miércoles, 12 de mayo de 2010

"Nocturno en pleno día"


Las palabras musicales diagramaron un juego,


furioso,

lleno de esa mansa furia

a la que sabe jugar el litoral,

o él.


La tipografía diminuta,

tímida y suave,

dio por fin un salto,

y logró desprenderse del papel,

danzar.

La mezcla amorfa de grises,
marrones,
azules
y negros arratonados

que es la C a las 8 a.m.,

substanció en
sauces,
tipas
y jacarandás.






Gracias Tin Tin por el préstamo.

miércoles, 28 de abril de 2010

Fragmentos de Abril* (primera entrega)



Remolinos, remolinos
el otoño y el viento
Como las palomas
ansiosas de volar,
en bandadas por el aire
las hojas se van.


Me gusta abril, ya con su sonido –aunque mi preferido sea junio- bien interpreta cómo ha de acercarse. La temperatura empieza a descender, entonces disfruto tanto de un baño de lluvia como de uno de sol. El atuendo es más confortable: medias largas de colores, polleras, remeras, alguna chaqueta, pañuelos para el cuello, de lujo son los días que puedo caminar con borceguíes o botas y desordenar con cariño las hojas amarillas y secas. No me quedo pegada en los asientos de los tranportes públicos, eso sí mi pelo sigue atado. Como mi vitalidad es inversamente proporcional a la temperatura, para mí los días se alargan, puedo hacer más cosas o me cuesta menos ir de un lado a otro y caminar. El mate amargo de las siete está bien caliente, luego el vino tinto reemplaza a la cerveza y las variedades de tés comienzan a descender de los estantes, otra vez disfrutar de ese humito al acostarme y de alguna mantita. Abril tiene un color cálido y frío a la vez - o de a ratos, porque no es tibio-, la intensidad de un abrazo que no desarma y perdura.

Con testarudez digo que la luz del otoño dibuja las formas más bellas en esta ciudad, brindo porque aún le quedan dos meses.


*Fragmentos de Abril es una película del cine independiente americano, ya debe tener cinco años o más, con una historia sin excesivos golpes bajos y ritmo ameno que se puede recomendar a todo el público. Lo mejor de la película es salir cantando You, you, you, you you de The 6ths

lunes, 26 de abril de 2010

Palabras en libertad

Hace un tiempo que Fundación PROA se malbalizó. En las salas de la antigua PROA aún se percibían señales de grandes habitaciones con aberturas que mostraban fragmentados los paisajes de Quinquela, y pequeños recovecos que agregaban calidez al lugar. Mi parte preferida del recorrido –sea cual fuera la muestra- era llegar a esa escalera estrecha de metal que conducía a una puerta vidriada de marco amarillo, que abría con engaño al cielo, y que, una vez franqueada, te dejaba en un tablero de damas con vista a los techos de La Boca. Mi otro preferido era la librería.

En la nueva PROA el valor de la entrada es mucho más alto, las salas muestran un museo contemporáneo que se desnuda en una simple mirada y las aberturas se convirtieron en ventanales sin detalles. La terraza es ahora una confitería con deck y grandes sillones blancos al aire libre, de una altura tan inútil que impide ver más allá de la pared. La librería, por suerte, conservó su espíritu, en un ambiente mucho más amplio y mayor variedad entre sus estantes. El lugar no está mal y supongo es más funcional pero perdió parte de su encanto.



En PROA aterrizó El universo futurista y se puede ver hasta el 4 de julio, me parece que está más que bien para ir a darse una vuelta por el lugar.

lunes, 19 de abril de 2010

Mi felini

Aprendí a andar en bici cuando tenía cinco años, o un poco antes. Por aquel entonces Miguel Cané era de tierra y nada lisa, de las cuatro esquinas que forma con Gutiérrez sólo estaba el almacén de Doña María, el resto baldío y eucaliptus. Los troncos de los tilos de la puerta de casa parecían quebrarse de delgados y jóvenes, las veredas eran más discontinuas aún que la calle, un “apenas más” de lo que son ahora y la zanja a veces se perdía de vista entre su variado ecosistema. El escenario parece ríspido pero el método de aprendizaje es tan simple que todo fue muy rápido: primero con dos rueditas, luego con una –supongo que la derecha-, después la otra hasta que un día sin darme cuenta, el amparo ya no fue necesario. Una vez que se quitan las ruedas uno siente que vuela sobre la calle y que puede tomar velocidades irreales, y, sepan, no hay porrazo que justifique su retorno.
Desde entonces siempre tuve una bicicleta entre mis manos que me alcanzaba a donde quisiera ir. Las bicis se heredaban de los mayores de la familia y se pasaban a los menores cuando quedaban chicas, o según disponibilidad. Era bastante grande y yo seguía con esa bici naranja de rodado 14 o 16. Luego vino la bellísima inglesa que está en la casa de los tilos, ahora de gruesos troncos. Por último, para mayor comodidad me compré la que ustedes conocen, una todo terreno de color azul noche con brillos escondidos, que me transportó a tantos lugares por más de quince años. El viernes a la noche alguien cortó la cadena y se la llevó de la puerta del cine Atlas Santa Fe sin mí permiso.
Esta historia iba a ser más extensa, llevo toda una vida de bicicleta y había prenda para una gran colgada, pero en el mismo momento en que descubrí que ya no estaba la bici, intenté dejarla como un objeto sin más importancia que la material para no amargarme. También dejo así esta entrada.
Si saben de alguien que venda una bici avisen, no puedo traer la inglesa porque es muy grande y pesada además de muy querida.

domingo, 18 de abril de 2010

Buen día, día

Bonita lluvia con granizo de yapa para dar fin al BAFICI en la cortada del Abasto, algunos permanecieron estoicos bajo el agua, otros abrieron sus paraguas o improvisaron un techo con las sillas, yo busqué un techito -como la mayoría- y así pude aguantar hasta el final. El documental sobre Miguel Abuelo es entretenido y disfrutable, supongo que siempre que exista algún interés en él. Me causa gracia ver como se institucionalizó un espacio que unos años atrás había sido descubierto y tomado por el BaFreeci.

Nada memorable estos días, pero sí un gracias por el documental de “Stephin Merrit y Magnetic fields” y un adiós a mi bicicleta de purpurina azul.

domingo, 11 de abril de 2010

El silencio de los libros







De paseo en esta tarde de domingo de sol de abril me encontré con "El silencio de los libros", que en un delineado diálogo me enseñó a Franco Matticchio y Jillian Tamaki. Pude perderme detrás de otras formas pero ya tuve que regresar, quizás otra tarde siga la charla.



domingo, 21 de marzo de 2010

Las babas del diablo

Me senté a escribir porque: 1) la otra opción era limpiar más la casa y ordenar la parte alta del mueble; 2) la última colgada data de unos cuantos días atrás, me incomoda abandonar este espacio, pero cada tanto me pasa que no me sale contar nada, o, lo que es peor, me sale contar cosas que no quiero exponer por repetidas, mustias, inexistentes, demasiado personales; 3) alguien me sacó de la modorra preguntando si ya no iba a escribir más; 4) se largó a llover; 5) el gato naranja duerme tendido en su máxima longitud sobre la manta unos tonos más oscuros que él; 6) en los azulejos de mi cocina hay dos rectángulos de papel sensible a la luz que ayer inpregnaron fotones a través del ojo de mi cámara estenopeica; 7) en el cuaderno hay tres textos que necesitan secarse, el del barrio de Villa Urquiza había sido el elegido para inaugurar la temporada de la melancólica felicidad que me trae el otoño -los otros son de los que no quiero que salgan-, pero recordé que tenía ganas de avisar de la muestra de "Grete Stern, Los sueños 1948 - 1951",en el MALBA por si algún despistado no se había enterado aún.

Primero fue la imagen y luego el conflicto. Para que esta colgada no sea un simple aviso de agenda urbana, ni una reseña del catálogo, además, como tuve la oportunidad de ver la muestra cuando estuvo en el CCR unos años atrás – Grete Stern es una de mis favoritas y seguro que hay una antigua mención en estas páginas, además de las fotos que ilustran la entrada de mi sueño- me metí entre los estantes de los libros para armar algo coherente, o al menos armar algo. Ay de mi inocencia, quedé atrapada en una suave maraña de ideas, fragmentos de citas* y autores** que divergieron de un click de Susan Sontag y convergieron en una singular imagen surrealista, imposible de describir y que me llevaría toda la tarde procesar. Entiendo esto como mi mejor recomendación para ir a ver esta muestra, aunque los del MALBA sean unos ladrones, eso sí de guante blanco.

