lunes, 29 de junio de 2009

martes, 23 de junio de 2009

Fragmentos en junio (II)


"La nodriza se alza de puntillas, y con la mano pequeña, huesuda y de piel amarillenta, dibuja sobre la frente del anciano la señal de la cruz. Se dan un beso. Es un beso extraño, breve y peculiar: si alguien observara, seguramente sonreiría. Pero como cada beso humano, es también una respuesta -a su manera distorsionada y tierna- a una pregunta que no se puede formular con palabras."




Los vientos de la puna resuenan desde anoche. Comenzó el invierno, y yo salgo contenta con mucho abrigo bajo el sol tenue, de ahora en más los días se van alargando mientras la tierra guarda y nutre sus productos...

lunes, 15 de junio de 2009

Vagas y piensas

Entonces, al acostarme cansada como ahora, recorro el día con un té que voy bebiendo de a pequeños sorbos, ardid que hace que repaso y té duren más. Aunque mis ojos quieran cerrarse las imágenes se van acomodando en un orden temporal que asombra, como si fueran las páginas de un libro que voy releyendo. Las vías cubiertas de césped seco, las ramas recortando el ocaso, el cielo azul púrpura y los rostros se entreveran con este silencio.
Busco en el bolso mis trofeos, no son más que papeles impresos, a veces en grandes imprentas, otras, en las fotocopiadoras más baratas de la zona; pueden tener colores, muchas letras o solo imágenes. Observo, leo, huelo, hojeo y me detengo en alguna combinación de palabras. Doy el último sorbo y me duermo consciente que todo seguirá mezclándose, ya sin orden, en sueños que nunca recordaré.

sábado, 6 de junio de 2009

Fragmentos en junio

“Niní tenía noventa y un años, pero llegó enseguida. Había criado al general en aquella misma habitación. Había estado presente durante su nacimiento. Tenía entonces dieciséis años y era muy hermosa. Era bajita, pero tan fuerte y tranquila como si su cuerpo conociese todos los secretos. Como si escondiese algo en sus huesos, en su sangre, en su carne, los secretos del tiempo o de la vida, algo que no se puede decir a los demás, algo que no se puede traducir a ningún idioma, un secreto que las palabras no pueden expresar. Era la hija del cartero del pueblo; a los dieciséis años dio a luz a un niño y nunca reveló a nadie quién era el padre. Amamantó al general, porque tenía leche en abundancia. Había subido a la mansión tras echarla su padre de casa. No tenía más que el vestido que llevaba puesto y un mechón del cabello de su hijo muerto que guardaba en un sobre. Así llegó a la mansión, y en el momento del parto. El primer sorbo de leche que tomó el general fue del seno de Nini.
Así vivió en la mansión, sin decir palabra, durante setenta y cinco años. Sonreía siempre. Su nombre volaba por las habitaciones, como si los habitantes de la mansión quisieran llamar la atención de los demás, comunicarles algo. Simplemente decían “¡Nini!” Era como si dijeran: “Qué curioso, existe algo más en el mundo que la egolatría, la pasión o la vanidad. Existe Nini…” Como estaba siempre allí donde se la necesitaba, nunca se la veía en ningún sitio. Como siempre estaba contenta, nunca le preguntaban cómo podía estar de buen humor tras haberse ido el hombre al que amaba, tras haberse muerto el niño para quien se le habían hinchado los senos de leche. Amamantó y crió al general, y pasaron setenta y cinco años. A veces, el sol brillaba encima de la mansión, encima de la familia, y en aquellas ocasiones, en medio de aquel resplandor general, todos se daban cuenta, sorprendidos, de que Nini también sonreía.”
Fragmento de "El último encuentro" de Sándor Márai.
Leía en el subte y mis ojos empezaron a lagrimear. Los viajes en subte son cortos. Regresé a casa con ganas de sentarme y no hacer otra cosa más que leer, pero tuve que hacer otras tareas. Por suerte ahora es temprano para dormir.
Gracias Cata por el préstamo y creo tenemos que agradecer a Gonzalo el regalo.

jueves, 4 de junio de 2009

Una para ver en el cine.

