jueves, 28 de febrero de 2008

Un sueño

Anoche no pude dormir, costumbre que está apareciendo con una frecuencia muy alta últimamente. No es que reniegue de las noches en vela, puedo disfrutar mucho de ellas, puedo producir mucho en ellas, como la madrugada del lunes que, también sin sueño, estuve armando una guía de clases. Yo reniego del despertar, que se hace tan severo cuando los ojos y el cerebro se calmaron tan solo un par de horas antes. Porque lamentablemente hay que despertar, se puede estirar media hora pero no 3, como desearía en estos casos.

El hecho es que la computadora se apagó y cansada intenté dormir pero nada. Me levanté preparé un té, y me puse a leer el manual de seguridad en los laboratorios, un aburrimiento tal que no pude sostener mucho entre mis manos. Ahora sí podré dormir, pensé, pero fue todo un engaño. Finalmente la calma llegó fragmentada y me permitió recordar un sueño, de esos que nunca recuerdo:

Estaba en un lugar bastante parecido a una playa, en realidad había un río o mar, o lago. No puedo saber, de la otra orilla no había nada, pero no tenía olas, estaba muy calmo, solo se veían esas ondas del agua y el reflejo del sol. Era como un lago pero en el fondo había un horizonte bien definido. Yo estaba en una especie de bar con grandes ventanas, de ahí se veía el agua, algunas figuras de personas a lo lejos y un grupo de arbustos bloqueando la vista de cierta parte del curso de agua. En el bar una chica me extendía un vaso como de café y había otra persona sentada en una mesa lejos de la ventana. De pronto todo empezó a cubrirse de un tono rojizo. Claramente ví el color, las figuras de las personas empezaron a señalar al horizonte y se dirigían hacia el lado que los arbustos me tapaban. En la orilla del agua había dos osos pescando. No eran osos de verdad, sino siluetas dibujadas de tono marrón, ellos también giraban sus cabezas para la derecha, pero sus cuerpos seguían al frente sosteniendo las cañas. Con la chica del bar nos miramos y salimos pronto para ver aquello cubierto por los arbustos. Alñ tener la vista libre descubrí un hermoso atardecer. El sol redondo bien naranja-rojizo caía en el horizonte. La persona que estaba sentada en la mesa no se movía, la miraba, yo me preguntaba inquieta porque no salía a ver eso. Pero ella seguía en la mesa leyendo unos papeles. Esa persona se parecía a mí.
El sol siguió así un ratito más y ahí desperté, tan clara tenía esa imagen que no quise olvidarla. Una vez más me puse contenta al poder recordar un sueño, tarea poco frecuente en mí.

Una vez más, a la mañana, luche por despertarme y estuve atontada por un largo rato. Ahora tengo tanto sueño que caeré sin poder recordar nada.

5 comentarios:

cr dijo...

No, lamentablemente no sueño con ovejas azules.

Anónimo dijo...

Que hermoso que es soniar. Yo tambien a veces suenio tan intenso que despues las sensaciones me persiguen todo el dia.
Que bueno que te acordas que sonias en colores. No mucha gente suenia en colores. Yo si. Me acuerdo porque a veces suenio con personas de ojos azules o verdes y los recuerdo como tales (o sera una fantasia que invento al recordar el suenio?). No se (en tal caso no habria diferencia, no?)/

besos
e

cr dijo...

Una extraña sensación la de los colores. Fue lo más intenso, primero vino el color y luego todo lo demás.
A veces tengo esa duda, de si lo soñé así o si al tratar de recordarlo le agregué realidad.

Al despertar esta todo tan confuso que vale agregar lo que quieras. Total nadie se da cuenta.

Complicado e intrigante el camino de los sueños.

Modelo para Armar dijo...

ovejas de colores, un viaje psicodelico estilo años setenta

cr dijo...

Estilo P.K. Dick

Ah nuevo modo de expresión! Muy bien!