(Viernes, 22 de mayo, un paseo por la Quebrada)
Entonces el día se aquietó para dejar un recuerdo: Después de haber recorrido muchos kilómetros por rutas argentinas en la altura –a veces rectas, otras serpenteantes, siempre entre colores- hubo un momento en que el sol bajó; y prescindiendo de la intensidad roja que muestra en el horizonte plano, solo con un suave anaranjado quebrado, fue apagando nuestros rostros y el brillo de los álamos. No quedó otra que sentarnos sobre las piedras junto al río, olvidar por un rato