A pesar de que ya no trabajo en el laboratorio, los días de la semana están bastante ocupados y los instersticios los voy llenando con la nada misma, o mejor dicho, la dispersión en pinta. Vaya a saber porque, puede que por estar muy cansada, o tener la mente desparramada en varias cosas diferentes (y casi siempre en ninguna), que el tiempo se agota al instante y también me agota. La cuestión es que la mezcla de horarios y mi indisciplina me están jugando una mala pasada, restringiéndome el espacio de ocio.
Ayer, o hace un rato, y haciendo un esfuerzo bastante grande, regresé al cine de cartelera después de mucho tiempo. Todo fue gracias a una recomendación de tan turco como garcía, que siempre sabe lo que dice.

Entonces ahora, antes de dormirme, reemprendo una vieja costumbre de este espacio, que estaba quedando en desuso, para recomendar sin muchos más rodeos, ni largas explicaciones y siempre de la mano del absurdo, la película belga "Rumba". Una última acotación, creí ver una película muda en un escenario creado con papeles glacé (¿existen todavía?) de todos los colores.




lunes, 25 de mayo de 2009

Venteros de labios quebrados

(Viernes, 22 de mayo, un paseo por la Quebrada)


Entonces el día se aquietó para dejar un recuerdo: Después de haber recorrido muchos kilómetros por rutas argentinas en la altura –a veces rectas, otras serpenteantes, siempre entre colores- hubo un momento en que el sol bajó; y prescindiendo de la intensidad roja que muestra en el horizonte plano, solo con un suave anaranjado quebrado, fue apagando nuestros rostros y el brillo de los álamos. No quedó otra que sentarnos sobre las piedras junto al río, olvidar por un rato la Salta y la Norte, mirar en silencio y guardar.




jueves, 21 de mayo de 2009

Unos días en La Linda II

Extraño, muy extraño, pero al momento de ser encontrados a 6000 metros de altura después de 500 años de su "sacrificio", los Niños del Llullaillaco conservaban todos sus órganos menos el spleen.

lunes, 18 de mayo de 2009

Unos días en La Linda

Dormir es distraerse del mundo

Llegar en dos horas a Salta es casi como un cuento de Dick, o un corto surrealista. El ángulo visual de una noche sin dormir y la abertura de 10 x 20, contaron montañas y quebradas quebradas por mares de algodón (me arriesgo a señalar eso como nubes, solo por fotos vistas con anterioridad, alguna vez en un libro).
Salir del aeropuerto para pasear por una fotografía retocada. Un B/N plomizo con flores silvestres amarillas, pintadas con óleo, nada de acuarelas.
Nuestro valeroso emprendimiento por alcanzar el colectivo, para alcanzar el hotel, fue raudamente desestimado por Mario, un conductor de remis que ofreció llevarnos por $5 cada uno.
La ciudad lucía fría pero pronto pude reconocer puertas, ventanas, calles y la plaza.
Ahora al mediodía, luego de un corto descanso: hace sol -como le gusta a Prima Laura- y se puede estar de manga corta.
Acá, en la plaza, sentada en este banco verde, veo avispas, palomas, perros placeros, gente tomando fotos, otros bancos verdes, una glorieta, acacias, palmeras, sauces, magnolias, palos borrachos, pinos y otros de esos que no sé nombrar. También hay naranjos. Ninguna vereda con naranjos se agota.
La Catedral ha perdido su encanto, los tiempos se marcan con tonos, una irremediable mezcla de sonidos de aeropuerto y de celular.
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Los domingos por la mañana, temprano, el valle esta nublado, creo en que los días cumplen un patrón regular y en un par de horas será diferente, con luz y calor.
La plaza no es como ayer, solo tiene restos de una noche, los materiales ya fueron barridos. Hay gente despertando y lavándose en un bebedero, otros que van a misa, dos policías y un vendedor de churros. Los perros aún duermen pero no aquí.

domingo, 10 de mayo de 2009

La necesidad del arte (II)


trina para ti
Cargado originalmente

por cabeza de arbol

Por las mañanas, ya la he visto en otras oportunidades, una tacuarita (Troglodytes aedon*), que es de las aves más hermosas que encontramos en la ciudad, se da un paseo por mi otoñado balcón.

