atracción del lugar esta oculta en el baño de damas (no sé si también hay en el de caballeros, a ese nunca entré), que es la gradilla de madera para tubos de ensayo gigantes, que no sabemos cómo llegó hasta ese lugar.

Ah la música esta bonita, a cargo de Sebastián Escofet.


*Escuchando "Dulce, fuerte, grave" y yo mezclo todo.


1 comentario:

Dumuro dijo...

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