Una mínima información, Grete Stern nació a principios del s. XX en Alemania, estudió en la escuela de la Bauhaus, se fue exiliada un tiempo a Londres, pero finalmente llegó a nuestro país junto a Horacio Coppola. Aquí se estableció y realizó su carrera como fotógrafa.
Otro detalle que no se aclara en la gacetilla de la muestra, dicen que gran parte de esta producción fotográfica se perdió porque la editorial Abril no conservó los originales.




*En el libro "Sobre la fotografía", hay una breve antología de citas que Sontag dedica W. Benjamin, a quien describe como "un apasionado coleccionista de citas".


**D. Arbus, W. Benjamin, Ch. Baudelaire, A. Breton, J. Cortázar, A. Pellegrini, (con un bonito libro de recopilación de poetas surrealistas), Man Ray.


miércoles, 3 de marzo de 2010

Adicciones

La inmediatez, cualidad esquiva de este espacio, pudo ganarle esta vez a la entrada de la ciudad Tsai Ming Liang, que ya lleva casi diez días en un archivo inconcluso y que probablemente siga así, o tome otro rumbo, o reaparezca en la próxima inundación.

Para no contradecir mis costumbres esto llega un poco tarde.

El lunes por la noche la película comenzó, como suele suceder en el piso 10, puntual y con reordenamientos. Los que llegan tarde y atraviesan toda la fila entre los sentados, para ubicarse cuando ya están los títulos; los sentados que exteriorizan su enojo en voz alta, o se levantan, se mueven por la fila y se paran unos segundos delante del tardío ; los otros sentados, no damnificados por los tardíos, pero que exteriorizan su enojo con los que vociferaron antes y retrucan un más fuerte shhhsh; los de las bolsas de nylon; los de la tos seca; los que se enderezan en las butacas provocando un ladeo en cadena, y alternando los lados, de cabezas; los conocidos de siempre.

No entiendo para qué llegó el color al cine, pensé, una vez que se silenció la sala y ya habían pasado unos cuantos fotogramas de “La nostalgia de Veronika Voss”
(Die Sehnsucht der Veronika Voss; Alemania Occidental, 1981). Así está mejor. Mientras seguía a la protagonista en ese juego de luz y sombra proyectado por el director, recordé aquello mencionado hace tiempo aquí, las ansias de una vida en blanco y negro. Si, así es mejor, más bello, más puro. Pero Fassbinder no es Truffaut, es más duro, ¿será el lenguaje? Fassbinder es terrible. Los pensamientos ajenos a la trama de la película siguieron por un rato, el periodista y su novia discutían, yo disfrutaba del saber que me gustan esas películas que me permiten pensar en otras situaciones, que aunque aparentemente no tengan relación alguna, son las imágenes de la pantalla las que lo logran. Pero de pronto, no sé que sucedió, estaba metida de lleno en la historia de la película, intrigada, asustada, casi asfixiada, tuve esa sensación de querer salir de ahí, de que termine de una vez toda esa situación. Salí de la sala repasando mis costumbres. Cuando desaté la bicicleta, descubrí la luna enorme, brillando entre nubes tenebrosas. La velocidad de los autos hacia ella, las luces de carteles y semáforos puntuaban con colores el cielo que parecía más oscuro que otras veces. No dejé de mirarla. Al subir por Córdoba quedó a mis espaldas, y la sentía, trataba de apresurarme para escapar y poder tenerla otra vez en la mira. Pedaleé pensando todo esto y muchas otras cosas. Son perfectos los escritos que hago en la bicicleta ¿Qué otra adicción tendré además del mate amargo por la mañana?

viernes, 19 de febrero de 2010

Confesiones

La luna, cuando está ASÍ como hoy, es como a mí más me gusta. Más aún, cuando se ve un círculo de cielo tan azul que puede parecerme de púrpura.

lunes, 15 de febrero de 2010

La Sueñera


78 “Mi cara en los sueños no coincide con mi cara en el espejo. Mi cara en el espejo no coincide con mi cara en las fotografías. Mi cara en las fotografías no coincide con mi cara en movimiento. Mi cara, decididamente no coincide.”

155 “Diría que me mira fijamente si sólo pudiera asegurar que tiene ojos”

Shua, Ana María, La Sueñera, Alfaguara, 1996.




La imagen es de aquí: Monzo, J.V. Sueños. Grete Stern. IVAM Centre Julio González, Generalitat Valenciana. Valencia, 1995. Catálogo de la exposición realizada en IVAM Centre Julio González de 26 octubre 1995 a 30 enero 1996.




En la madrugada del lunes (pasado) tuve un sueño que recordé al despertar, algo que sucede con poca frecuencia y suele ser durante la duermevela del clarear. Colgando Ropa público ha vivido o sobrevivido un poco más de cinco años, se pueden encontrar aquí pocos sueños, pero siempre que tropiezo con mi inconsciente al despertar trato de escribirlo, y si lo merita*, llega a este espacio.
En mi sueño me mataban, y anticipo el final respaldándome en un comentario que Hitchcock hiciera alguna vez sobre sus películas, no tengo la cita aquí pero créanme o busquen en el libro de las entrevistas que le hizo Truffaut. Él sostenía algo como que conocer el final de una historia no la arruina, ni le quita suspenso; la trama es buena si logra mantener la atención mientras transcurre, y no se sostiene sólo por la incógnita del asesino. Pienso entonces, en la imposibilidad, por aburrido, de re-ver, re-leer, re-escuchar, si el mayor valor reside en el final. Por suerte no es eso lo que ocurre con muchas películas, libros, canciones.

Ahora que ya saben el final de la historia menciono dos inconvenientes inherentes a la transcripción de la costura de los sueños. Primera puntada: el sueño se esfuma al despertar y esos resabios que nos quedan y de los que nos aferramos son tan débiles, y más difíciles de atrapar que al mercurio de un termómetro roto o a mi gato cuando enloquece, que no podemos confiar mucho en ellos. Eso sí, una vez que logramos cazar esos fragmentos, la dicha es tal, que se enciende un circuito capaz de enlazarlos inmediatamente. ¿Pero quién puede asegurarnos que ese es el orden correcto? Ya pasó tanto tiempo y no hay testigos del sueño. Nos separan tantos segundos de aquel mundo, que no podemos creerle como niños a nuestro consciente, que además está feliz por dicha cacería, sólo podemos creerle como adultos -si supiéramos de qué se trata el ser adulto-. El otro hilván a tener en cuenta es que estamos metidos en una traducción, y esto lo suelto sin cita alguna porque no me refiero a “la interpretación de los sueños” sino a la relación significado-significante, si bien no son distintos idiomas al menos permítanme una diferencia de dialectos. La lengua es la misma y distinta a la vez, el significado de las palabras se multiplica. ¿Elegimos la palabra adecuada para tal imagen? La tinta y el papel o las teclas y la pantalla son tangibles, y desde ya, si van a conservar el sueño, lo hacen a su modo.
Todo esto para qué se preguntarán ustedes. Más vale que el sueño este al nivel de cualquier historia de P. K. Dick… bueno no, lo que pasa es que tenía tiempo de escribir esa perorata.

En el mundo del sueño, según entendí, todas las personas tenían que completar un formulario que recibían en sus casas. Simplemente llenaban con cruces distintos casilleros asociados a determinados ítems. Nada de lo escrito pude saber, solo que algunos formularios llegaban hasta el ítem n°7. Estos formularios tenían la particularidad que ni bien se llenaba ese ítem, la persona que lo hacía era asesinada. Poner la cruz en ese casillero significaba que entraban abruptamente a tu casa un grupo de personas vestidos de negro con ametralladoras, sí tal cual una película de mafiosos, y a quemarropa hacían lo suyo. Lo curioso es que todos sabían eso del casillero n°7, pero igual lo completaban. Como si un movimiento inercial llevara a completar el formulario y no había modo de detenerse, de escapar. Uno iba llenando hasta que pensaba “uh 7… me matan”.
Ahora ya saben que a mí me toco el formulario maldito, pero yo no quería morirme, y el mayor inconveniente que encontraba de morir, el mayor repudio o temor, era que luego iban a venir a mi casa y podían leer mi cuaderno, el que me regaló Eugenia. Eso me indignaba, me daba mucha bronca y no quería que sucediera.
De hecho puse la cruz, entraron y me mataron. También estaba al gato y como no se iban con chiquitas, ambos caíamos al piso, desplomados y enrollados. Pero al cabo de unos minutos nos empezábamos a mover lentamente, entonces miraba al gato y le decía sonriendo: “Mirá ,nos mataron pero ya nos movemos otra vez”.

Lo absurdo es que el cuaderno por el que yo no quería morir en mi sueño, tiene escritas unas pocas páginas en lápiz y son los haikus que intercambié con alguien algún tiempo pasado. Palabras ordenadas que expresaban el hacer cotidiano de dos puntos cardinales, creo que en lo cotidiano radicaba su belleza, pero nada más que eso.
La noche anterior al sueño había escrito un haiku que ya no viajó, porque ya no viajan, uniendo tres palabras que habían paseado esos días: letra, lápiz, gato.