Enfado tal el que me cacé al encontrar la palabra "insignificante" en su descripción, es tan pequeña y perfecta que yo no puedo dejar de admirarla.


*Ratonera: ave pequeña y de aspecto insignificante, habita el sector sudamericano en su totalidad. Su habita de preferencia es en la zona de arbustos y matorrales. Su nombre de ratonera proviene de lo movediza y pequeña que es su largo pico se halla adaptado a su dieta insectívora.

sábado, 9 de mayo de 2009

La necesidad del arte

Gracias muchas a la guitarra y el intérprete que ayer por la tarde hermosearon la espera del subte en la estación 9 de Julio. La música le ganó al chirrido de los rieles, el barullo de la gente y la publicidad de Mama Luchetti*; fuimos muchos los cautivos, que en armonía a tu alrededor, dudamos en subir al primer tren que llegó demorado al andén.


*La de la licuadora está muy bien.

viernes, 24 de abril de 2009

Karma

Pido disculpas a la comunidad de ratas de laboratorio por todos aquellos compañeros vuestros que maté en mi otra vida (laboral)... pero, creo que ya pasó bastante tiempo, por favor déjense de joder.
¿Eso de dedicarles la tesis no sirvió, no?

sábado, 11 de abril de 2009

Isla Martín García

Hay un lugar cercano a esta ciudad y rodeado de agua, donde una vez hubo un tiempo, pero ya no. Un disimulado exclave donde el artículo definido, generalmente en singular, es usado con gran frecuencia: la escuela está a una cuadra de la panadería, que está al lado de la capilla, que esta frente a la cárcel, que esta sobre la calle principal donde pasa el tractor, que llega hasta el puerto donde arriba la embarcación, que trae y lleva, ahora sí diversifiquemos un poco, a varias personas seis días a la semana.



Un lugar de casas con amplias galerías que sueñan con niños andando en triciclos, esos de ruedas delanteras grandes y cuadros de hierro pintados de color rojo, azul o negro. Niñas vestidas de puntilloso y límpido sábado, que la soga o el elástico pronto se encargan de ensuciar. Tardes de largas cebadas de mate y siestas al amparo del sol.



Es tan extraño, que las malezas que crecen en el césped son las flores silvestres más adorables, como si la flora quisiera auto-indemnizarse por la presencia de tantas plantas estranguladoras. Pero me atrevo a pensar que estas flores que colorean todos los fragmentos de verde accesible, no son más que un placebo para distraer a los escasos habitantes y ocultar el poder que este reino tiene sobre la isla. En silencio, de todo se apodera: de la cantera que supo ser fuente de los adoquines que se están llevando de la ciudad; de las casas más alejadas que ya perdieron su turno para soñar; de máquinas y baterías, aquí la apropiación está compartida con telas de arañas; de senderos.



El día en la isla sucede hasta el atardecer, cuando el entero se convierte en una gran silueta estática que solo permite el movimiento de los murciélagos, quienes dañinamente, afilan sus radares contra uno. La luz artificial perdura hasta lograr el sosiego de los habitantes, que siempre se alcanza a la misma hora y los sábados se retrasa un poco más, luego las estrellas y la luna clarean, mientras el resto de las criaturas y el río rompen el silencio, que sabemos desde hace tiempo, no existe.




