lunes, 9 de noviembre de 2009

Cine en la UNQ

Sin orden de continuidad y justificado por el característico "porque sí" o "porque me gusta" que impulsa muchas de mis actividades, en esta oportunidad veremos cine fabricado por chicos.

Tengo el agrado de invitarlos a la proyección de los trabajos que realizan niños y adolescentes en el Taller de Cine El Mate; vendrán de la mano de uno de los docentes del taller, así que luego vamos a poder preguntar y charlar sobre esa experiencia, y por supuesto, sobre cine de animación.

La cita es el miércoles 11 de noviembre a las 20 hs en el aula 22 de la UNQ.

Para llegar a la universidad desde capital pueden tomar el 159 (ramal B/G) que los deja en la puerta luego de unos 30 min de viaje desde el Correo Central.
Para los más aventureros, el tren línea Roca desde Constitución hasta estación Bernal, puro neorrealismo iataliano, un viaje que va de la sonrisa a la lágrima en un parpadear. Yo lo recomiendo.


Para los que no puedan ir una muestra de lo que veremos: El Taller de Cine "El Mate" es una escuela pública ubicada en la provincia de Buenos Aires, Argentina, que depende de la dirección de educación del gobierno municipal. Desde 1987 ofrece un espacio GRATUITO, abierto a la creación para niños y adolescentes interesados en expresarse a través del cine, el video y el cine de animación.



¡Los espero con la cindor o el mate!


viernes, 6 de noviembre de 2009

Como siempre




... mucho en noviembre.

martes, 27 de octubre de 2009

El cuaderno


"Me gusta tu cuaderno y no el mio sucio y desprolijo ráfagas de nada necesito mucho tiempo oh oh de horas destiladas para recuperar el habla. Quiero tu cuaderno donde vi mi nombre escrito el mismo día que desapareció juro que no fui yo ¿Quién te lo robó? Alguien me ganó... Uh Uh Uh Y al ver como te vas subiendo la escalera cuando aplaudo en el final quisiera que estuvieras por completo pensando en todo esto y nada mas... y en nada más... Me gusta tu cuaderno y no el mio sucio y desprolijo rá..."

martes, 20 de octubre de 2009

V Festival de Cine Under en Quilmes


Del jueves 22 al viernes 24 en diferentes lugares de la ciudad pueden pasar, charlar, compartir, sentarse y ver de forma gratuita una gran selección de películas del V Festival de Cine Under. Acá la programación completa.

viernes, 2 de octubre de 2009

Basta de demoler

“El periodista soviético Ovchinnikov escribe en sus recuerdos del Japón: 'Aquí se cree que es el tiempo en sí el que trae a la luz del día la esencia de las cosas. Por este motivo, los japoneses ven en las huellas del crecimiento un encanto especial. Por eso les fascina el color oscuro de un viejo árbol, una piedra horadada por el viento, o incluso los flecos, testigos de las muchas manos que tocaron un cuadro en sus bordes. Estas huellas del envejecimiento las denominan “saba”, palabra que traducida textualmente significa “herrumbre”. “Saba”: es la herrumbe inimitable, el encanto de lo viejo, el sello, la pátina del tiempo’.
Un elemento así de la belleza, como “saba”, da cuerpo a la unión entre arte y naturaleza. En cierto sentido, los japoneses intentan con ello apropiarse del tiempo como una especie de material artístico”.


(De ‘El tiempo sellado’, en “Esculpir en el tiempo”, de Andrei Tarkovski, 1988).

"...todas las formas tienen su virtud en sí mismas y no en un "contenido" conjetural. Eso concordaría con la tésis de Benedetto Croce; ya Pater, en 1877, afirmó que todas las artes aspiran a la condición de la música, que no es otra cosa que forma. La música, los estados de felicidad, la mitología, las caras trabajadas por el tiempo, ciertos crepúsculos y ciertos lugares, quieren decirnos algo, o algo dijeron que no hubiéramos debido perder, o están por decir algo; esta inminencia de una revelación, que no se produce, es, quizás, el hecho estético".


(De 'La muralla y los libros', en "Otras inquisiciones", de Borges, 1950).






La casa de enfrente no está más. El modus operandi después del cartel en venta, es el siguiente: primero corren los rumores en el barrio; en segunda instancia cubren la fachada, no siempre por completo, con carteles de publicidades o, en el más prolijo de los casos y de los diseños, anuncios del futuro venidero. Esta es la fase de la agonía, los rumores cambian de categoría, ahora son certezas. Aunque no sea más que un ícono del futuro, ese cartel expresa la inminente desaparición de las huellas del pasado. Es el tiempo que queda, nos dejan, para mirar por última vez y guardar. Por último, luego de ver volquetes y otras armas de destrucción estacionados en el frente, sin mayores sorpresas, un día pasamos y… a veces quedan marcas en los edificios vecinos, un último esfuerzo de resistencia, de permanecer.

La casa que ven en la foto, es la casa de enfrente de mi ventana de todos mis años de trabajo en Obligado 2490. Siempre la observaba en los tiempos muertos, y creaba historias misteriosas que sucedían detrás de esa persiana tan desflecada que nunca se abrió, de la reja de hierro trabajada y las plantas entregadas a la deriva, los pilares de la terraza rotos, una rosa tallada con restos de rosado y verde, la ventana ovalada, y el paraíso centinela que me mostraba el paso del tiempo. Por las tarde de otoño, el sol lo iluminaba en una perfecta mitad, “ya son las cuatro” pensaba cuando lo veía así, “ya se siente el aroma de sus florcitas”, cuando levantaba la persiana por la mañana en primavera. Me avisaron con tiempo, preocupados, lamentando el hecho, tomé mis precauciones al pasar por ahí, la última vez ya no quise ni mirar.

La casa de Honduras, casi Bulnes, (ubicada frente a la casa de Evaristo Carriego, institucionalizada como la casa de la poesía), esa que tenía una persiana gigante y un 1908 (creo, no sé porque mi memoria nunca fijo el año) en lo alto de su fachada. La casa que imaginariamente había elegido para mi taller de marcos y de cuadernos, para sentarme con amigos a tomar el té o unos aperitivos y leer o hacer (ellos) y escuchar música, ya no está.

¡Basta de demoler!

domingo, 13 de septiembre de 2009

La casa de la enredadera

Las cosas hay que mirarlas desde todos los ángulos, buscar el punto central que irradia los infinitos rayos de luz que forman la imagen, estudiar los objetos vecinos que pueden sombrearla, definir su contorno, y recién ahí poder empezar a observar cada una de sus caras. Me dirán que es una tarea imposible, y les doy la razón como casi siempre, pero esta vez con una gran satisfacción.

A todas estas variables, que ya aceptamos infinitas, hay que agregar dos de las que no podemos escapar: la tierra es una empedernida danzarina, que sin necesidad de que veamos sus dos pasos, nos trae diferentes sensaciones cada vez, en fragmentos que algunos supieron definir como tiempo, y el resto creyó.

En cada cuadra las veredas son dos, hay excepciones lo sé, también son dos los sentidos que podemos tomar los peatones (lero, lero automovilistas), vale la aclaración, en estado de sobriedad. En la ciudad hay caminos que recorro con mayor frecuencia, y siempre trato de hacer todas las combinaciones posibles, aunque eso implique que tenga que cruzar de más una calle. Los rincones se conocen caminando por las dos aceras, una vez en un sentido, otra vez en el otro, pero a veces pasa que la rutina nos esquiva ciertas calles o direcciones.

Hace unos días la casa de la enredadera me sorprendió con esporádicos ramilletes violáceos, que sospecho son de una glicina, que colgaban en lo alto de las paredes internas aún sin verdear, que se ven mejor caminando desde Charcas* hacia El Caudillo, por la vereda de enfrente. No recuerdo haberlos visto antes. Me detuve un rato a disfrutar.