*Los méritos fluctúan tanto como la sobrevida de este espacio.

martes, 9 de febrero de 2010

Los vestidos de cr

Hoy usé un vestido muy bonito y bastante llamativo para ir al trabajo, el trabajo no es más que ir a la UNQ, que por esta época es: 1) tener reuniones, 2) preparar el material para las clases en una computadora viejísima con una conexión lentísima, 3) cencontrarse con gente que se conoce de años con la que se tiene un vínculo muy agradable.

La cuestión es que en esta gran familia, nada pasa por alto, si te cortas el pelo (como una lo había hecho) de la otra punta del pasillo sale otra gritando “eh que te pasó?”, si estás bronceada de más también hay comentarios y ni que hablar si alguno aparece con una sonrisa mayor que la habitual.

Por todo esto se imaginarán que mi vestido también fue blanco de comentarios:

Caballero que a veces esta en el box en el que trabajo -“Ah Ceci pero que linda estás con ese vestido lleno de pájaros”.
Cr -“¿Viste? parezco de una película Hitchcock?”
“Uh Los Pájaros”- dijo el de matemáticas alto.

Entonces conté mi anécdota de la calandria y el del primer comentario me puso un sonido de canto de pájaros que tenía grabado en su compu -escuchá Ceci, como los pájaros que te persiguen- dijo con ese tono entre macabro y gracioso que tan bien le sale y le gusta hacer.

En el pasillo, otro caballero amigo del primero pero más formal, que no está en mi box, me dijo- “Ah Ceci, pero que vestido tan Primaveral que tenés, bueno tan veraniego, ah son pájaros”

Otra docente de química, de las que repiten nombre, la más flaca, exclamó - “¡Ah pero que colorida estás, digo florida, digo pajarira!”

“Sí, sí, soy una PAJARONA” dije yo.

lunes, 1 de febrero de 2010

Calle Corrientes

No hubo verano que quiera dar comienzo a la temporada en La Lugones, y que pueda acceder a la sala en el primer intento; por entradas agotadas o por funciones suspendidas, sistemáticamente cada año tuve que dar una segunda vuelta o tercera... el viernes no conseguí entradas llegando al límite del horario de comienzo de la última función del día, y hoy que llegué una hora antes tuve la misma suerte. Conclusión: "las funciones de las 21 hs están agotadas SIEMPRE".


La salida tuvo su recompensa, algo que sucede siempre con las salidas. Como estaba con tiempo y con ganas de perderlo, hice lo que se hace siempre por esa zona, pero sin comer pizza, tomar cerveza, o café, y en el recorrido de las librerías tropecé con un librito que esperaba desde hace un tiempito. No puedo hacer alarde de páginas impecables, porque el ámbar y el olor que magnifican los libros viejos, se ven obligados a compartir su espacio con unas manchas de humedad que cuando desaparezcan se llevarán parte de la celulosa, pero creo que de momento no alcanzan al texto ni a las fotografías. No puedo quejarme lo conseguí a $8 contra los $50 de un ejemplar que aparece publicado en mercado libre.

La vuelta en bicicleta siempre costea las salidas.



viernes, 29 de enero de 2010

Su sueño realizado


La playa no es mi fuerte, no tengo nada contra la arena, el mar, y todos sus excipientes, pero no soporto el sol, por eso el “espacio de tiempo” que disfruto de una playa es siempre el período que transcurre desde que el sol ya deja de molestar y empieza a esconderse hasta su encuentro con la oscuridad total, o parcial, según disponga la luna. No sé si lo han notado pero es en ese comienzo cuando todo adquiere un soplo entre dorado y anaranjado, las pieles se vuelven mucho más tentadoras y los cabellos de purpurina. Es el momento en que puedo empezar a abrir los ojos y observar a las personas, los objetos, los perros y verlos como de a poco se van convirtiendo en siluetas. Una vez que el sol se oculta, después de mostrar todo el espectro visible en una delgada línea, el cielo se va azulando con gran pereza y las estrellas confunden el límite, difuso, entre día y noche. Las espero y las voy contando hasta perderme porque las nebulosas invaden todo o porque olvido el número por el que iba. Amo esos cielos negros, puntuados y esfumados de blanco nácar que ya no tenemos en la ciudad.



Hace unos días, culpa de otro atardecer en la playa, me encontré recordando y comentando el “Rayo verde” en tres de sus presentaciones: la película de Rohmer, la novela de Julio Verne y la explicación científica. La primera la vi una y otra vez, la segunda la conocí por la película pero nunca la leí, la tercera siempre se me complica explicar correctamente porque olvido una parte que no es tan directa, por suerte con esta nueva lectura creo que ya la archivé correctamente (me pregunto si tendría que haber sabido que el azul no se ve porque lo absorbe la atmósfera).



Hace unos días, pero menos, cuando llegué a casa Tin tin me esperaba con el Lemúrido sano ,salvo y gigante y con un gesto de esos que tanto disfruto y tanto necesitaba. Me convidó del libro que estaba leyendo, mirá leé esto y me alcanzó Papeles Inesperados abierto en la página 198, me encontré con un texto de Cortázar que casualmente(¿?) contaba de su rayo verde.


Mi sueño realizado

“Si todavía se pudieran escribir poemas narrativos, esto sería un poema. Por mi parte, apenas si alcanzo a recordar nostálgicamente algunos de los que llenaron de sonido, de furia y de lágrimas mi remota niñez. El vértigo, por ejemplo, de don Gaspar Núñez de Arce, que usted no conoce, entendiendo por usted a ese señor que me habla de literatura en el café de una playa de Mallorca. Era un poema en décimas, forma métrica nada fácil y que don Gaspar esgrimía con soltura digna de una buena prosa (dicho sin la menor ironía). Yo que nunca supe poemar de memoria, ni siquiera los míos que sin embargo me parecen secretamente memorables, recuerdo el comienzo:

Guarnecido de una ría
la entrada incierta y angosta,
sobre un peñón de la costa
que bate el mar noche y día,
se alza gigante y sombría
ancha torre secular
que un rey mandó edificar
a manera de atalaya
para defender la playa
contra los riesgos del mar.

En mi vida sería yo capaz de mandarme (así decimos los argentinos) un poema capaz de narrar algo de manera tan perfectamente justa, económica y a la vez bella. Porque Don Gaspar sigue así durante sesenta o setenta décimas, lo que no es fácil. Mire usted ecológicamente esta situación de la ancha torre secular:

Cuando viento borrascoso
sus almenas no conmueve,
no turba el rumor más leve
la majestad del coloso.
Queda en profundo reposo
largas horas sumergido,
y sólo se escucha el ruido
con que los aires azota
alguna blanca gaviota
que tiene en la peña el nido.

Azotar es aire con un ruido de alas... ¿no es admirable? Lo estamos escuchando todavía, y ya don Gaspar nos depara un brusco cambio que preludia el drama que tendrá por escenario la torre:

Mas cuando en recia batalla
el mar rebramando choca
contra la empinada roca
que allí le sirve de valla;
cuando en la enhiesta muralla
ruge el huracán violento,
entonces, firme en su asiento
el castillo desafía
la salvaje sinfonía
de las olas y el viento.

Después de algo así, y como dicen los entendidos en tauromaquia cuando han asistido a una faena memorable, ya nos podemos ir. Yo también, pero sin olvidar nada; la prueba es que en vísperas de mis sesenta y cinco me acuerdo todavía de esas décimas leídas en alguno de los tomos de El tesoro de la juventud, allá en mi infancia de Banfield, provincia de Buenos Aires. Y si ahora las rememoro en una costa mallorquina digna del castillo de don Gaspar, es porque todo se ha vuelto de nuevo infancia desde ayer por la tarde, a partir del instante en que me fue dado ver, desde el mirador del archiduque Luis Salvador cerca de Deyrà, el rayo verde.
Soy incapaz de saber en qué orden leí de niño una cierta novela de Julio Verne y el poema de don Gaspar; ambas cosas coexisten en mi memoria y acuden juntas a esta máquina de escribir, hoy en que me hubiera gustado hablar del rayo verde como don Gaspar de su torreón batido por el mar y la desgracia, ver nacer de mis manos tecleadoras un poema narrativo que contuviera toda la maravilla por fin realizada ayer de tarde. Porque "El rayo verde", novela poco leída de mi maestro y tocayo, me contó a los nueve años que si mirábamos ponerse el sol en un horizonte marino, si el cielo es diáfano y si a último minuto no se cruza una vela de barco, una bandada de pájaros o una nubecita caprichosa, con el último segmento rojo hundiéndose en la línea del azul veremos surgir un instantáneo y prodigioso rayo verde.