En algún momento dado y sin muchas explicaciones ni torbellinos, contradiciendo la extraña sensación a la que se llegó al conciliar
el sueño, el día vuelve a comenzar.










viernes, 10 de abril de 2009

Mi amiga de la infancia

En un intento vano por visitar unas muestras pendientes de algunos museos, pero fructífero en disfrutar del sol de abril, estuve dando unas vueltas por la ciudad. Primero la clásica caminata hasta el Bellas Artes, luego un colectivo (es que andaba con monedas) que me llevó hasta San Telmo, quería pasar por el Museo de la Ciudad y el del Traje, pero todos estaban cerrados* como culo de muñeco.

Antes de darme un descanso y un tentempié, y aprovechando que la multitud no era tal, caminé un poco a la deriva por las callecitas del barrio: fue ahí que la casualidad hizo una de las suyas.

Mientras caminaba por la vereda de Bolivar, pasó a mi lado una pareja, yo reparé en la bonita cartera de cuero colorada de ella, solo pude ver sus espaldas. Luego los pasé y me detuve en una vidriera de cosas viejas, iba a entrar, pero preferí seguir camino, unos pasos más adelante ellos se pararon en la entrada de una casa, mientras él abría la puerta ella miró para mi lado, nos miramos… y nos miramos más. Sonreímos sorprendidas con caras de niñas. Nos saludamos sin grandes festejos, pero con una grata sensación de felicidad y hasta un poco idiotas por la sorpresa. Ella le dijo a él “es mi amiga de la infancia”. Intercambiamos un par de palabras en ese estado mezcla de asombro y fascinación y seguimos sin más, con la sensación de estar bien de seguir siendo. Ella entró a su casa. Yo continué hasta el bar “La Poesía”, una esquina agradable que descubrí unas semanas atrás.

El encuentro fue de esos instantes, que retroceden con una velocidad arrolladora años en la memoria, que te llenan de imágenes y te dejan con una gran sonrisa y lágrimas de felicidad.



* No soy tan caída del catre, sé que era el feriado del Viernes Santo, pero antes de salir me fijé en las páginas de los museos y en muchos estaba el horario de los feriados, entonces pensé que quizá los podía encontrar abiertos.

jueves, 9 de abril de 2009

Suma Paz

Alguna noche o madrugada del año pasado -las fracciones en que dividimos y apodamos al día no están ajenas a nuestra subjetividad-, en septiembre acaso, Dolina concluyó el bloque de historia con una canción interpretada por Suma Paz; ahora no recuerdo ni de que iba la fábula que había ocupado la media hora anterior, ni cuál fue la canción entonada, y es seguro que ambas apenas se hayan rozado en algún punto infinitesimal, un costumbrismo que acompaña esa hora del desmayo de mi día y que me divierte mucho más que el encaje perfecto, o el solapamiento completo. Recuerdo sí, que un gran placer me fue envolviendo y arrullando al percibir esa voz… una sensación de suma paz.

Así fue como la maquinaria se activó y a los pocos días, alguno de sus discos estaba paseando conmigo, en formato mp3, valga la aclaración. Una vez más, “algo” que había oído por años de un modo ajeno a través de radios u otros, se convertía en “algo” escuchado por mí, ahora, como casi siempre, gracias a radios u otros. Hoy leí la noticia de su fallecimiento y me puse a escuchar esa voz tan de ensueño, tan de la llanura y a recordar esa noche.

En otro orden de cosas ayer fue mi segunda clase del Taller de marcos y regresé a mi casa con un par de marquitos, muy desencuadrados por cierto, pero de cuatro lados al fin... es que otros no llegaron a esa instancia. La próxima meta es lograr prolijidad, y seguro algún que otro martillazo o serruchazo en los dedos. Es precioso este dibujo de Mint, dan ganas de enmarcarlo.


martes, 24 de marzo de 2009

Cartesianos

Me senté esperando que las coordenadas tiempo y espacio figuren el holograma.