*Ni bien baje a la calle, veo que iniciales tiene Charcas porque la verdad ni la más pálida idea a qué o quién hace referencia.

miércoles, 9 de septiembre de 2009

Pequeñas cosas que le pasan a cr

Hoy por la mañana (para ser más precisos ayer, porque ya se hizo ayer u hoy) caminaba por Lebensohn desde Lamadrid hacia la universidad (de Quilmes a Bernal, de sur a norte), estaba a mitad de camino, a un par de cuadras de la esquina que siempre tiene el césped cortado y cuidado, donde hay dos plátanos no tan viejos, que desde hace unas semanas se están quitando de encima el invierno a puro brote. En mi andar tranquilo, descuidado, me crucé con una abuelita de barrio, muy bajita y encorvada, vestía con tonos grises, de cabello corto con rulos pequeños que aún conservaban algo de su color, y un par de aros de esos que llevan siempre las abuelas. Una vez que pasó a mi lado, se detuvo y me dijo “disculpame – yo me di vuelta un poco desconcertada porque me pareció raro que necesite preguntarme por alguna calle, entonces, mientras me miraba el rostro, continuó – vas sonriendo, es muy lindo sonreír”
Le agradecí, me despedí, seguí mi camino con una sonrisa*, que a partir de entonces tuvo un motivo concreto.


*Ya saben que cuando me me rio lloro y cuando lloro también me rio.

lunes, 7 de septiembre de 2009

Otras músicas

"... A veces hablaba de este asombro, pero como nadie parecía compartirlo, ni tan sólo comprenderlo (la vida está hecha así, a base de pequeñas soledades), lo olvidé..."

R. Barthes, "La cámara lúcida"




Me pregunto si un rioplatense de nuestro lado del charco es capaz de cantar acompañado tan sólo por una cajita de fósforos y conmover, como lo hace él que es del otro lado. No hay videos del sábado 29 en el C.A.A.F, pero yo aún no lo olvidé.

viernes, 14 de agosto de 2009

Las calles son nuestras

“No sólo soy una guía T, también soy un poco cursi”, frase que bien podría primar entre otras como una presentación de este cuerpecito, y si llegan a leer estas palabras que tanto cuesta que fluyan en conformidad, pactarán sin peros.



Si hay algo que hago a diario, es salir a la calle, ya sé que todos lo hacen, pero cuando digo “a diario”, es “a diario”, no importa que no tenga la obligación de salir, siempre tengo “la necesidad de”: ese aire fresco y húmedo, gente ajena pasando a mi lado, maldecir autos que odio encarecidamente, sonidos disonantes, medios de transporte públicos. Cuando digo “a diario”, paradójicamente también digo “diferente cada vez”; soy de las que caminan, recorren, conocen, reconocen, descubren, se detienen, observan sin prisa, se asombran, sonríen, casi sin horarios estrictos la mayoría de los días, con tiempo de más los otros.



La calle es incertidumbre. No debe asombrarme entonces, que a diario alguien, sin distinguir raza y género, interrumpa mi camino o mi espera para preguntarme cuantas cuadras lo separan de Santa Fe, cómo llegar a Córdoba, cuántas cuadras faltan para Paraguay, si el 39 lo deja en Palermo, y demás preguntas que responde de maravillas la tan visitada Guía T (a veces siento que las arrugas de mi rostro son mapas de la ciudad que yo no llego a distinguir las pocas veces que me acerco a un espejo). Agrego que esto me sucede en toda ciudad o lugar que recorro, TODO. Así es como hace unos días sentí que defraudaba a un par de personas en el cementerio de La Recoleta, cuando tuve que silabar un “no me sé ninguno de acá”, en respuesta a un simpático “¿Lo tenés a Sarmiento?”. No me quejo, me detengo, respondo con total seguridad cuando puedo y pensando un poco más las figuritas difíciles. A veces me confundo y me doy cuenta tarde, lo siento. Otras, acepto la derrota.



La calle es, sin dudas, el mejor lugar del mundo para mirar y enamorarse de la gente. En ella nos vemos tal cual somos, o casi, es probable que sea una visión muy ingenua de mi parte pero siento que en la calle tenemos menos maquillaje. Salimos de nuestras cuevas después de vueltas y vueltas, probándonos el mejor traje y el maquillaje adecuado para ese día (apenas uso maquillaje y como me veo extraña luego de colorearme, me lo quito, ¿será por eso que se traslucen los mapas?). Cerramos la puerta con la certeza de que el mundo nos va a estar observando, pero es el maldito trajinar que acompaña nuestro paso, quien se encarga de liberarnos de tal peso. Ni bien dimos tres pasos, no importa si vamos preocupados, tristes, contentos, apurados, felices, dormidos, es común que nos olvidemos de posar para los demás, es ahí cuando pueden descubrirnos, es ahí cuando podemos descubrirlos. Ahí la calle se vuelve un lugar conocido y deseado.



No me queda otra que decir continuará porque no escribí nada de lo que había pensado originalmente, gran parte de la cursilería quedo afuera.


martes, 11 de agosto de 2009

Funny Ha Ha (II)

¿Recuerdan esta entrada? Se podría decir que de la lista original trazada en el cuaderno hice muy poco, pero me atajo, no por abulia, sino porque los componentes fueron cambiando.
Si bien los intentos y las opciones fueron muchos, variados y algunos olvidables, debo admitir que de lo único que puedo jactarme es de haber logrado la destreza de poder "abrazar"* fotos, láminas, cuadros y objetos. Casualmente el taller de marcos estaba en la lista primordial.




*es una excelente definición del autor de Joselo.

martes, 28 de julio de 2009

Andrei Tarkovski

Había hecho una introducción de porqué cuelgo este texto pero con mis dedos mágicos borré lo escrito, simplemente es que a veces prefiero dejar buenas lecturas a hacerlos perder el tiempo con algo que intente escribir y no salga. Agrego que cada vez que leo estas, que son dos páginas, las disfruto como en el primer encuentro, que siempre luego me quedo pensando, tratando, generando. Es demasiado "ideal", lo sé, supongo que por eso me gusta tanto.



