Ayer por la tarde cuando regresaba del centro en bici, la pesadez de la ciudad parecía irreparable. Hice escala en la verdulería, y una vez en casa mientras preparaba y tomaba un licuado de duraznos y naranjas con mucho hielo (metabolismo y catabolismo del licuado fueron casi simultáneos); y sacaba de la heladera la masa para unas galletitas de queso que tenía que hornear antes de salir otra vez, el cielo empezó a ennegrecer. Las galletitas se cocinaban y la tormenta dejaba de amenazar, primero unas gotas debiluchas, luego la constancia. Era de locos salir en ese momento. Entonces un par de detalles organizaron una tarde de lluvia perfecta.
Cuando escribí al mercadolibre-librero para disculparme pero que debido a la lluvia no iba a pasar por el libro, recibí la siguiente respuesta: “Venite mañana, disfruta ahora de la lluvia mirándote una linda peli o leyéndote un buen libro”. Algo tan simple y agradable me predispuso de un excelente humor.
Se sumó a esta galantería que un contacto de facebook, de los que no conozco y hacen cosas así, anunció que en este enlace se podía escuchar una extensa lista de temas de Oscar Aleman, cuidadosamente seleccionados. ¿Cómo retribuir tamaña faena? Lo curioso fue que el agradecimiento me llegó a mí, por ser su única radioescucha.
El buen humor se instaló para quedarse hasta tarde. Preparé un maté, me acomodé cerca de la ventana, la lluvia persistía y había aire otra vez. La luz de la lámpara mezclo todo de un ámbar surreal. Me tocó la silla, y el sillón al gato. Me senté a leer, no sé si un buen libro, pero que resulta de mi interés. La música nos acompañó por horas.
Se hizo la noche, un poco de baile, juego con el gato, la cena, y como no pude encontrar un sucedáneo mejor que el sonido de la lluvia para Aleman, ni Reinhardt encargado de cerrar la lista. Seguí el otro consejo del librero y busqué en mi cajón de películas. “Pierrot le fou” fue el primer intento, me pareció que se acomodaba a esa trama en la que estaba envuelta, pero recordé que estaba mal la grabación. “Hiroshima mon amour” movió el aire hacia otro costado, y no pudo ser mejor elección. Ellos son tan hermosos.

Parece tonto, pero junto con esos dos pequeños detalles, provenientes de completos extraños, y la magnífica lluvia, construimos un tiempo-espacio de placer que hacía tiempo no encontraba.