Me senté un largo rato confiando…
Pero no, tiempo y espacio no coincidieron.

Los adoquines se estacionaron con un brillo un poco haragán, el plano solo mostró a una persona que se sentó con la mirada fija entre los ejes, como esperando algo.

Después de un largo rato se levantó y caminó.



jueves, 26 de febrero de 2009

¿Por qué lleva CR el brazo en cabrestillo?

La naturaleza es sabia, dicen. Según parece dicha sabiduría, para compensar mi vigilia tan asimétrica y poco original, me permite en los sueños ser protagonista de las aventuras más osadas, es que no encuentro otra justificación para explicar cómo puedo despertar en medio de la madrugada con un hombro fuera de lugar*.

Dos factores impiden que les cuente con lujo de detalle mi peripecia, ya en la vigilia, desde el momento en que desperté hasta el instante del glorioso, esperadísimo y aliviador clack que indicó que el hombro volvió a su lugar; un lapso de tiempo aproximado de unas tres horas… es que nunca supe la hora en que mi sueño, jamás recordado, se acabó.

Decía que evito más detalles porque, por un lado, sé que algunos lectores de este blog son personas muy sensibles y no quiero ser causante de ningún desmayo, por otro, mi brazo derecho tiene orden médica de estar inmovilizado, además el tener un brazo colgando del cuello y toda la tensión del día de ayer dejaron a mi espalda con una contractura que molesta más que el dolor del brazo lastimado.

Solo les doy un detalle de cómo desperté para que se hagan una idea, yo estaba boca abajo con ambos brazos doblados en un ángulo de 90 grados sobre mi cabeza, tuve que cargar con el brazo en esa posición, porque solo no se sostenía y tampoco lo podía bajar. Una sensación me acompaño todo ese tiempo: DOLOR.

Agregados felices:

Gracias a Margarita, la profe de literatura de la Unquita, que me prestó “Los detectives Salvajes”, Roberto Bolaño es uno de mis preferidos.

Gracias a Gabo Ferro por las canciones de anoche en el Konex, él con una guitarra, su voz y su poesía es un mago que hace ríos. Fui a pesar de mi brazo en cabrestillo (un pañuelo nomás) y las quejas de todos los que vinieron a cuidarme, gracias =)
Millones de gracias al traumatólogo de bella sonrisa que llego a Medicus a eso de las 8 de la mañana y tuvo destreza, delicadeza y paciencia suficientes para conciliar con mi dolor y tensión.

*Lamentablemente sí hay explicación.

domingo, 22 de febrero de 2009

Resfriada en el andén

The wind is low, the birds will sing

El andén estaba casi vacío, a lo sumo tres personas en el extremo izquierdo, y él en el lado opuesto, parado cerca del último banco, unos cuantos metros antes del final del andén. De lejos su apariencia me dijo que me gustaba. Miró para atrás, el subte no llegaba, se sentó. Quise apurarme para sentarme a su lado pero no me pareció prudente quitarle la soledad. Tanto espacio libre y posarme a su lado, yo hubiera protestado. La suerte quiso que tres chicos entraran al andén, pasaron a mi lado revoloteando un paraguas y se pararon cerca. Decidí que sentarme a su lado no iba a indicar más que tenía ganas de sentarme, y que prefería estar más cerca de él que de los otros tres. Así lo hice, pero a una distancia prudencial, que a su vez me permitía mirarlo mejor.
De cerca me gustó más que de lejos. Sus ojos marrones, su cabello castaño despeinado, sus piernas largas a quienes pude perdonar un pantalón de corderoy en verano, sus manos, sus rasgos definidos, cierto sosiego y, otra vez, la prudencia. Me pregunté si había advertido mi presencia, claro que me había visto, pero pensaba si algo de mí lo llevó a mirarme. Mi vestido veraniego de pájaros coloridos, mis chatitas rojas, mi cabello oscuro, mi andar descangayado, el sentarme a su lado. Ambos nos aquietamos con la mirada al frente. Nuestra distancia permitió que al llegar el subte entráramos por diferentes puertas pero en el mismo vagón. Él quedó cerca de la puerta y supongo que sintiéndose observado (o porque tenía que encontrarse con alguien al bajar), se miró en el espejito que hay pegado a la puerta, con sus manos se acomodó el cabello, lo echó para atrás y casi nada más. Pensé que en solo dos estaciones lo perdía, y así fue. En la combinación no lo sentí caminar detrás de mí, ni pasarme, una vez que subí las escaleras miré para enfrente hasta verlo pasar por el andén. La B era su destino. En verdad sospecho que nunca me miró.