Yo vivía muy lejos del mar, y el sol de mi infancia se ponía entre alambrados, casas de ladrillo y sauces llorones. Subido a la loza de mi casa esperé ingenuamente el milagro del rayo verde, y sólo vi flacas antenas de radio; cuando veinte años después empecé a cruzar el Atlántico y el Pacífico muchos atardeceres me vieron acechar algo que nunca se realizó aunque las condiciones parecieran impecables, y como ocurre en la mal llamada madurez perdí la fe en el rayo verde y en el visionario que me lo había descrito y de alguna manera prometido.

Ayer, desde el mirador del archiduque Luis Salvador, miré una vez más hundirse el sol en el mar. Un amigo mencionó el rayo verde, y me dolió por adelantado que los niños presentes lo esperaran con la misma ansiedad que yo lo había deseado en mi absurdo horizonte suburbano, ahora sería peor, ahora las condiciones estaban dadas y no habría rayo verde, los padres justificarían de cualquier manera el fiasco para consolar a los pequeños; la vida –así la llaman– marcaría otro punto en su camino hacia el conformismo. Del sol quedaba un último, frágil segmento anaranjado. Lo vimos desaparecer detrás del perfecto borde del mar, envuelto en el halo que aún duraría algunos minutos. Y entonces surgió el rayo verde, no era un rayo sino un fulgor, una chispa instantánea en un punto como de fusión alquímica, de solución heracliteana de elementos. Era una chispa intensamente verde, era un rayo verde aunque no fuera en rayo, era el rayo verde, era Julio Verne murmurándome al oído: “¿Lo viste al fin, gran tonto?”

Un poeta romántico hubiera escrito esto mucho mejor, don Gaspar o Shelley. Ellos vivían en un sueño diurno, y lo realizaban en sus poemas. La flor azul de Novalis, la urna griega de John Keats, el perfil de los dioses de Holderlin. Mi rayo verde se vuelve a la nada en el mismo instante en que lo digo; pero era él, era tan verde, era por fin mi rayo verde. De alguna manera supe ayer que mucho de lo que defiendo y que otros creen quimérico está ahí en un horizonte de tiempo futuro, y que otros ojos lo verán también un día."

miércoles, 27 de enero de 2010

Conquista de lo inútil


"Iquitos-Lima, 15/7/79
Andreas llegó ayer a la noche. A las ocho yo ya estaba en la cama leyendo a Gregorovius, "Historia de la ciudad de Roma en el Medioevo", aunque en realidad todavía quería ir al cine. Recién cuando varios del grupo tuvieron ganas, logré levantarme. La película venía de Argentina, con uno bien flaco y uno bien gordo, rubias de pechos inflados y ropa seductora que colgaba en la cocina de una de las damas. El bien gordo, como por su tamaño corporal no podía agacharse del todo, se daba siempre de cara contra las bombachas y los corpiños bambolentes y hacía girar los ojos extasiado. La novia de Andreas gritaba de la risa. En una escena, el gordo también jugaba al tenis."




Conquista de lo inútil, (Diario de filmación de Fitzcarraldo), de Werner Herzog, cosntituyó el año pasado una trilogía de "viscerales" junto con Bolaño y Tarkovski, según mi criterio para agrupar tres tan dispares. El diario tiene pasajes mucho más indigestos, seductores, absurdos y agudos que este fragmento que trasncribí, pero prefiero dejarlos entre las páginas para que los encuentren ustedes cuando puedan leer el libro.

El objetivo de la entrada es recordar o avisar a los despistados que La Lugones comenzó la temporada con una jugosa programación de los documentales de este inefable director.
Hoy daré comienzo a la temporada. Ahí voy entonces al piso diez, el ruido de bolsas y el cabeceo continuo para leer los subtítulos, ¿estará funcionando el aire?

viernes, 15 de enero de 2010

Helado de duraznos

Ingredientes:

2 duraznos
2 claras de huevo
100 ml de crema de leche
3 cdas de azúcar (aunque prefiera los cabellos oscuros en este caso rubia mejor)
1 Minipimer o batidora
1 Apollonia

Tiempo de preparación 10 minutos.

Procedimiento:

Batir en un recipiente las claras a punto nieve, y de paso nos olvidamos por un instante los 30 °C constitutivos de los últimos días. Tengan en cuenta que el volumen se incrementa y que no deben mezclarse ni un poquito con las yemas.

Cortar y procesar los duraznos, para facilitar la operación agregar un poco de crema.

Batir la crema y endulzar, yo prefiero los sabores naturales así que uso poco azúcar, la rubia sabe más rico y le da un tono añejo más elegante. Utilizar un recipiente con capacidad para contener a todos los ingredientes, o sea así de grande.

Mezclar los duraznos procesados con la crema.

Agregar de a poco y en forma envolvente las claras.

Si tiene una Apollonia de amiga puede recibir regalos muy prácticos y muy pop, así que coloca el preparado en los moldecitos de helado que recibió de regalo y le pone el palito colorido, de otro modo lo deja en el mismo recipiente que lo preparó, pero no se luce tanto.

Al freezer dos horas y listo. Si está más tiempo en el freezer se endurece bastante así que es conveniente bajarlo (o subirlo) a la heladera un rato antes de consumir.

Comencé con duraznos, pero será cuestión de seleccionar más variedad en la verdulería vecina.

De fondo un poco de Chet Baker, música para aplacar a las fieras.

lunes, 11 de enero de 2010

Eric Rohmer (1920-2010)

"¿Habéis observado el sol cuando se pone en el horizonte del mar? Sí, sin duda alguna ¿Lo habéis seguido hasta que la parte superior del disco desaparece rozando la línea del horizonte? Es muy posible. Pero ¿Os habéis dado cuenta del fenómeno que se produce en el preciso instante en que el astro radiante lanza su último rayo, si el cielo está completamente despejado y transparente? ¡No, seguramente no! Pues bien, la primera vez que tengas ocasión- ¡se presenta tan raramente!- de hacer esta observación, no será, como podría presumirse un rayo rojo lo que herirá la retina de vuestros ojos, sino que será un rayo verde, pero un verde maravilloso, un verde que ningún pintor puede obtener en su paleta. Un verde cuya naturaleza no se encuentra ni en los variados verdes de los vegetales, ni en las tonalidades de los mares más transparentes. Si existe el verde en el Paraíso, no puede ser mas que este verde, que es sin duda, el verdadero verde de la Esperanza".

JULIO VERNE "El rayo verde".


El cineasta Eric Rohmer describía como pocos el universo femenino, disfruto de ver una y otra vez cada una de sus películas y espero seguir con las que aún no he visto. Sin saber absolutamente nada de su historia lo suponía un ser adorable.

domingo, 10 de enero de 2010

El lemúrido


No sé muy bien que dice el árbol de la vida respecto a los grados de separación entre primates y felinos pero yo estoy construyendo un nuevo paradigma.

sábado, 19 de diciembre de 2009

Lo digo así...

... que se largue a llover a cántaros ahora mismo
que hasta me atrevo a salir desarropada al balcón.

viernes, 11 de diciembre de 2009

Beeswax*


"Pensaba escribir un libro
que hablara de los motivos
por los que se dan las cosas..."


La feria llegaba los domingos a mi barrio, aún lo hace. Recuerdo que a veces acompañaba a madre por curiosidad, un poco a la espera de regresar con un objeto entre mis manos, otro poco a disgusto; cierto que el balance de ambas componentes estuvo siempre determinado por la edad, con un máximo para el disgusto en plena adolescencia. Los puestos se acomodaban regularmente, y como los blancos de madre no cambiaban mucho de domingo a domingo, el trayecto, que ahora no recuerdo, solía ser el mismo. La mercería era una de mis paradas preferidas, buscaba botones y cintas, futuros perifollos de alguna ropa que ella me cosía. Me parecía increíble pero las frutas y las verduras eran mucho más coloridas y aromáticas que en la verdulería, y se compraban en mayor cantidad; adoraba, como lo hago ahora, la llegada de las frutillas y en verano siempre votaba por llevar un gran pedazo de sandía, ese placer cambio un poco los últimos años. Detestaba la fila interminable que había en la granja, y sus olores, las mugre que iba quedando en la vereda, era también un ritual que después de unas cuatro cuadras, sumadas a las cuatro que ya habíamos hecho para llegar, me cansaba de caminar, de esperar a madre, de chocarme con otros, de saludar vecinos, de la muchedumbre y quería regresar. Hace tiempo no voy a la feria, pero creo que madre sigue yendo cada tanto.