Epílogo de "Esculpir en el tiempo", de Andrei Tarkovski

Una persona verdaderamente libre no puede ser libre en un sentido egoísta. La libertad del individuo tampoco puede ser el resultado de un esfuerzo social. Nuestro futuro depende de nosotros mismos y de nadie más. Y nos hemos acostumbrado a compensar todo con el esfuerzo y el sufrimiento ajenos, ignorando el sencillo hecho de que en este mundo todo está relacionado y que no existe la casualidad, aunque sólo sea porque tenemos una voluntad libre y el derecho a decidirnos entre el bien y el mal. Por supuesto que las posibilidades de la propia libertad se ven limitadas por la libertad de los demás. Pero me parece importante indicar que la falta de libertad siempre es consecuencia de la cobardía y la pasividad interiores, el resultado de la falta de decisión en pro de la expresión de la propia voluntad, acorde con la voz de la conciencia. En Rusia es usual citar al escritor Korolenko, según el cual, «el hombre ha nacido para la felicidad como el pájaro para volar». En mi opinión, no puede haber nada más lejano a la naturaleza de la vida humana que esta frase. En realidad, no tengo idea alguna de lo que puede significar el concepto de felicidad. ¿Contento? ¿Armonía? ¡Pero si el hombre siempre está descontento y no tiende a solucionar cosas concretas, factibles, sino hacia el infinito...! Y ni siquiera la Iglesia consigue calmar esas ansias de absoluto, porque desgraciadamente no parece sino una fachada hueca, una caricatura de las instituciones sociales, que se dedican a organizar la vida práctica. La Iglesia de hoy ha resultado ser incapaz de compensar el sobrepeso materialista y técnico con una llamada a la vida del espíritu. En el contexto de esta situación, la función del arte reside -para mí- en expresar la idea de la libertad absoluta de las posibilidades interiores y espirituales del hombre. En mi opinión, el arte siempre ha sido un arma en la lucha del hombre contra la materia, que amenaza con devorar su espíritu. No es casualidad que el arte, en los milenios de historia del cristianismo, siempre se haya desarrollado en las cercanías de las ideas y los principios de la religión. Ya por su mera existencia está promoviendo dentro del hombre, un ser disarmónico, la idea de armonía. El arte ha dado figura a lo ideal y ha aportado así un ejemplo del equilibrio entre lo ético y lo material. Ha demostrado que ese equilibrio no es ni mito ni ideología, sino que puede ser una realidad también en nuestras dimensiones. El arte ha expresado el ansia de armonía de la persona y su disposición a luchar consigo mismo, para establecer en el interior de su persona el ansiado equilibrio entre lo material y lo espiritual. Si el arte expresa lo ideal y el ansia de lo infinito, no puede servir a fines pragmáticos sin arriesgarse a perder su autonomía. Lo ideal lo actualizan objetos que no existen en la realidad cotidiana, pero que a la vez son imprescindibles para la esfera de lo espiritual. Una obra de arte manifiesta ese ideal que en el futuro será propio de toda la humanidad, pero que de momento es accesible para unos pocos, sobre todo para los genios que se toman la libertad de contrastar lo normal con aquella conciencia ideal que toma forma en su arte. De esta manera, el arte es por esencia aristocrático y establece —a causa de su mera existencia— la diferencia entre dos potenciales, que aseguran el movimiento ascendente de la energía interior, desde lo más bajo hacia lo más alto, con el fin de conseguir un perfeccionamiento interior, espiritual, de la personalidad. Al hablar aquí del carácter aristocrático del arte, me estoy refiriendo —claro está— al ansia del alma humana de buscar la justificación moral, el sentido de su existencia, que de este modo consigue una mayor perfección. En este sentido, todos, en último término, estamos en la misma situación y tenemos las mismas posibilidades de adherirnos a una elite aristocrática. Pero el núcleo del problema reside precisamente en el hecho de que no todos hacen uso de esa posibilidad. Ahora bien, el arte va haciendo ofertas siempre nuevas a la persona para que ésta se examine a sí misma en el marco del ideal que el arte le ofrece. Pero volvamos a Korolenko, que definía el sentido de la existencia humana como el derecho a la felicidad. Esto me recuerda el libro de Job, en que a Elifaz dice: «Ninguna cosa sucede en el mundo sin motivo: que no brotan del suelo los trabajos. Porque el hombre nace para trabajar, como el ave para volar» (Job V, 6). El sufrimiento nace de la insatisfacción, del conflicto entre el ideal y la situación en la que uno se encuentra en ese momento. Mucho más importante que el sentimiento de «felicidad» es el fortalecer el alma en la lucha por aquella libertad verdaderamente divina. El arte refuerza lo mejor de lo que es capaz el hombre: la esperanza, la fe, el amor, la belleza, la devoción o lo que uno sueña y espera. Si alguien que no sabe nadar se lanza al agua, su cuerpo —no él mismo— comienza a hacer movimientos instintivos para no hundirse. También el arte es algo así como un cuerpo humano echado al agua: existe como un instinto, que no permitirá que la humanidad se hunda en el campo espiritual. En el artista se expresa el instinto interior de la humanidad. Pero, ¿qué es el arte? ¿Lo bueno o lo malo? ¿Procede de Dios o del diablo? ¿De la fuerza del hombre o de su debilidad? ¿Es quizá una prenda de la comunidad humana y una imagen de armonía social? ¿Es ésa su función? Es algo así como una declaración de amor. Un reconocimiento de la propia dependencia de otros hombres. Es una confesión. Un acto inconsciente, que refleja el verdadero sentido de la vida: el amor y el sacrificio. Pero si dirigimos la mirada hacia atrás, reconocemos que el camino de la humanidad está lleno de cataclismos y de catás­trofes. Descubrimos las ruinas de civilizaciones destruidas. ¿Qué ha sucedido con ellas? ¿Por qué se agotó su aliento, su voluntad de vivir y sus fuerzas morales? Supongo que nadie creerá que todo eso tiene una causa material. Una idea así me parecería salvaje. Y al mismo tiempo estoy convencido de que hoy volvemos a estar al borde de la destrucción de una civilización porque ignoramos plenamente el lado interior y espiritual del proceso histórico. Porque no queremos reconocer que nuestro imperdonable y pecaminoso materialismo, un materialismo que no conoce la esperanza, ha traído infinitas desgracias sobre la humanidad. Es decir, creemos que somos científicos y dividimos, para conseguir una mayor fuerza de convicción en nuestras cavilaciones científicas, el indivisible proceso de la humanidad en dos partes, haciendo luego de una sola de sus motivaciones la causa de todo.
De esta manera intentamos no sólo justificar los fallos del pasado, sino también proyectar nuestro futuro. Quizá se demuestre en tales errores la paciencia de la historia, que espera que el hombre alguna vez consiga escoger bien, sin tener que terminar en un callejón sin salida en el que la historia, una vez más, corrija el fallido intento por medio de otro paso, esta vez más exitoso. En ese sentido, es verdad lo que afirman tantos: de la historia nadie aprende y la humanidad suele, simplemente, ignorar la experiencia histórica. Dicho en otros términos, toda catástrofe de una civilización descubre sus fallos. Y si el hombre tiene que reemprender su camino desde el principio, se demuestra así que su andadura hasta entonces no estaba marcada por el perfeccionamiento espiritual. Con cuánto gusto querría uno abandonarse, entregarse de vez en cuando a otra concepción del sentido de la vida huma­na. Oriente siempre ha estado más cerca que Occidente de la verdad eterna, pero Occidente ha devorado a Oriente con sus exigencias materiales en la vida. Basta con comparar la música occidental con la oriental. El mundo occidental grita: ¡Éste, éste soy yo! ¡Miradme! ¡Escuchad cómo sufro y cómo amo! ¡Qué infeliz y qué feliz puedo ser! ¡Yo! ¡Yo! ¡Yo! El mundo oriental no dice una sola palabra de sí mismo. Se pierde absolutamente en Dios, en la naturaleza, en el tiempo, y se encuentra a sí mismo en todo. Es capaz de descubrir todo en sí mismo. La música del Tao: China, seiscientos años antes de Cristo. Pero, ¿por qué no triunfó esa idea soberana? Es más: ¿por qué se hundió? ¿Y por qué la civilización que había desarrollado no llegó hasta nosotros en forma de un proceso histórico determinado y perfecto? Es patente que esas ideas entraron en colisión con el mundo material que las rodeaba. Lo mismo que el individuo con la sociedad, también esa civilización entró en colisión con otra. Pero sucumbió no sólo por esto, sino también a causa de su confrontación con el mundo material, con el «progreso» y la tecnología. Las ideas de la civilización oriental son un resultado, la sal de la tierra; de ellas fluye verdadera sabiduría. Pero según esa lógica oriental, la lucha es un pecado. El núcleo de la cuestión reside en que vivimos en un mundo de ideas que nosotros mismos creamos. Dependemos de sus imperfecciones, pero también podríamos depender de sus ventajas y valores. Y ya llegando al final, y en confianza: aparte de la imagen artística, la humanidad no ha inventado nada de manera desinteresada. Y por eso quizá realmente consista el sentido de la existencia humana en la creación de obras de arte, en el acto artístico, ya que éste no posee una meta y es desinteresado. Quizá se demuestre precisamente en ello que hemos sido creados a imagen y semejanza de Dios.