Me pregunto cada cuanto tiempo uno se cruza y conoce personas hermosas, si eso esta regulado de algún modo y es diferente para cada persona, y cuestiones así. Remendando el tiempo sospecho, y decido según mi protocolo, que ya es hora de volverme a cruzar con alguien hermoso. Eso sí pido por favor, impero, exijo, esta vez, poder gustarle. El hecho es que voy por muy mal camino, quizás deba cambiar de combinación o de línea.

jueves, 19 de febrero de 2009

Breath



Alguien también respira nuestro aire de 30 °C. Ofrecimos danzas multicolores para un encuentro. Confiamos. Lloraremos de felicidad.

"Aliento" esta muy bien, más que bien, no pude esperar al estreno que parece es en marzo y ya la ví. Estaré en el cine en cuanto la estrenen.

lunes, 16 de febrero de 2009

Asimetrías

Es probable que pedirle a la heladera "no como las de antes" que funcione más de ocho años sin inconvenientes sea demasiado, no lo sé, pero para continuar con las asimetrías que me acompañan invariablemente desde mi nacimiento: mi heladera esta encaprichada, decidió que el freezer marche como siempre pero que el resto del equipo entre en huelga.
Suceso éste, que tampoco me permite hacer alarde de originalidad, la heladera se me rompe en el verano y el calefón en el invierno, como a todos.
Dadas las pruebas empíricas: asimétrica y poco original, se puede concluir que soy un desastre.

jueves, 12 de febrero de 2009

Pan casero para disfrutar con amigos

Luego de una degustación en casa hace un par de semanas, Apollonia me pidió que le pase bien detallada la receta de mis panes caseros. Aprovecho la volada, y transcribo directo desde mi memoria, casi lo mismo que escribí para ella de puño y letra en una hoja cuadriculada que arranqué del cuaderno del laboratorio.

Las cantidades son acorde al tamaño de mi cocina, sé por reiterada experiencia que si preparo un kilo, me salen más apelmazados y las superficies libres de mi cocina no dan abasto para sostener tanto bollo.

Ingredientes:
  • Levadura prensada ½ cubo (calsa, golondrina, hay otra marca que no recuerdo)
  • Leche 1 taza de las grandes (250 ml) (puede ser agua pero con leche queda más rico)
  • Azúcar 1 cucharada de té
  • Harina “0000” ½ kilo (la cantidad es aproximada)
  • Sal fina de mesa un puñado, que traducido es como 1 cucharada de té (la cantidad es a gusto de los comensales y a conveniencia de su presión)
  • Aceite 2 cucharadas soperas
  • Manteca cantidad necesaria (una feta de 1/2 cm de un pan es suficiente, también es a gusto)
  • Ingredientes varios para saborizar: ramito de albahaca (si es fresca mejor), ciboulette, queso rallado, orégano, lo que se le antoje o le ofrezca su quinta, o verdulero… ojo con lo que le ofrece su verdulero.


Proceso:


Consejos previos: Si no tienen tiempo o son poco pacientes: ¡olvídenlo!
Se acompaña con música de su agrado. No hay un género preciso, eso sí, consideren que lleva bastante tiempo y las manos suelen estar enharinadas y pegoteadas… que sea un disco largo y nada de andar dando vuelta el disco.
Se prepara el mate, o se abre un vino.