Con los años y algunas ciudades visitadas las ferias o mercados fueron otros: el Rastro un paseo reiterado y siempre distinto de mis lejanos domingos en Madrid; Portobello donde compré uno de los objetos más queridos de mi guardarropas; el mercado retro de Rosario, al que mis primas sólo accedieron a acompañarme porque me quieren mucho; el de Pulgas que ya ni sé donde está; el que conocimos el año pasado en Mar del Plata, cerca de la plaza Independencia, donde un señor reparador de cámaras de fotos de enamoró de la mía; Parque Centenario; Parque los Andes; Tristán Narvaja que no pudimos recorrer más que dos cuadras por la lluvia feroz y tantos otros que son y serán siempre bienvenidos. En fin, las ferias, mercados o tiendas son lugares de encuentro y hallazgos acá o en la china.

La intención de esta entrada no fue describir escuetamente las ferias visitadas, podría detenerme en cada una de ellas párrafos y párrafos, pero vine hasta acá para avisarles de una feria que mañana haremos en el barrio de Caballito. Espero que los locos sueltos de esa zona no intimiden vuestra presencia: vengan.


*Besswax: La última que vi de Bujalski, y me gustó.

viernes, 4 de diciembre de 2009

Sentada en el parque.

La lluvia de tipas
como plumas naranjas.
Puedo verlas durante horas
tratando de entender su recorrido.
Algunas caen sobre una hipotenusa perfecta.
Gracias viento.

miércoles, 25 de noviembre de 2009

Tarde de domingo


En Aranguren y Numancia hay una esquina mágica que suele cubrir sus veredas de gente, música, libros, palabras, papeles, bicicletas, gatos y delicias. Cobra es la anfitirona de estos banquetes.

Una foto* de muestra por si no me creen. El domingo pasado por la tarde el pretexto de la reunión fue presentar los cuadernos que hicimos en el taller de El cuelgue cosido, pero eso fue lo de menos. Por cierto en el hueco del árbol hay un gatito que espero poder llevar a casa pronto, cuando su madre nos deje, y si nadie lo hace antes.



* La foto la tomó Guille Salvo, con quien compartimos un par de tardes de sábado encuadernando y tomando mates.

martes, 17 de noviembre de 2009

Foco

Siempre disfruto de una franja-pequeña, en este caso- de nitidez, un banco para descansar, un parque para observar.

lunes, 9 de noviembre de 2009

Cine en la UNQ

Sin orden de continuidad y justificado por el característico "porque sí" o "porque me gusta" que impulsa muchas de mis actividades, en esta oportunidad veremos cine fabricado por chicos.

Tengo el agrado de invitarlos a la proyección de los trabajos que realizan niños y adolescentes en el Taller de Cine El Mate; vendrán de la mano de uno de los docentes del taller, así que luego vamos a poder preguntar y charlar sobre esa experiencia, y por supuesto, sobre cine de animación.

La cita es el miércoles 11 de noviembre a las 20 hs en el aula 22 de la UNQ.

Para llegar a la universidad desde capital pueden tomar el 159 (ramal B/G) que los deja en la puerta luego de unos 30 min de viaje desde el Correo Central.
Para los más aventureros, el tren línea Roca desde Constitución hasta estación Bernal, puro neorrealismo iataliano, un viaje que va de la sonrisa a la lágrima en un parpadear. Yo lo recomiendo.


Para los que no puedan ir una muestra de lo que veremos: El Taller de Cine "El Mate" es una escuela pública ubicada en la provincia de Buenos Aires, Argentina, que depende de la dirección de educación del gobierno municipal. Desde 1987 ofrece un espacio GRATUITO, abierto a la creación para niños y adolescentes interesados en expresarse a través del cine, el video y el cine de animación.



¡Los espero con la cindor o el mate!


viernes, 6 de noviembre de 2009

Como siempre




... mucho en noviembre.

martes, 27 de octubre de 2009

El cuaderno


"Me gusta tu cuaderno y no el mio sucio y desprolijo ráfagas de nada necesito mucho tiempo oh oh de horas destiladas para recuperar el habla. Quiero tu cuaderno donde vi mi nombre escrito el mismo día que desapareció juro que no fui yo ¿Quién te lo robó? Alguien me ganó... Uh Uh Uh Y al ver como te vas subiendo la escalera cuando aplaudo en el final quisiera que estuvieras por completo pensando en todo esto y nada mas... y en nada más... Me gusta tu cuaderno y no el mio sucio y desprolijo rá..."

martes, 20 de octubre de 2009

V Festival de Cine Under en Quilmes


Del jueves 22 al viernes 24 en diferentes lugares de la ciudad pueden pasar, charlar, compartir, sentarse y ver de forma gratuita una gran selección de películas del V Festival de Cine Under. Acá la programación completa.

viernes, 2 de octubre de 2009

Basta de demoler

“El periodista soviético Ovchinnikov escribe en sus recuerdos del Japón: 'Aquí se cree que es el tiempo en sí el que trae a la luz del día la esencia de las cosas. Por este motivo, los japoneses ven en las huellas del crecimiento un encanto especial. Por eso les fascina el color oscuro de un viejo árbol, una piedra horadada por el viento, o incluso los flecos, testigos de las muchas manos que tocaron un cuadro en sus bordes. Estas huellas del envejecimiento las denominan “saba”, palabra que traducida textualmente significa “herrumbre”. “Saba”: es la herrumbe inimitable, el encanto de lo viejo, el sello, la pátina del tiempo’.
Un elemento así de la belleza, como “saba”, da cuerpo a la unión entre arte y naturaleza. En cierto sentido, los japoneses intentan con ello apropiarse del tiempo como una especie de material artístico”.


(De ‘El tiempo sellado’, en “Esculpir en el tiempo”, de Andrei Tarkovski, 1988).

"...todas las formas tienen su virtud en sí mismas y no en un "contenido" conjetural. Eso concordaría con la tésis de Benedetto Croce; ya Pater, en 1877, afirmó que todas las artes aspiran a la condición de la música, que no es otra cosa que forma. La música, los estados de felicidad, la mitología, las caras trabajadas por el tiempo, ciertos crepúsculos y ciertos lugares, quieren decirnos algo, o algo dijeron que no hubiéramos debido perder, o están por decir algo; esta inminencia de una revelación, que no se produce, es, quizás, el hecho estético".


(De 'La muralla y los libros', en "Otras inquisiciones", de Borges, 1950).






La casa de enfrente no está más. El modus operandi después del cartel en venta, es el siguiente: primero corren los rumores en el barrio; en segunda instancia cubren la fachada, no siempre por completo, con carteles de publicidades o, en el más prolijo de los casos y de los diseños, anuncios del futuro venidero. Esta es la fase de la agonía, los rumores cambian de categoría, ahora son certezas. Aunque no sea más que un ícono del futuro, ese cartel expresa la inminente desaparición de las huellas del pasado. Es el tiempo que queda, nos dejan, para mirar por última vez y guardar. Por último, luego de ver volquetes y otras armas de destrucción estacionados en el frente, sin mayores sorpresas, un día pasamos y… a veces quedan marcas en los edificios vecinos, un último esfuerzo de resistencia, de permanecer.

La casa que ven en la foto, es la casa de enfrente de mi ventana de todos mis años de trabajo en Obligado 2490. Siempre la observaba en los tiempos muertos, y creaba historias misteriosas que sucedían detrás de esa persiana tan desflecada que nunca se abrió, de la reja de hierro trabajada y las plantas entregadas a la deriva, los pilares de la terraza rotos, una rosa tallada con restos de rosado y verde, la ventana ovalada, y el paraíso centinela que me mostraba el paso del tiempo. Por las tarde de otoño, el sol lo iluminaba en una perfecta mitad, “ya son las cuatro” pensaba cuando lo veía así, “ya se siente el aroma de sus florcitas”, cuando levantaba la persiana por la mañana en primavera. Me avisaron con tiempo, preocupados, lamentando el hecho, tomé mis precauciones al pasar por ahí, la última vez ya no quise ni mirar.

La casa de Honduras, casi Bulnes, (ubicada frente a la casa de Evaristo Carriego, institucionalizada como la casa de la poesía), esa que tenía una persiana gigante y un 1908 (creo, no sé porque mi memoria nunca fijo el año) en lo alto de su fachada. La casa que imaginariamente había elegido para mi taller de marcos y de cuadernos, para sentarme con amigos a tomar el té o unos aperitivos y leer o hacer (ellos) y escuchar música, ya no está.

¡Basta de demoler!

domingo, 13 de septiembre de 2009

La casa de la enredadera

Las cosas hay que mirarlas desde todos los ángulos, buscar el punto central que irradia los infinitos rayos de luz que forman la imagen, estudiar los objetos vecinos que pueden sombrearla, definir su contorno, y recién ahí poder empezar a observar cada una de sus caras. Me dirán que es una tarea imposible, y les doy la razón como casi siempre, pero esta vez con una gran satisfacción.