Fuente: Andrei Tarkovski, Esculpir en el tiempo, Ed. Rialp

sábado, 25 de julio de 2009

Kazuo Kamimura


Con un poco de tiempo, como si fuera un juego mágico, un clic en un conjunto de caracteres enigmáticos y aparece un dibujo de esta belleza y de varias más.

miércoles, 22 de julio de 2009

Algo para hacer

Gratuitamente y porque estoy con un tiempo libre, que al principio me asustó, y ahora no hago más que disfrutar sin culpa, el otro día me encontré pensando en cómo sería cumplir los años en invierno, y qué cosas se podían hacer que no lo permitía la primavera tardía. Pensé una lista en mi cabeza mientras jugaba al sol con las bestezuelas de cuatro patas, manchas y orejas caídas que me saltan en Quilmes, luego, en el viaje de vuelta de la casa de mis viejos la escribí en mi cuaderno, y ahora termino de darle forma.
Si la leen se darán cuenta que la mayoría de las acciones son practicables en cualquier época del año. En el más magnífico de los desórdenes y con la aclaración que algunas se pueden hacer al mismo tiempo (y que son muy tontas):

1. Tomar mate amargo con espumita.
2. Jugar con la mascota que nos acompaña en nuestro hogar, de no tener una a mano, pedir prestada alguna en la calle, se encuentra fácilmente de estos animales que los seres humanos nos encargamos de adiestrar y llevar hasta los lugares más recónditos del planeta, o sea nuestros hogares.
3. Hacer música (por el momento solo puedo chasquear los dedos)
4. Comer chocolate, otra opción es una torta casera que alguien nos haya hecho especialmente.
5. Aceptar todos y cada uno de los saludos recibidos, no importa el formato.
6. Encontrarse con un amigo, fumar, reírse a carcajadas, charlar de muchos temas pero detenerse en enumerar las mejores virtudes del género opuesto (en algunos casos el mismo), de ser posible dar ejemplos.
7. Leer un poema, la estrofa de una canción, o un fragmento de un libro muy querido.
8. Escribir algo a mano, no importa la extensión.
9. Besar a alguien, si no se tiene a quien besar, parar en la calle alguno medianamente de nuestro agrado y besarlo, previa explicación de por qué se lo besa, se puede mostrar el documento y citar este blog. (Esta también es impracticable para mí, por lo que propongo que nuestros legisladores promulguen una ley que permita a las personas el día de su cumpleaños besar a alguien porque sí y que se recluten voluntarios/as para tal fin.)
10. Mirar a alguien a los ojos.
11. Regalar una lágrima a alguien.
12. Abrazar a alguien.
13. Figurar el último rostro hermoso que nos cruzamos en la calle, esto es sin distinguir sexo ni edad.
14. Comprar flores.
15. Buscar en la memoria un recuerdo de la niñez, alguno de esos momentos en que logramos hacer algo que nos parecía imposible unos segundos atrás. ¡Sonreír!
16. Bañarse por un largo rato con alguna fragancia que nos guste y andar desnudo por la casa otro tanto, ahora que tengo estufa en casa lo puedo hacer en invierno.
17. Poner una de las canciones favoritas, esas para bailar, y recorrer cada espacio de nuestra casa moviendo todas las partes del cuerpo. ¡Saltar y cantar!
18. Sentarse en una plaza al sol y mirar como brillan los demás, pensar que así brillamos nosotros. En caso de llover, caminar chapoteando y mirar a través de las gotas.
19. Pensar por un segundo en una gran macana que hayamos hecho y guardarla otra vez en la memoria.
20. Putear, pero putear con ganas.
21. Antes de acostarnos tomar un té bien caliente agarrando la taza con ambas manos mientras se la acerca al rostro para lograr un equilibrio agradable entre humito y rostro empañado. Pensar en todo lo que hicimos.



jueves, 16 de julio de 2009

PICT - 411127

Hace un tiempo que evalúo la posibilidad de postularme para algún puesto en el MINCyT por la simple y conveniente razón que la nueva sede se está construyendo bastante cerca de casa, aunque no sé cuan cerca está de materializarse; pero ahora creo que encontré el ministerio ideal para desarrollarme profesionalmente. Ahí nos vemos unos cuantos.





Éste es mucho mejor pero lo subo disimulado porque aún quiero conservar a los pocos visitantes de este lugar.

domingo, 12 de julio de 2009

Penny-farthing

Encontrar* cosas bellas, que seguro son muy conocidas por otros pero desconocidas por uno, las hace más bellas, si además hay bicicletas...






*Encontrar, lo que se dice encontrar no fue, se lo debo a Matilde que lo mostró.

lunes, 29 de junio de 2009

martes, 23 de junio de 2009

Fragmentos en junio (II)


"La nodriza se alza de puntillas, y con la mano pequeña, huesuda y de piel amarillenta, dibuja sobre la frente del anciano la señal de la cruz. Se dan un beso. Es un beso extraño, breve y peculiar: si alguien observara, seguramente sonreiría. Pero como cada beso humano, es también una respuesta -a su manera distorsionada y tierna- a una pregunta que no se puede formular con palabras."




Los vientos de la puna resuenan desde anoche. Comenzó el invierno, y yo salgo contenta con mucho abrigo bajo el sol tenue, de ahora en más los días se van alargando mientras la tierra guarda y nutre sus productos...

lunes, 15 de junio de 2009

Vagas y piensas

Entonces, al acostarme cansada como ahora, recorro el día con un té que voy bebiendo de a pequeños sorbos, ardid que hace que repaso y té duren más. Aunque mis ojos quieran cerrarse las imágenes se van acomodando en un orden temporal que asombra, como si fueran las páginas de un libro que voy releyendo. Las vías cubiertas de césped seco, las ramas recortando el ocaso, el cielo azul púrpura y los rostros se entreveran con este silencio.
Busco en el bolso mis trofeos, no son más que papeles impresos, a veces en grandes imprentas, otras, en las fotocopiadoras más baratas de la zona; pueden tener colores, muchas letras o solo imágenes. Observo, leo, huelo, hojeo y me detengo en alguna combinación de palabras. Doy el último sorbo y me duermo consciente que todo seguirá mezclándose, ya sin orden, en sueños que nunca recordaré.

sábado, 6 de junio de 2009

Fragmentos en junio

“Niní tenía noventa y un años, pero llegó enseguida. Había criado al general en aquella misma habitación. Había estado presente durante su nacimiento. Tenía entonces dieciséis años y era muy hermosa. Era bajita, pero tan fuerte y tranquila como si su cuerpo conociese todos los secretos. Como si escondiese algo en sus huesos, en su sangre, en su carne, los secretos del tiempo o de la vida, algo que no se puede decir a los demás, algo que no se puede traducir a ningún idioma, un secreto que las palabras no pueden expresar. Era la hija del cartero del pueblo; a los dieciséis años dio a luz a un niño y nunca reveló a nadie quién era el padre. Amamantó al general, porque tenía leche en abundancia. Había subido a la mansión tras echarla su padre de casa. No tenía más que el vestido que llevaba puesto y un mechón del cabello de su hijo muerto que guardaba en un sobre. Así llegó a la mansión, y en el momento del parto. El primer sorbo de leche que tomó el general fue del seno de Nini.
Así vivió en la mansión, sin decir palabra, durante setenta y cinco años. Sonreía siempre. Su nombre volaba por las habitaciones, como si los habitantes de la mansión quisieran llamar la atención de los demás, comunicarles algo. Simplemente decían “¡Nini!” Era como si dijeran: “Qué curioso, existe algo más en el mundo que la egolatría, la pasión o la vanidad. Existe Nini…” Como estaba siempre allí donde se la necesitaba, nunca se la veía en ningún sitio. Como siempre estaba contenta, nunca le preguntaban cómo podía estar de buen humor tras haberse ido el hombre al que amaba, tras haberse muerto el niño para quien se le habían hinchado los senos de leche. Amamantó y crió al general, y pasaron setenta y cinco años. A veces, el sol brillaba encima de la mansión, encima de la familia, y en aquellas ocasiones, en medio de aquel resplandor general, todos se daban cuenta, sorprendidos, de que Nini también sonreía.”
Fragmento de "El último encuentro" de Sándor Márai.
Leía en el subte y mis ojos empezaron a lagrimear. Los viajes en subte son cortos. Regresé a casa con ganas de sentarme y no hacer otra cosa más que leer, pero tuve que hacer otras tareas. Por suerte ahora es temprano para dormir.
Gracias Cata por el préstamo y creo tenemos que agradecer a Gonzalo el regalo.

jueves, 4 de junio de 2009

Una para ver en el cine.