Leudado o sentirse Pasteur por un rato, 15 minutos no más:


1) Entibiar la leche. La temperatura ideal es de 37°C, a las levaduras les gusta el calorcito para reproducirse. Si tienen un termómetro en la cocina son insufribles, y no van a usar el termómetro médico para esto (yo ni de esos tengo), así que meten un dedo limpio si se queman lo enfrían, si sienten frio lo calientan.
2) En un recipiente que puede ser un jarro de ½ litro poner la mitad de la leche tibia, la levadura y el azúcar (que será el alimento de las levaduras). Mezclar con mucha energía con un tenedor. La superficie se tiene que llenar de espuma. Las levaduras para reproducirse quieren, calor, comida y aire.
3) Cubrir con un film o servilleta y dejar leudar. Este proceso depende de la temperatura, hay que trabajar siempre en un ambiente cálido, conviene dejar cerca de una hornalla prendida. No incendie nada, por favor. En 10 o 15 minutos mágicamente el volumen se duplica o triplica. Contextura: es una mezcla heterogénea de un líquido espeso con algunos grumos y mucha espuma en la superficie.


Amasado:


1) En un recipiente de capacidad adecuada para contener el doble de volumen de ½ kilo de harina (una ensaladera grande, un tuper grande) mezclar la harina y la sal. Hacer un hueco en el centro. (Esto se puede ir haciendo mientras las levaduras crecen). Tener a mano leche tibia.
2) Agregar en el hueco el leudado y el aceite. Mezclar de modo envolvente con una cuchara de madera (yo tengo una traída de Finlandia, que es un amor) hay que tratar de unir los elementos secos con los húmedos, agregar el resto de leche. Si notan un exceso de harina agregar más líquido, siempre tibio para no retrasar el proceso. Debe quedar una masa un poco chirle que si uno mete el dedo se queda pegado.
3) Cubrir con un repasador o film y dejar leudar otra vez. El volumen se tiene que duplicar.
4) Para esta altura conviene apagar la hornalla, prender el horno y poner a temperatura moderada. Nunca dejar el bollo apoyado directamente sobre la cocina, porque con el calor del horno se puede secar, o empezar a cocinar. Usar una tabla de madera o una asadera como intermediarios.
5) Una vez que duplicó el volumen, separar en dos o tres fragmentos, agregar harina en forma de lluvia y amasar hasta que los dedos ya no queden pegados. Suelo agregarle pedacitos de manteca (MÍNIMOS DIJE, se corta un pedacito se refriega en las manos y con las manos enmantecadas se amasa). Ahí empieza a emanar un leve olor a alcohol y se desinflan las burbujas. Es el momento de darle la forma deseada y agregarle aquello que tengan para darle un sabor particular. Yo hago bollitos del tamaño de una pelota de ping- pong.
6) Se distribuyen los panes en una asadera enmantecada, dejar un espacio entre ellos. Se pueden pintar con manteca, o simplemente poner sobre la superficie de cada uno un trocito, se hace un tajo sobre la superficie y se deja leudar. SI OTRA VEZ, DIJE PACIENCIA.
7) Una vez que crecieron al horno moderado a fuerte hasta que estén doraditos, queda en ustedes regular el color pero no los dejen secar mucho.
8) Creo no haber olvidado nada.
9) Si llegaron a leer hasta acá son personas muy pacientes y están en condiciones de preparar la receta. Ojalá puedan ponerlo en práctica, con el agregado de sus mañas, ya dije esta es mi receta que seguro es diferente a otras.

Música dije, mi elección para el último proceso fue Dory Previn, una cantautora y poeta de New Jersey que me gusta tanto al punto que soy incapaz de describirla. Tuvo una interesante producción en los 70s, “Mythical Kings and Iguanas” y “On my way to where” son muy escuchables, y por lo que leí una vida un poco agitada.