A todas estas variables, que ya aceptamos infinitas, hay que agregar dos de las que no podemos escapar: la tierra es una empedernida danzarina, que sin necesidad de que veamos sus dos pasos, nos trae diferentes sensaciones cada vez, en fragmentos que algunos supieron definir como tiempo, y el resto creyó.

En cada cuadra las veredas son dos, hay excepciones lo sé, también son dos los sentidos que podemos tomar los peatones (lero, lero automovilistas), vale la aclaración, en estado de sobriedad. En la ciudad hay caminos que recorro con mayor frecuencia, y siempre trato de hacer todas las combinaciones posibles, aunque eso implique que tenga que cruzar de más una calle. Los rincones se conocen caminando por las dos aceras, una vez en un sentido, otra vez en el otro, pero a veces pasa que la rutina nos esquiva ciertas calles o direcciones.

Hace unos días la casa de la enredadera me sorprendió con esporádicos ramilletes violáceos, que sospecho son de una glicina, que colgaban en lo alto de las paredes internas aún sin verdear, que se ven mejor caminando desde Charcas* hacia El Caudillo, por la vereda de enfrente. No recuerdo haberlos visto antes. Me detuve un rato a disfrutar.




*Ni bien baje a la calle, veo que iniciales tiene Charcas porque la verdad ni la más pálida idea a qué o quién hace referencia.

miércoles, 9 de septiembre de 2009

Pequeñas cosas que le pasan a cr

Hoy por la mañana (para ser más precisos ayer, porque ya se hizo ayer u hoy) caminaba por Lebensohn desde Lamadrid hacia la universidad (de Quilmes a Bernal, de sur a norte), estaba a mitad de camino, a un par de cuadras de la esquina que siempre tiene el césped cortado y cuidado, donde hay dos plátanos no tan viejos, que desde hace unas semanas se están quitando de encima el invierno a puro brote. En mi andar tranquilo, descuidado, me crucé con una abuelita de barrio, muy bajita y encorvada, vestía con tonos grises, de cabello corto con rulos pequeños que aún conservaban algo de su color, y un par de aros de esos que llevan siempre las abuelas. Una vez que pasó a mi lado, se detuvo y me dijo “disculpame – yo me di vuelta un poco desconcertada porque me pareció raro que necesite preguntarme por alguna calle, entonces, mientras me miraba el rostro, continuó – vas sonriendo, es muy lindo sonreír”
Le agradecí, me despedí, seguí mi camino con una sonrisa*, que a partir de entonces tuvo un motivo concreto.


*Ya saben que cuando me me rio lloro y cuando lloro también me rio.

lunes, 7 de septiembre de 2009

Otras músicas

"... A veces hablaba de este asombro, pero como nadie parecía compartirlo, ni tan sólo comprenderlo (la vida está hecha así, a base de pequeñas soledades), lo olvidé..."

R. Barthes, "La cámara lúcida"




Me pregunto si un rioplatense de nuestro lado del charco es capaz de cantar acompañado tan sólo por una cajita de fósforos y conmover, como lo hace él que es del otro lado. No hay videos del sábado 29 en el C.A.A.F, pero yo aún no lo olvidé.

viernes, 14 de agosto de 2009

Las calles son nuestras

“No sólo soy una guía T, también soy un poco cursi”, frase que bien podría primar entre otras como una presentación de este cuerpecito, y si llegan a leer estas palabras que tanto cuesta que fluyan en conformidad, pactarán sin peros.



Si hay algo que hago a diario, es salir a la calle, ya sé que todos lo hacen, pero cuando digo “a diario”, es “a diario”, no importa que no tenga la obligación de salir, siempre tengo “la necesidad de”: ese aire fresco y húmedo, gente ajena pasando a mi lado, maldecir autos que odio encarecidamente, sonidos disonantes, medios de transporte públicos. Cuando digo “a diario”, paradójicamente también digo “diferente cada vez”; soy de las que caminan, recorren, conocen, reconocen, descubren, se detienen, observan sin prisa, se asombran, sonríen, casi sin horarios estrictos la mayoría de los días, con tiempo de más los otros.



La calle es incertidumbre. No debe asombrarme entonces, que a diario alguien, sin distinguir raza y género, interrumpa mi camino o mi espera para preguntarme cuantas cuadras lo separan de Santa Fe, cómo llegar a Córdoba, cuántas cuadras faltan para Paraguay, si el 39 lo deja en Palermo, y demás preguntas que responde de maravillas la tan visitada Guía T (a veces siento que las arrugas de mi rostro son mapas de la ciudad que yo no llego a distinguir las pocas veces que me acerco a un espejo). Agrego que esto me sucede en toda ciudad o lugar que recorro, TODO. Así es como hace unos días sentí que defraudaba a un par de personas en el cementerio de La Recoleta, cuando tuve que silabar un “no me sé ninguno de acá”, en respuesta a un simpático “¿Lo tenés a Sarmiento?”. No me quejo, me detengo, respondo con total seguridad cuando puedo y pensando un poco más las figuritas difíciles. A veces me confundo y me doy cuenta tarde, lo siento. Otras, acepto la derrota.



La calle es, sin dudas, el mejor lugar del mundo para mirar y enamorarse de la gente. En ella nos vemos tal cual somos, o casi, es probable que sea una visión muy ingenua de mi parte pero siento que en la calle tenemos menos maquillaje. Salimos de nuestras cuevas después de vueltas y vueltas, probándonos el mejor traje y el maquillaje adecuado para ese día (apenas uso maquillaje y como me veo extraña luego de colorearme, me lo quito, ¿será por eso que se traslucen los mapas?). Cerramos la puerta con la certeza de que el mundo nos va a estar observando, pero es el maldito trajinar que acompaña nuestro paso, quien se encarga de liberarnos de tal peso. Ni bien dimos tres pasos, no importa si vamos preocupados, tristes, contentos, apurados, felices, dormidos, es común que nos olvidemos de posar para los demás, es ahí cuando pueden descubrirnos, es ahí cuando podemos descubrirlos. Ahí la calle se vuelve un lugar conocido y deseado.



No me queda otra que decir continuará porque no escribí nada de lo que había pensado originalmente, gran parte de la cursilería quedo afuera.


martes, 11 de agosto de 2009

Funny Ha Ha (II)

¿Recuerdan esta entrada? Se podría decir que de la lista original trazada en el cuaderno hice muy poco, pero me atajo, no por abulia, sino porque los componentes fueron cambiando.
Si bien los intentos y las opciones fueron muchos, variados y algunos olvidables, debo admitir que de lo único que puedo jactarme es de haber logrado la destreza de poder "abrazar"* fotos, láminas, cuadros y objetos. Casualmente el taller de marcos estaba en la lista primordial.




*es una excelente definición del autor de Joselo.

martes, 28 de julio de 2009

Andrei Tarkovski

Había hecho una introducción de porqué cuelgo este texto pero con mis dedos mágicos borré lo escrito, simplemente es que a veces prefiero dejar buenas lecturas a hacerlos perder el tiempo con algo que intente escribir y no salga. Agrego que cada vez que leo estas, que son dos páginas, las disfruto como en el primer encuentro, que siempre luego me quedo pensando, tratando, generando. Es demasiado "ideal", lo sé, supongo que por eso me gusta tanto.