A pesar de que ya no trabajo en el laboratorio, los días de la semana están bastante ocupados y los instersticios los voy llenando con la nada misma, o mejor dicho, la dispersión en pinta. Vaya a saber porque, puede que por estar muy cansada, o tener la mente desparramada en varias cosas diferentes (y casi siempre en ninguna), que el tiempo se agota al instante y también me agota. La cuestión es que la mezcla de horarios y mi indisciplina me están jugando una mala pasada, restringiéndome el espacio de ocio.
Ayer, o hace un rato, y haciendo un esfuerzo bastante grande, regresé al cine de cartelera después de mucho tiempo. Todo fue gracias a una recomendación de tan turco como garcía, que siempre sabe lo que dice.

Entonces ahora, antes de dormirme, reemprendo una vieja costumbre de este espacio, que estaba quedando en desuso, para recomendar sin muchos más rodeos, ni largas explicaciones y siempre de la mano del absurdo, la película belga "Rumba". Una última acotación, creí ver una película muda en un escenario creado con papeles glacé (¿existen todavía?) de todos los colores.




lunes, 25 de mayo de 2009

Venteros de labios quebrados

(Viernes, 22 de mayo, un paseo por la Quebrada)


Entonces el día se aquietó para dejar un recuerdo: Después de haber recorrido muchos kilómetros por rutas argentinas en la altura –a veces rectas, otras serpenteantes, siempre entre colores- hubo un momento en que el sol bajó; y prescindiendo de la intensidad roja que muestra en el horizonte plano, solo con un suave anaranjado quebrado, fue apagando nuestros rostros y el brillo de los álamos. No quedó otra que sentarnos sobre las piedras junto al río, olvidar por un rato la Salta y la Norte, mirar en silencio y guardar.




jueves, 21 de mayo de 2009

Unos días en La Linda II

Extraño, muy extraño, pero al momento de ser encontrados a 6000 metros de altura después de 500 años de su "sacrificio", los Niños del Llullaillaco conservaban todos sus órganos menos el spleen.

lunes, 18 de mayo de 2009

Unos días en La Linda

Dormir es distraerse del mundo

Llegar en dos horas a Salta es casi como un cuento de Dick, o un corto surrealista. El ángulo visual de una noche sin dormir y la abertura de 10 x 20, contaron montañas y quebradas quebradas por mares de algodón (me arriesgo a señalar eso como nubes, solo por fotos vistas con anterioridad, alguna vez en un libro).
Salir del aeropuerto para pasear por una fotografía retocada. Un B/N plomizo con flores silvestres amarillas, pintadas con óleo, nada de acuarelas.
Nuestro valeroso emprendimiento por alcanzar el colectivo, para alcanzar el hotel, fue raudamente desestimado por Mario, un conductor de remis que ofreció llevarnos por $5 cada uno.
La ciudad lucía fría pero pronto pude reconocer puertas, ventanas, calles y la plaza.
Ahora al mediodía, luego de un corto descanso: hace sol -como le gusta a Prima Laura- y se puede estar de manga corta.
Acá, en la plaza, sentada en este banco verde, veo avispas, palomas, perros placeros, gente tomando fotos, otros bancos verdes, una glorieta, acacias, palmeras, sauces, magnolias, palos borrachos, pinos y otros de esos que no sé nombrar. También hay naranjos. Ninguna vereda con naranjos se agota.
La Catedral ha perdido su encanto, los tiempos se marcan con tonos, una irremediable mezcla de sonidos de aeropuerto y de celular.
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Los domingos por la mañana, temprano, el valle esta nublado, creo en que los días cumplen un patrón regular y en un par de horas será diferente, con luz y calor.
La plaza no es como ayer, solo tiene restos de una noche, los materiales ya fueron barridos. Hay gente despertando y lavándose en un bebedero, otros que van a misa, dos policías y un vendedor de churros. Los perros aún duermen pero no aquí.

domingo, 10 de mayo de 2009

La necesidad del arte (II)


trina para ti
Cargado originalmente

por cabeza de arbol

Por las mañanas, ya la he visto en otras oportunidades, una tacuarita (Troglodytes aedon*), que es de las aves más hermosas que encontramos en la ciudad, se da un paseo por mi otoñado balcón.

Enfado tal el que me cacé al encontrar la palabra "insignificante" en su descripción, es tan pequeña y perfecta que yo no puedo dejar de admirarla.


*Ratonera: ave pequeña y de aspecto insignificante, habita el sector sudamericano en su totalidad. Su habita de preferencia es en la zona de arbustos y matorrales. Su nombre de ratonera proviene de lo movediza y pequeña que es su largo pico se halla adaptado a su dieta insectívora.

sábado, 9 de mayo de 2009

La necesidad del arte

Gracias muchas a la guitarra y el intérprete que ayer por la tarde hermosearon la espera del subte en la estación 9 de Julio. La música le ganó al chirrido de los rieles, el barullo de la gente y la publicidad de Mama Luchetti*; fuimos muchos los cautivos, que en armonía a tu alrededor, dudamos en subir al primer tren que llegó demorado al andén.


*La de la licuadora está muy bien.

viernes, 24 de abril de 2009

Karma

Pido disculpas a la comunidad de ratas de laboratorio por todos aquellos compañeros vuestros que maté en mi otra vida (laboral)... pero, creo que ya pasó bastante tiempo, por favor déjense de joder.
¿Eso de dedicarles la tesis no sirvió, no?

sábado, 11 de abril de 2009

Isla Martín García

Hay un lugar cercano a esta ciudad y rodeado de agua, donde una vez hubo un tiempo, pero ya no. Un disimulado exclave donde el artículo definido, generalmente en singular, es usado con gran frecuencia: la escuela está a una cuadra de la panadería, que está al lado de la capilla, que esta frente a la cárcel, que esta sobre la calle principal donde pasa el tractor, que llega hasta el puerto donde arriba la embarcación, que trae y lleva, ahora sí diversifiquemos un poco, a varias personas seis días a la semana.



Un lugar de casas con amplias galerías que sueñan con niños andando en triciclos, esos de ruedas delanteras grandes y cuadros de hierro pintados de color rojo, azul o negro. Niñas vestidas de puntilloso y límpido sábado, que la soga o el elástico pronto se encargan de ensuciar. Tardes de largas cebadas de mate y siestas al amparo del sol.



Es tan extraño, que las malezas que crecen en el césped son las flores silvestres más adorables, como si la flora quisiera auto-indemnizarse por la presencia de tantas plantas estranguladoras. Pero me atrevo a pensar que estas flores que colorean todos los fragmentos de verde accesible, no son más que un placebo para distraer a los escasos habitantes y ocultar el poder que este reino tiene sobre la isla. En silencio, de todo se apodera: de la cantera que supo ser fuente de los adoquines que se están llevando de la ciudad; de las casas más alejadas que ya perdieron su turno para soñar; de máquinas y baterías, aquí la apropiación está compartida con telas de arañas; de senderos.



El día en la isla sucede hasta el atardecer, cuando el entero se convierte en una gran silueta estática que solo permite el movimiento de los murciélagos, quienes dañinamente, afilan sus radares contra uno. La luz artificial perdura hasta lograr el sosiego de los habitantes, que siempre se alcanza a la misma hora y los sábados se retrasa un poco más, luego las estrellas y la luna clarean, mientras el resto de las criaturas y el río rompen el silencio, que sabemos desde hace tiempo, no existe.




En algún momento dado y sin muchas explicaciones ni torbellinos, contradiciendo la extraña sensación a la que se llegó al conciliar
el sueño, el día vuelve a comenzar.










viernes, 10 de abril de 2009

Mi amiga de la infancia

En un intento vano por visitar unas muestras pendientes de algunos museos, pero fructífero en disfrutar del sol de abril, estuve dando unas vueltas por la ciudad. Primero la clásica caminata hasta el Bellas Artes, luego un colectivo (es que andaba con monedas) que me llevó hasta San Telmo, quería pasar por el Museo de la Ciudad y el del Traje, pero todos estaban cerrados* como culo de muñeco.

Antes de darme un descanso y un tentempié, y aprovechando que la multitud no era tal, caminé un poco a la deriva por las callecitas del barrio: fue ahí que la casualidad hizo una de las suyas.