Epílogo de "Esculpir en el tiempo", de Andrei Tarkovski

Una persona verdaderamente libre no puede ser libre en un sentido egoísta. La libertad del individuo tampoco puede ser el resultado de un esfuerzo social. Nuestro futuro depende de nosotros mismos y de nadie más. Y nos hemos acostumbrado a compensar todo con el esfuerzo y el sufrimiento ajenos, ignorando el sencillo hecho de que en este mundo todo está relacionado y que no existe la casualidad, aunque sólo sea porque tenemos una voluntad libre y el derecho a decidirnos entre el bien y el mal. Por supuesto que las posibilidades de la propia libertad se ven limitadas por la libertad de los demás. Pero me parece importante indicar que la falta de libertad siempre es consecuencia de la cobardía y la pasividad interiores, el resultado de la falta de decisión en pro de la expresión de la propia voluntad, acorde con la voz de la conciencia. En Rusia es usual citar al escritor Korolenko, según el cual, «el hombre ha nacido para la felicidad como el pájaro para volar». En mi opinión, no puede haber nada más lejano a la naturaleza de la vida humana que esta frase. En realidad, no tengo idea alguna de lo que puede significar el concepto de felicidad. ¿Contento? ¿Armonía? ¡Pero si el hombre siempre está descontento y no tiende a solucionar cosas concretas, factibles, sino hacia el infinito...! Y ni siquiera la Iglesia consigue calmar esas ansias de absoluto, porque desgraciadamente no parece sino una fachada hueca, una caricatura de las instituciones sociales, que se dedican a organizar la vida práctica. La Iglesia de hoy ha resultado ser incapaz de compensar el sobrepeso materialista y técnico con una llamada a la vida del espíritu. En el contexto de esta situación, la función del arte reside -para mí- en expresar la idea de la libertad absoluta de las posibilidades interiores y espirituales del hombre. En mi opinión, el arte siempre ha sido un arma en la lucha del hombre contra la materia, que amenaza con devorar su espíritu. No es casualidad que el arte, en los milenios de historia del cristianismo, siempre se haya desarrollado en las cercanías de las ideas y los principios de la religión. Ya por su mera existencia está promoviendo dentro del hombre, un ser disarmónico, la idea de armonía. El arte ha dado figura a lo ideal y ha aportado así un ejemplo del equilibrio entre lo ético y lo material. Ha demostrado que ese equilibrio no es ni mito ni ideología, sino que puede ser una realidad también en nuestras dimensiones. El arte ha expresado el ansia de armonía de la persona y su disposición a luchar consigo mismo, para establecer en el interior de su persona el ansiado equilibrio entre lo material y lo espiritual. Si el arte expresa lo ideal y el ansia de lo infinito, no puede servir a fines pragmáticos sin arriesgarse a perder su autonomía. Lo ideal lo actualizan objetos que no existen en la realidad cotidiana, pero que a la vez son imprescindibles para la esfera de lo espiritual. Una obra de arte manifiesta ese ideal que en el futuro será propio de toda la humanidad, pero que de momento es accesible para unos pocos, sobre todo para los genios que se toman la libertad de contrastar lo normal con aquella conciencia ideal que toma forma en su arte. De esta manera, el arte es por esencia aristocrático y establece —a causa de su mera existencia— la diferencia entre dos potenciales, que aseguran el movimiento ascendente de la energía interior, desde lo más bajo hacia lo más alto, con el fin de conseguir un perfeccionamiento interior, espiritual, de la personalidad. Al hablar aquí del carácter aristocrático del arte, me estoy refiriendo —claro está— al ansia del alma humana de buscar la justificación moral, el sentido de su existencia, que de este modo consigue una mayor perfección. En este sentido, todos, en último término, estamos en la misma situación y tenemos las mismas posibilidades de adherirnos a una elite aristocrática. Pero el núcleo del problema reside precisamente en el hecho de que no todos hacen uso de esa posibilidad. Ahora bien, el arte va haciendo ofertas siempre nuevas a la persona para que ésta se examine a sí misma en el marco del ideal que el arte le ofrece. Pero volvamos a Korolenko, que definía el sentido de la existencia humana como el derecho a la felicidad. Esto me recuerda el libro de Job, en que a Elifaz dice: «Ninguna cosa sucede en el mundo sin motivo: que no brotan del suelo los trabajos. Porque el hombre nace para trabajar, como el ave para volar» (Job V, 6). El sufrimiento nace de la insatisfacción, del conflicto entre el ideal y la situación en la que uno se encuentra en ese momento. Mucho más importante que el sentimiento de «felicidad» es el fortalecer el alma en la lucha por aquella libertad verdaderamente divina. El arte refuerza lo mejor de lo que es capaz el hombre: la esperanza, la fe, el amor, la belleza, la devoción o lo que uno sueña y espera. Si alguien que no sabe nadar se lanza al agua, su cuerpo —no él mismo— comienza a hacer movimientos instintivos para no hundirse. También el arte es algo así como un cuerpo humano echado al agua: existe como un instinto, que no permitirá que la humanidad se hunda en el campo espiritual. En el artista se expresa el instinto interior de la humanidad. Pero, ¿qué es el arte? ¿Lo bueno o lo malo? ¿Procede de Dios o del diablo? ¿De la fuerza del hombre o de su debilidad? ¿Es quizá una prenda de la comunidad humana y una imagen de armonía social? ¿Es ésa su función? Es algo así como una declaración de amor. Un reconocimiento de la propia dependencia de otros hombres. Es una confesión. Un acto inconsciente, que refleja el verdadero sentido de la vida: el amor y el sacrificio. Pero si dirigimos la mirada hacia atrás, reconocemos que el camino de la humanidad está lleno de cataclismos y de catás­trofes. Descubrimos las ruinas de civilizaciones destruidas. ¿Qué ha sucedido con ellas? ¿Por qué se agotó su aliento, su voluntad de vivir y sus fuerzas morales? Supongo que nadie creerá que todo eso tiene una causa material. Una idea así me parecería salvaje. Y al mismo tiempo estoy convencido de que hoy volvemos a estar al borde de la destrucción de una civilización porque ignoramos plenamente el lado interior y espiritual del proceso histórico. Porque no queremos reconocer que nuestro imperdonable y pecaminoso materialismo, un materialismo que no conoce la esperanza, ha traído infinitas desgracias sobre la humanidad. Es decir, creemos que somos científicos y dividimos, para conseguir una mayor fuerza de convicción en nuestras cavilaciones científicas, el indivisible proceso de la humanidad en dos partes, haciendo luego de una sola de sus motivaciones la causa de todo.
De esta manera intentamos no sólo justificar los fallos del pasado, sino también proyectar nuestro futuro. Quizá se demuestre en tales errores la paciencia de la historia, que espera que el hombre alguna vez consiga escoger bien, sin tener que terminar en un callejón sin salida en el que la historia, una vez más, corrija el fallido intento por medio de otro paso, esta vez más exitoso. En ese sentido, es verdad lo que afirman tantos: de la historia nadie aprende y la humanidad suele, simplemente, ignorar la experiencia histórica. Dicho en otros términos, toda catástrofe de una civilización descubre sus fallos. Y si el hombre tiene que reemprender su camino desde el principio, se demuestra así que su andadura hasta entonces no estaba marcada por el perfeccionamiento espiritual. Con cuánto gusto querría uno abandonarse, entregarse de vez en cuando a otra concepción del sentido de la vida huma­na. Oriente siempre ha estado más cerca que Occidente de la verdad eterna, pero Occidente ha devorado a Oriente con sus exigencias materiales en la vida. Basta con comparar la música occidental con la oriental. El mundo occidental grita: ¡Éste, éste soy yo! ¡Miradme! ¡Escuchad cómo sufro y cómo amo! ¡Qué infeliz y qué feliz puedo ser! ¡Yo! ¡Yo! ¡Yo! El mundo oriental no dice una sola palabra de sí mismo. Se pierde absolutamente en Dios, en la naturaleza, en el tiempo, y se encuentra a sí mismo en todo. Es capaz de descubrir todo en sí mismo. La música del Tao: China, seiscientos años antes de Cristo. Pero, ¿por qué no triunfó esa idea soberana? Es más: ¿por qué se hundió? ¿Y por qué la civilización que había desarrollado no llegó hasta nosotros en forma de un proceso histórico determinado y perfecto? Es patente que esas ideas entraron en colisión con el mundo material que las rodeaba. Lo mismo que el individuo con la sociedad, también esa civilización entró en colisión con otra. Pero sucumbió no sólo por esto, sino también a causa de su confrontación con el mundo material, con el «progreso» y la tecnología. Las ideas de la civilización oriental son un resultado, la sal de la tierra; de ellas fluye verdadera sabiduría. Pero según esa lógica oriental, la lucha es un pecado. El núcleo de la cuestión reside en que vivimos en un mundo de ideas que nosotros mismos creamos. Dependemos de sus imperfecciones, pero también podríamos depender de sus ventajas y valores. Y ya llegando al final, y en confianza: aparte de la imagen artística, la humanidad no ha inventado nada de manera desinteresada. Y por eso quizá realmente consista el sentido de la existencia humana en la creación de obras de arte, en el acto artístico, ya que éste no posee una meta y es desinteresado. Quizá se demuestre precisamente en ello que hemos sido creados a imagen y semejanza de Dios.

Fuente: Andrei Tarkovski, Esculpir en el tiempo, Ed. Rialp

sábado, 25 de julio de 2009

Kazuo Kamimura


Con un poco de tiempo, como si fuera un juego mágico, un clic en un conjunto de caracteres enigmáticos y aparece un dibujo de esta belleza y de varias más.

miércoles, 22 de julio de 2009

Algo para hacer

Gratuitamente y porque estoy con un tiempo libre, que al principio me asustó, y ahora no hago más que disfrutar sin culpa, el otro día me encontré pensando en cómo sería cumplir los años en invierno, y qué cosas se podían hacer que no lo permitía la primavera tardía. Pensé una lista en mi cabeza mientras jugaba al sol con las bestezuelas de cuatro patas, manchas y orejas caídas que me saltan en Quilmes, luego, en el viaje de vuelta de la casa de mis viejos la escribí en mi cuaderno, y ahora termino de darle forma.
Si la leen se darán cuenta que la mayoría de las acciones son practicables en cualquier época del año. En el más magnífico de los desórdenes y con la aclaración que algunas se pueden hacer al mismo tiempo (y que son muy tontas):

1. Tomar mate amargo con espumita.
2. Jugar con la mascota que nos acompaña en nuestro hogar, de no tener una a mano, pedir prestada alguna en la calle, se encuentra fácilmente de estos animales que los seres humanos nos encargamos de adiestrar y llevar hasta los lugares más recónditos del planeta, o sea nuestros hogares.
3. Hacer música (por el momento solo puedo chasquear los dedos)
4. Comer chocolate, otra opción es una torta casera que alguien nos haya hecho especialmente.
5. Aceptar todos y cada uno de los saludos recibidos, no importa el formato.
6. Encontrarse con un amigo, fumar, reírse a carcajadas, charlar de muchos temas pero detenerse en enumerar las mejores virtudes del género opuesto (en algunos casos el mismo), de ser posible dar ejemplos.
7. Leer un poema, la estrofa de una canción, o un fragmento de un libro muy querido.
8. Escribir algo a mano, no importa la extensión.
9. Besar a alguien, si no se tiene a quien besar, parar en la calle alguno medianamente de nuestro agrado y besarlo, previa explicación de por qué se lo besa, se puede mostrar el documento y citar este blog. (Esta también es impracticable para mí, por lo que propongo que nuestros legisladores promulguen una ley que permita a las personas el día de su cumpleaños besar a alguien porque sí y que se recluten voluntarios/as para tal fin.)
10. Mirar a alguien a los ojos.
11. Regalar una lágrima a alguien.
12. Abrazar a alguien.
13. Figurar el último rostro hermoso que nos cruzamos en la calle, esto es sin distinguir sexo ni edad.
14. Comprar flores.
15. Buscar en la memoria un recuerdo de la niñez, alguno de esos momentos en que logramos hacer algo que nos parecía imposible unos segundos atrás. ¡Sonreír!
16. Bañarse por un largo rato con alguna fragancia que nos guste y andar desnudo por la casa otro tanto, ahora que tengo estufa en casa lo puedo hacer en invierno.
17. Poner una de las canciones favoritas, esas para bailar, y recorrer cada espacio de nuestra casa moviendo todas las partes del cuerpo. ¡Saltar y cantar!
18. Sentarse en una plaza al sol y mirar como brillan los demás, pensar que así brillamos nosotros. En caso de llover, caminar chapoteando y mirar a través de las gotas.
19. Pensar por un segundo en una gran macana que hayamos hecho y guardarla otra vez en la memoria.
20. Putear, pero putear con ganas.
21. Antes de acostarnos tomar un té bien caliente agarrando la taza con ambas manos mientras se la acerca al rostro para lograr un equilibrio agradable entre humito y rostro empañado. Pensar en todo lo que hicimos.



jueves, 16 de julio de 2009

PICT - 411127

Hace un tiempo que evalúo la posibilidad de postularme para algún puesto en el MINCyT por la simple y conveniente razón que la nueva sede se está construyendo bastante cerca de casa, aunque no sé cuan cerca está de materializarse; pero ahora creo que encontré el ministerio ideal para desarrollarme profesionalmente. Ahí nos vemos unos cuantos.





Éste es mucho mejor pero lo subo disimulado porque aún quiero conservar a los pocos visitantes de este lugar.

domingo, 12 de julio de 2009

Penny-farthing

Encontrar* cosas bellas, que seguro son muy conocidas por otros pero desconocidas por uno, las hace más bellas, si además hay bicicletas...






*Encontrar, lo que se dice encontrar no fue, se lo debo a Matilde que lo mostró.

lunes, 29 de junio de 2009

martes, 23 de junio de 2009

Fragmentos en junio (II)


"La nodriza se alza de puntillas, y con la mano pequeña, huesuda y de piel amarillenta, dibuja sobre la frente del anciano la señal de la cruz. Se dan un beso. Es un beso extraño, breve y peculiar: si alguien observara, seguramente sonreiría. Pero como cada beso humano, es también una respuesta -a su manera distorsionada y tierna- a una pregunta que no se puede formular con palabras."




Los vientos de la puna resuenan desde anoche. Comenzó el invierno, y yo salgo contenta con mucho abrigo bajo el sol tenue, de ahora en más los días se van alargando mientras la tierra guarda y nutre sus productos...

lunes, 15 de junio de 2009

Vagas y piensas

Entonces, al acostarme cansada como ahora, recorro el día con un té que voy bebiendo de a pequeños sorbos, ardid que hace que repaso y té duren más. Aunque mis ojos quieran cerrarse las imágenes se van acomodando en un orden temporal que asombra, como si fueran las páginas de un libro que voy releyendo. Las vías cubiertas de césped seco, las ramas recortando el ocaso, el cielo azul púrpura y los rostros se entreveran con este silencio.
Busco en el bolso mis trofeos, no son más que papeles impresos, a veces en grandes imprentas, otras, en las fotocopiadoras más baratas de la zona; pueden tener colores, muchas letras o solo imágenes. Observo, leo, huelo, hojeo y me detengo en alguna combinación de palabras. Doy el último sorbo y me duermo consciente que todo seguirá mezclándose, ya sin orden, en sueños que nunca recordaré.

sábado, 6 de junio de 2009

Fragmentos en junio

“Niní tenía noventa y un años, pero llegó enseguida. Había criado al general en aquella misma habitación. Había estado presente durante su nacimiento. Tenía entonces dieciséis años y era muy hermosa. Era bajita, pero tan fuerte y tranquila como si su cuerpo conociese todos los secretos. Como si escondiese algo en sus huesos, en su sangre, en su carne, los secretos del tiempo o de la vida, algo que no se puede decir a los demás, algo que no se puede traducir a ningún idioma, un secreto que las palabras no pueden expresar. Era la hija del cartero del pueblo; a los dieciséis años dio a luz a un niño y nunca reveló a nadie quién era el padre. Amamantó al general, porque tenía leche en abundancia. Había subido a la mansión tras echarla su padre de casa. No tenía más que el vestido que llevaba puesto y un mechón del cabello de su hijo muerto que guardaba en un sobre. Así llegó a la mansión, y en el momento del parto. El primer sorbo de leche que tomó el general fue del seno de Nini.
Así vivió en la mansión, sin decir palabra, durante setenta y cinco años. Sonreía siempre. Su nombre volaba por las habitaciones, como si los habitantes de la mansión quisieran llamar la atención de los demás, comunicarles algo. Simplemente decían “¡Nini!” Era como si dijeran: “Qué curioso, existe algo más en el mundo que la egolatría, la pasión o la vanidad. Existe Nini…” Como estaba siempre allí donde se la necesitaba, nunca se la veía en ningún sitio. Como siempre estaba contenta, nunca le preguntaban cómo podía estar de buen humor tras haberse ido el hombre al que amaba, tras haberse muerto el niño para quien se le habían hinchado los senos de leche. Amamantó y crió al general, y pasaron setenta y cinco años. A veces, el sol brillaba encima de la mansión, encima de la familia, y en aquellas ocasiones, en medio de aquel resplandor general, todos se daban cuenta, sorprendidos, de que Nini también sonreía.”
Fragmento de "El último encuentro" de Sándor Márai.
Leía en el subte y mis ojos empezaron a lagrimear. Los viajes en subte son cortos. Regresé a casa con ganas de sentarme y no hacer otra cosa más que leer, pero tuve que hacer otras tareas. Por suerte ahora es temprano para dormir.
Gracias Cata por el préstamo y creo tenemos que agradecer a Gonzalo el regalo.

jueves, 4 de junio de 2009

Una para ver en el cine.

A pesar de que ya no trabajo en el laboratorio, los días de la semana están bastante ocupados y los instersticios los voy llenando con la nada misma, o mejor dicho, la dispersión en pinta. Vaya a saber porque, puede que por estar muy cansada, o tener la mente desparramada en varias cosas diferentes (y casi siempre en ninguna), que el tiempo se agota al instante y también me agota. La cuestión es que la mezcla de horarios y mi indisciplina me están jugando una mala pasada, restringiéndome el espacio de ocio.
Ayer, o hace un rato, y haciendo un esfuerzo bastante grande, regresé al cine de cartelera después de mucho tiempo. Todo fue gracias a una recomendación de tan turco como garcía, que siempre sabe lo que dice.

Entonces ahora, antes de dormirme, reemprendo una vieja costumbre de este espacio, que estaba quedando en desuso, para recomendar sin muchos más rodeos, ni largas explicaciones y siempre de la mano del absurdo, la película belga "Rumba". Una última acotación, creí ver una película muda en un escenario creado con papeles glacé (¿existen todavía?) de todos los colores.