Mientras caminaba por la vereda de Bolivar, pasó a mi lado una pareja, yo reparé en la bonita cartera de cuero colorada de ella, solo pude ver sus espaldas. Luego los pasé y me detuve en una vidriera de cosas viejas, iba a entrar, pero preferí seguir camino, unos pasos más adelante ellos se pararon en la entrada de una casa, mientras él abría la puerta ella miró para mi lado, nos miramos… y nos miramos más. Sonreímos sorprendidas con caras de niñas. Nos saludamos sin grandes festejos, pero con una grata sensación de felicidad y hasta un poco idiotas por la sorpresa. Ella le dijo a él “es mi amiga de la infancia”. Intercambiamos un par de palabras en ese estado mezcla de asombro y fascinación y seguimos sin más, con la sensación de estar bien de seguir siendo. Ella entró a su casa. Yo continué hasta el bar “La Poesía”, una esquina agradable que descubrí unas semanas atrás.

El encuentro fue de esos instantes, que retroceden con una velocidad arrolladora años en la memoria, que te llenan de imágenes y te dejan con una gran sonrisa y lágrimas de felicidad.



* No soy tan caída del catre, sé que era el feriado del Viernes Santo, pero antes de salir me fijé en las páginas de los museos y en muchos estaba el horario de los feriados, entonces pensé que quizá los podía encontrar abiertos.

jueves, 9 de abril de 2009

Suma Paz

Alguna noche o madrugada del año pasado -las fracciones en que dividimos y apodamos al día no están ajenas a nuestra subjetividad-, en septiembre acaso, Dolina concluyó el bloque de historia con una canción interpretada por Suma Paz; ahora no recuerdo ni de que iba la fábula que había ocupado la media hora anterior, ni cuál fue la canción entonada, y es seguro que ambas apenas se hayan rozado en algún punto infinitesimal, un costumbrismo que acompaña esa hora del desmayo de mi día y que me divierte mucho más que el encaje perfecto, o el solapamiento completo. Recuerdo sí, que un gran placer me fue envolviendo y arrullando al percibir esa voz… una sensación de suma paz.

Así fue como la maquinaria se activó y a los pocos días, alguno de sus discos estaba paseando conmigo, en formato mp3, valga la aclaración. Una vez más, “algo” que había oído por años de un modo ajeno a través de radios u otros, se convertía en “algo” escuchado por mí, ahora, como casi siempre, gracias a radios u otros. Hoy leí la noticia de su fallecimiento y me puse a escuchar esa voz tan de ensueño, tan de la llanura y a recordar esa noche.

En otro orden de cosas ayer fue mi segunda clase del Taller de marcos y regresé a mi casa con un par de marquitos, muy desencuadrados por cierto, pero de cuatro lados al fin... es que otros no llegaron a esa instancia. La próxima meta es lograr prolijidad, y seguro algún que otro martillazo o serruchazo en los dedos. Es precioso este dibujo de Mint, dan ganas de enmarcarlo.


martes, 24 de marzo de 2009

Cartesianos

Me senté esperando que las coordenadas tiempo y espacio figuren el holograma.

Me senté un largo rato confiando…
Pero no, tiempo y espacio no coincidieron.

Los adoquines se estacionaron con un brillo un poco haragán, el plano solo mostró a una persona que se sentó con la mirada fija entre los ejes, como esperando algo.

Después de un largo rato se levantó y caminó.



jueves, 26 de febrero de 2009

¿Por qué lleva CR el brazo en cabrestillo?

La naturaleza es sabia, dicen. Según parece dicha sabiduría, para compensar mi vigilia tan asimétrica y poco original, me permite en los sueños ser protagonista de las aventuras más osadas, es que no encuentro otra justificación para explicar cómo puedo despertar en medio de la madrugada con un hombro fuera de lugar*.

Dos factores impiden que les cuente con lujo de detalle mi peripecia, ya en la vigilia, desde el momento en que desperté hasta el instante del glorioso, esperadísimo y aliviador clack que indicó que el hombro volvió a su lugar; un lapso de tiempo aproximado de unas tres horas… es que nunca supe la hora en que mi sueño, jamás recordado, se acabó.

Decía que evito más detalles porque, por un lado, sé que algunos lectores de este blog son personas muy sensibles y no quiero ser causante de ningún desmayo, por otro, mi brazo derecho tiene orden médica de estar inmovilizado, además el tener un brazo colgando del cuello y toda la tensión del día de ayer dejaron a mi espalda con una contractura que molesta más que el dolor del brazo lastimado.

Solo les doy un detalle de cómo desperté para que se hagan una idea, yo estaba boca abajo con ambos brazos doblados en un ángulo de 90 grados sobre mi cabeza, tuve que cargar con el brazo en esa posición, porque solo no se sostenía y tampoco lo podía bajar. Una sensación me acompaño todo ese tiempo: DOLOR.

Agregados felices:

Gracias a Margarita, la profe de literatura de la Unquita, que me prestó “Los detectives Salvajes”, Roberto Bolaño es uno de mis preferidos.

Gracias a Gabo Ferro por las canciones de anoche en el Konex, él con una guitarra, su voz y su poesía es un mago que hace ríos. Fui a pesar de mi brazo en cabrestillo (un pañuelo nomás) y las quejas de todos los que vinieron a cuidarme, gracias =)
Millones de gracias al traumatólogo de bella sonrisa que llego a Medicus a eso de las 8 de la mañana y tuvo destreza, delicadeza y paciencia suficientes para conciliar con mi dolor y tensión.

*Lamentablemente sí hay explicación.

domingo, 22 de febrero de 2009

Resfriada en el andén

The wind is low, the birds will sing

El andén estaba casi vacío, a lo sumo tres personas en el extremo izquierdo, y él en el lado opuesto, parado cerca del último banco, unos cuantos metros antes del final del andén. De lejos su apariencia me dijo que me gustaba. Miró para atrás, el subte no llegaba, se sentó. Quise apurarme para sentarme a su lado pero no me pareció prudente quitarle la soledad. Tanto espacio libre y posarme a su lado, yo hubiera protestado. La suerte quiso que tres chicos entraran al andén, pasaron a mi lado revoloteando un paraguas y se pararon cerca. Decidí que sentarme a su lado no iba a indicar más que tenía ganas de sentarme, y que prefería estar más cerca de él que de los otros tres. Así lo hice, pero a una distancia prudencial, que a su vez me permitía mirarlo mejor.
De cerca me gustó más que de lejos. Sus ojos marrones, su cabello castaño despeinado, sus piernas largas a quienes pude perdonar un pantalón de corderoy en verano, sus manos, sus rasgos definidos, cierto sosiego y, otra vez, la prudencia. Me pregunté si había advertido mi presencia, claro que me había visto, pero pensaba si algo de mí lo llevó a mirarme. Mi vestido veraniego de pájaros coloridos, mis chatitas rojas, mi cabello oscuro, mi andar descangayado, el sentarme a su lado. Ambos nos aquietamos con la mirada al frente. Nuestra distancia permitió que al llegar el subte entráramos por diferentes puertas pero en el mismo vagón. Él quedó cerca de la puerta y supongo que sintiéndose observado (o porque tenía que encontrarse con alguien al bajar), se miró en el espejito que hay pegado a la puerta, con sus manos se acomodó el cabello, lo echó para atrás y casi nada más. Pensé que en solo dos estaciones lo perdía, y así fue. En la combinación no lo sentí caminar detrás de mí, ni pasarme, una vez que subí las escaleras miré para enfrente hasta verlo pasar por el andén. La B era su destino. En verdad sospecho que nunca me miró.

Me pregunto cada cuanto tiempo uno se cruza y conoce personas hermosas, si eso esta regulado de algún modo y es diferente para cada persona, y cuestiones así. Remendando el tiempo sospecho, y decido según mi protocolo, que ya es hora de volverme a cruzar con alguien hermoso. Eso sí pido por favor, impero, exijo, esta vez, poder gustarle. El hecho es que voy por muy mal camino, quizás deba cambiar de combinación o de línea.

jueves, 19 de febrero de 2009

Breath



Alguien también respira nuestro aire de 30 °C. Ofrecimos danzas multicolores para un encuentro. Confiamos. Lloraremos de felicidad.

"Aliento" esta muy bien, más que bien, no pude esperar al estreno que parece es en marzo y ya la ví. Estaré en el cine en cuanto la estrenen.

lunes, 16 de febrero de 2009

Asimetrías

Es probable que pedirle a la heladera "no como las de antes" que funcione más de ocho años sin inconvenientes sea demasiado, no lo sé, pero para continuar con las asimetrías que me acompañan invariablemente desde mi nacimiento: mi heladera esta encaprichada, decidió que el freezer marche como siempre pero que el resto del equipo entre en huelga.
Suceso éste, que tampoco me permite hacer alarde de originalidad, la heladera se me rompe en el verano y el calefón en el invierno, como a todos.
Dadas las pruebas empíricas: asimétrica y poco original, se puede concluir que soy un desastre.

jueves, 12 de febrero de 2009

Pan casero para disfrutar con amigos

Luego de una degustación en casa hace un par de semanas, Apollonia me pidió que le pase bien detallada la receta de mis panes caseros. Aprovecho la volada, y transcribo directo desde mi memoria, casi lo mismo que escribí para ella de puño y letra en una hoja cuadriculada que arranqué del cuaderno del laboratorio.

Las cantidades son acorde al tamaño de mi cocina, sé por reiterada experiencia que si preparo un kilo, me salen más apelmazados y las superficies libres de mi cocina no dan abasto para sostener tanto bollo.

Ingredientes:
  • Levadura prensada ½ cubo (calsa, golondrina, hay otra marca que no recuerdo)
  • Leche 1 taza de las grandes (250 ml) (puede ser agua pero con leche queda más rico)
  • Azúcar 1 cucharada de té
  • Harina “0000” ½ kilo (la cantidad es aproximada)
  • Sal fina de mesa un puñado, que traducido es como 1 cucharada de té (la cantidad es a gusto de los comensales y a conveniencia de su presión)
  • Aceite 2 cucharadas soperas
  • Manteca cantidad necesaria (una feta de 1/2 cm de un pan es suficiente, también es a gusto)
  • Ingredientes varios para saborizar: ramito de albahaca (si es fresca mejor), ciboulette, queso rallado, orégano, lo que se le antoje o le ofrezca su quinta, o verdulero… ojo con lo que le ofrece su verdulero.


Proceso:


Consejos previos: Si no tienen tiempo o son poco pacientes: ¡olvídenlo!
Se acompaña con música de su agrado. No hay un género preciso, eso sí, consideren que lleva bastante tiempo y las manos suelen estar enharinadas y pegoteadas… que sea un disco largo y nada de andar dando vuelta el disco.
Se prepara el mate, o se abre un vino.


Leudado o sentirse Pasteur por un rato, 15 minutos no más:


1) Entibiar la leche. La temperatura ideal es de 37°C, a las levaduras les gusta el calorcito para reproducirse. Si tienen un termómetro en la cocina son insufribles, y no van a usar el termómetro médico para esto (yo ni de esos tengo), así que meten un dedo limpio si se queman lo enfrían, si sienten frio lo calientan.
2) En un recipiente que puede ser un jarro de ½ litro poner la mitad de la leche tibia, la levadura y el azúcar (que será el alimento de las levaduras). Mezclar con mucha energía con un tenedor. La superficie se tiene que llenar de espuma. Las levaduras para reproducirse quieren, calor, comida y aire.
3) Cubrir con un film o servilleta y dejar leudar. Este proceso depende de la temperatura, hay que trabajar siempre en un ambiente cálido, conviene dejar cerca de una hornalla prendida. No incendie nada, por favor. En 10 o 15 minutos mágicamente el volumen se duplica o triplica. Contextura: es una mezcla heterogénea de un líquido espeso con algunos grumos y mucha espuma en la superficie.


Amasado:


1) En un recipiente de capacidad adecuada para contener el doble de volumen de ½ kilo de harina (una ensaladera grande, un tuper grande) mezclar la harina y la sal. Hacer un hueco en el centro. (Esto se puede ir haciendo mientras las levaduras crecen). Tener a mano leche tibia.
2) Agregar en el hueco el leudado y el aceite. Mezclar de modo envolvente con una cuchara de madera (yo tengo una traída de Finlandia, que es un amor) hay que tratar de unir los elementos secos con los húmedos, agregar el resto de leche. Si notan un exceso de harina agregar más líquido, siempre tibio para no retrasar el proceso. Debe quedar una masa un poco chirle que si uno mete el dedo se queda pegado.
3) Cubrir con un repasador o film y dejar leudar otra vez. El volumen se tiene que duplicar.
4) Para esta altura conviene apagar la hornalla, prender el horno y poner a temperatura moderada. Nunca dejar el bollo apoyado directamente sobre la cocina, porque con el calor del horno se puede secar, o empezar a cocinar. Usar una tabla de madera o una asadera como intermediarios.
5) Una vez que duplicó el volumen, separar en dos o tres fragmentos, agregar harina en forma de lluvia y amasar hasta que los dedos ya no queden pegados. Suelo agregarle pedacitos de manteca (MÍNIMOS DIJE, se corta un pedacito se refriega en las manos y con las manos enmantecadas se amasa). Ahí empieza a emanar un leve olor a alcohol y se desinflan las burbujas. Es el momento de darle la forma deseada y agregarle aquello que tengan para darle un sabor particular. Yo hago bollitos del tamaño de una pelota de ping- pong.
6) Se distribuyen los panes en una asadera enmantecada, dejar un espacio entre ellos. Se pueden pintar con manteca, o simplemente poner sobre la superficie de cada uno un trocito, se hace un tajo sobre la superficie y se deja leudar. SI OTRA VEZ, DIJE PACIENCIA.
7) Una vez que crecieron al horno moderado a fuerte hasta que estén doraditos, queda en ustedes regular el color pero no los dejen secar mucho.
8) Creo no haber olvidado nada.
9) Si llegaron a leer hasta acá son personas muy pacientes y están en condiciones de preparar la receta. Ojalá puedan ponerlo en práctica, con el agregado de sus mañas, ya dije esta es mi receta que seguro es diferente a otras.

Música dije, mi elección para el último proceso fue Dory Previn, una cantautora y poeta de New Jersey que me gusta tanto al punto que soy incapaz de describirla. Tuvo una interesante producción en los 70s, “Mythical Kings and Iguanas” y “On my way to where” son muy escuchables, y por lo que leí una vida un poco agitada.

martes, 10 de febrero de 2009

Opciones (II)

Cuando bajé del colectivo comprendí que la opción "no mojarme" era impracticable, justo en ese instante mi mp3 ordenó "Sigur Ros" y caminé esas cinco cuadras disfrutando de la lluvia, aunque refunfuñando un poco por estar vestida tan de veranito.

domingo, 8 de febrero de 2009

Opciones

O dejo de ir al Jardín Botánico, o Prima Laura se mostrará inquieta en sus futuras visitas a casa.




viernes, 6 de febrero de 2009

The fear


Es la tercera vez que siento miedo desde que vivo acá. La primera fue hace mucho tiempo, hacía poco que me había mudado. Era un viernes a la noche, si mal no recuerdo, aunque no importa el día, todo culpa de “El Inquilino” de Polanski. La veía por primara vez y sola, y nada tenía que ver con esa re-make de los noventas protagonizada por M. Keaton y M. Griffith. Una vez acostada fue imposible levantarme hasta el día siguiente, casi tan imposible como dormir de un tirón.
La segunda vez éramos unos cuantos, para que mentir, unos pocos (unos cuantos aquí ya es una multitud), que sin razón alguna más que la de la charla, derivamos nuestra conversación hacia los fantasmas; o a todas esas palabras que decimos en voz alta no son más que significante pero en el fondo creemos, a regañadientes, tienen significado. La cuestión fue que en el momento de máximo convencimiento de la existencia del mismo, alguno de los pocos que faltaba llegar tocó el timbre. Nadie se atrevía a caminar los cuatro pasos temiblemente eternos y oscuros (así lo eran en ese momento) del pasillo, para atender el portero eléctrico.
La tercera vez fue hace un rato, ahora son las 4:30, y no sé si es por la corta distancia de tiempo que me separa, pero fue la que más sentí. Me despertaron unos gritos agudos de mujer. Como siempre sucede, primero estaban lejanos, inentendibles, pero a medida que iba despertando y tomaba conciencia de que no eran parte de un sueño, los gritos se fueron diferenciando hasta a un terrible “SOLTAME”. Se reiteraba una y otra vez hasta que un par de ventanas vecinas se abrieron y gritaron un “soltala”, primero una voz masculina, luego desde otro ángulo, una voz femenina. Los gritos originales siguieron hasta que se fueron esfumando, no porque yo me durmiera sino porque una ventana los encerró. Se escucharon otros gritos del vozarrón que acostumbra a gritar (siempre es él quien grita)* y luego todo se silenció, demasiado. Yo quedé envuelta en un miedo que me paralizó. No quería moverme ni un milímetro en mi cama, estuve así largo rato, luego me fui moviendo hasta que tomé coraje y me levante para ir a hacer pis… ya no podía más. Sentí mucho miedo de verdad. Muy extraño. Después encendí la computadora y escribí esto. Necesitaba contárselo a alguien**.

*No sé de donde provienen pero son frecuentes estos altercados.
** Debo disculparme, hace días que estoy con ganas de volver, y tenía otras cosas más lindas para compartir.

sábado, 31 de enero de 2009

Cine en Cobra libros

Cobra libros es una librería muy amigable del barrio de Caballito, esta situada en Aranguren 150, si mal no recuerdo es la esquina de Portugal. El local, a pesar de ser muy pequeño, no puede pasar desapercibido a los ojos de cualquier curioso de mediana experiencia, algunos detalles en la vereda hacen desviar la vista: un cisne de cemento cuya función es conservar una planta, otras cuantas de esas macetas tan de la casa de la abuela, una jaula muy pintadita de blanco con algún plumífero revoloteando en su espacio, una vidriera con estantes blancos y libros o revistas poco vistas en otros estantes, y seguro otros detalles distorsionantes que estoy olvidando.

Además de los libros, que ya es un excelente motivo para acercarse, siempre hay muestras de arte y ciclos de cine. Aquí entonces el otro motivo de esta entrada: todos los domingos de febrero a las 21 horas y con entrada libre y gratuita, películas soleadas y acuáticas.

Si el 50% de la programación que no vi, es tan buena como el otro 50% que puedo recomendar, no duden en tener asistencia perfecta.

Esta es la programación completa:

Domingo 1: "Escenas frente al mar" de Takeshi Kitano ***** Del Kitano afable que nos llena de tiernos suspiros y risas inocentes.

Domingo 8: "Las vacaciones del Sr. Hulot" de Jacques Tati

Domingo 15: "Cuento de verano" de Eric Rohmer ***** Del Rohmer que vacaciona en el mar, la cámara sigue a un jovencito que a su vez sigue o espera a una muchacha, que a su vez…

Domingo 22: "Un verano con Monika" de Ingmar Bergman



La entrada (como siempre) es libre y gratuita

jueves, 29 de enero de 2009

"La chica que saltaba en el tiempo"



Parece que esta muy bien, después del viernes lo sabré.

"La chica que saltaba en el tiempo" (Toki o kakeru shojo; Japón, 2006) se puede ver el viernes en la sala Lugones.

lunes, 12 de enero de 2009

Espejuelos

Estoy completamente de acuerdo contigo –dijo la Duquesa- Y la moraleja de eso es: “Sé lo que te gustaría parecer”… O, si quieres que lo diga más simplemente: “Nunca imagines que eres distinta de lo que puedas parecer a los demás, que lo que tu fuiste o puedas haber sido, no fue otra cosa que lo que tú hayas estado pudiendo parecer a los demás”

-Creo que lo entendería mejor -dijo muy diplomáticamente Alicia- si lo tuviera por escrito; no puedo seguirla bien mientras lo dice.

miércoles, 7 de enero de 2009

Aguardando guardada

La tarea no esta concluída, una constante en la vida de cr, pero el flickr esta reactualizado. Pasen, vean y comenten... si quieren: http://www.flickr.com/photos/colgandoropa/

En cuanto al silencio, es así, por el momento el cuadernito se encarga de guardar lo que yo no quiero que este espacio exhiba.
La yapa, una canción alegre:

miércoles, 31 de diciembre de 2008

Acuarelas de río

Todo el día mi alma hoy estará suspensa
de la voz del agua,
como en un sueño
mojado.

¡La voz del agua
dulcemente cierra el mundo!

Todo el día seré un niño
que se está durmiendo.

La vida será solo
una voz querida.

domingo, 14 de diciembre de 2008

Tardes al pedo*






Aromáticos
cristales soñadores
albahaca ven.











Cuando aprenda a diferenciar una mora de una sílaba los haikus tendrán su métrica correspondiente, por el momento es lo que hay, y a Sarita no podemos ir a consultar.


*En recuerdo de Coty Nosiglia y su "Mañanas al pedo"

sábado, 13 de diciembre de 2008

Talán - talán

El tañido de las campanas es uno de los sonidos que más me atrapa de la ciudad, a pesar de su función tan botona. Por un lado son un refugio de algo que ya no existe, de algo que fue, de una ciudad pasada que nunca viví; una especie de pilar o manzana histórica, pero que en su sello del paso del tiempo no hacen más que retrotraerlo. (¿Quién puede creer que aún existen las campanas en la ciudad? ¿Dónde, si es toda bloques de cemento con ventanas espejadas y cuadradas? ¿Qué las necesitamos para marcar la hora? Menos, mucho menos que nos llamen para ir a misa.)

Por otro lado, el que se aleja de su utilidad, y vaya a saber que fue primero, esta su sonido, su música, esa resonancia que ya no avisa sino que rebota, envuelve y persiste. Ese misterio repentino que hace levantar miradas, y volar palomas, porque, o no sabemos bien de donde viene, si estamos en zona desconocida, o nunca logramos verlas, pero no nos importa, distraídos con los sonidos hasta podemos creer en fantasmas.

jueves, 4 de diciembre de 2008

Regalo

Tarde se hizo para escribir sobre aquello que quería escribir. Siempre pasa lo mismo, las palabras aparecen y se acomodan en mi cabeza mientras las canciones suenan y me acompañan en el quehacer culinario, o lo que esté haciendo, a veces me cocino. A decir verdad, fue al revés, primero estuvieron las intencionadas canciones y luego el hacer algo de comida, para completar el acompañamiento, porque así se escuchan mejor. Pero claro, entre el no estar muy ducha en esto de saber de música y el perderme con las biografías, poesías y datos para acomodar, los minutos pasaron y las ideas también, perdiendo estas el ímpetu original se esfumaron hasta nuevo aviso y menos sueño.


Pero siempre hay algo para comentar, en este caso agradecer a los amigos el nuevo habitante de casita. Hace tiempo que lo veía (o la veía) en las vidrieras con muchas ganas, pero lo pensaba un poco incómodo así tan grandote y pesado, que era mejor tener las tiras fragmentadas en el formato original, esas que leía en Rosario, tesoro de tío REM, pero que iba a llevar tiempo juntarlas y bla, bla… Finalmente el domingo me ligué un “Toda Mafalda”, la cuestión es que desde entonces, al acostarme lo tomo entre mis manos cubriendo casi todo el torso y, antes de dormirme o mientras, leo al azar algunas páginas; son precisamente ese peso y ese grandor los que le dan un toque especial, el de sentirse uno muy pequeñito, como un niño, con semejante libraco entre las manos leyendo otra vez esos cuadritos mágicos.