En Parque Chacabuco hay una imprenta, que también alberga una radio electrónica artesanal. Si bien las puertas están siempre abiertas, cada tanto se tejen en la vereda parrillas con pizzas o choripanes, y botellas que se abren y vacían. La música, las imágenes, las tipografías y las palabras se adueñan del espacio y siempre dan ganas de volver.viernes, 9 de septiembre de 2011
Veredas
En Parque Chacabuco hay una imprenta, que también alberga una radio electrónica artesanal. Si bien las puertas están siempre abiertas, cada tanto se tejen en la vereda parrillas con pizzas o choripanes, y botellas que se abren y vacían. La música, las imágenes, las tipografías y las palabras se adueñan del espacio y siempre dan ganas de volver.
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lunes, 15 de agosto de 2011
Un poema óptico
Revisé los estantes, tomé entre mis manos un libro de André Kertész, pero cayó al piso uno de László Moholy-Nagy. Justo el que yo buscaba.
Entré al museo. Como siempre observé, y me encontré con esta composición.
Estaba sentado en el subte justo frente a mí. Muy pronto desvió la mirada, pero mucho tiempo después supe que también le gustaba Oskar Fischinger.
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lunes, 18 de julio de 2011
El 109
¡Maldición no se da cuenta que llueve mucho!
La espera al reparo del Edificio del círculo naval – ¡para algo tenía que servir!-. La capucha que limita el ángulo visual y la furia que se disipa en el espray de las gotas. Una vez más me entretengo mientras observo como otros pasan, corren, sostienen sus paraguas, protegen a los niños, ajustan las capuchas, golpean las puertas de otros colectivos. La luz de sodio, los sonidos crujientes de los charcos, la humedad que difumina cada punto. De pronto todo a mí alrededor se mueve como en una película lejana y ya no me mojo.
El 109 se demora y la fila inconexa se extiende, yo disfruto. Otro x hospital. En el asiento mojado las imágenes circulan en mi interior, las gotas pegadas a la ventanilla me aíslan y tengo que recurrir a fotogramas propios, recientes... o no tanto. Por pulsos se encuadran diferentes rostros y acciones. Van y vienen. (¿Cómo pueden ser tan reales esos juegos de luces y sombras que guardamos en nuestro cerebro? Perfectos fotomontajes que ni Heartfield hubiera sido capaz). Sonrío, me extraño, pero no dudo que siempre me pasan cosas... a veces extrañas, a veces menos.
En casa el gato me bu
sca con su sonido de burbuja, eso es juego. Mientras corro detrás de él, pienso en música para escuchar, pero no encuentro nada, quiero algo nuevo, que no conozca. Me conformo con el sonido de la lluvia que nunca se detuvo, y el tañido de los objetos que la naranja mecánica revolea. No alumbra el sodio pero se le parece en el tono que fluye de la lámpara –hecha un día de mucho calor, con un individual con el dibujo de una bicicleta y dos copas de vino-. Como y luego me siento a escribir.Ahora iré por el reto a mi eje lógico –que es pésimo- y a formar circuitos, que luego derivaran en sonidos, pero yo me conformo solo con entender cómo se mueven los electrones. Es que soy terca y mañana no hay que madrugar.
Las imágenes regresan otra vez, mejor buscaré en mi caja de películas alguna para ver. Pero si ya se hizo tan tarde, mejor espero filmoteca.
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lunes, 4 de julio de 2011
Guldheden
La semana pasada tuve la oportunidad de ver una muestra de sus fotos, todas eran de su barrio en Suecia, "Guldheden" (Monte Dorado). El montaje no podía haber sido más adecuado, luego de subir un par de pisos por una escalera empinada y angosta Olof te ofrecía un vaso de vino o cerveza, te sugería leer un texto que explicaba un poco lo que se iba a ver y te daba una pequeña linterna para hacerte camino. Se habría la puerta y el recorrido de la muestra se hacía en dos habitaciones en plena oscuridad, que se iluminaban con las linternas y los claros, a veces mínimos, de las fotografías. Por un momento creí estar en una de esas películas del cine nórdico que a mí tanto me atraen. Fue una delicia esa muestra gélida, que tomó un especial color y calor, cuando él relató con pasión rincones de su barrio. Acá pueden ver un par de las fotos.
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domingo, 26 de junio de 2011
Los músicos del Roca
El sábado por la tarde la modalidad fue de mini-LIMbO, así que invité a mis sobrinos al paseo. Todos enfundados y engorrados hasta la coronilla nos encontramos en el nuevo espacio de la calle San Juan, que bien bonito está -aunque nunca se supo muy bien la cantidad de dinero que consumieron esas reformas-. Los chicos no se aburrieron, y manifestaron sus críticas, además se llevaron unas pelotas ojo que cuando se arrojan al piso empiezan a fluorescer de changüí.
La tarde fue divertida y la sorpresa fue ver a los que cruzo con cara de dormidos en el tren de la mañana camino a Bernal, mirarse, disfrutar y sonreir mientras jugaban a eso de hacer música. Se agradecen, como siempre, los sonidos.
La fotografía del tren está tomada con mi cámara de fotos estenopeica, hecha con una caja de fósforos. Parece que se viene una gran muestra de estenopeicos, así que avisaré llegado el momento.
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viernes, 20 de mayo de 2011
Viernes de Otoño
Night falls like a grand piano
Outside it could be China
Let's watch the trees that trickled toward the sun
Dance in the rain
Dying to have some fun
La Parra Virgen de la Biblioteca Nacional recuerda que es otoño y refuerza la idea de la plaza del lector como uno de los lugares más afables de la ciudad, ojo, siempre que se precien los gatos. Las baldosas de la explanada suenan diferente cada vez que las toco, teclas de un piano gigante afinadas por la intemperie de esa masa misteriosa. Otros elegantes llegan también en bicicletas.
No tengo mucho más para contar y la imagen de la parra que tomé con la estenopeica el año pasado no la pude escanear.
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viernes, 22 de abril de 2011
La hora naranja (II)
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Etiquetas: estenopeica, naranja
El tiempo perdido
Rápido regresé para el teatro porque el tiempo se había perdido rápidamente y en el hall la incertidumbre.
Desde ese día buscaba entre "Palabras" un poema que había leído una vez en Dioramas, pero no recordaba el nombre, por lo que el índice resultó de poca ayuda. Pasaban los días, los poemas que leía o releía pero no daba con el esperado.
El sábado sentada en el último asiento de un 128, camino a Boedo para ver la muestra de fotos** de una amiga, me encontré con "El tiempo perdido":
Ante la puerta de la fábrica
el obrero se detiene de repente
el buen tiempo ha tironeado de su chaqueta
y no bien se vuelve
y mira el sol
muy rojo muy redondo
sonriente en su cielo plomo
le hace guiños
familiarmente
Di camarada sol
¿no te parece
una reverenda burrada
regalarle un día como este
al patrón?
Quedó señalado con el fragmento de un ala de un alguacil que el gato había cazado por la mañana.
*Igual ahora voy a trabajar un poco, pero sin salir de casa.
** ¡Vean las fotos!
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lunes, 4 de abril de 2011
Alfiler de gancho
(Los alfileres de gancho son de esos objetos imprescindibles que deben estar en algún bolsillo, o rincón del bolso, o a la vista, siempre ayudan. Pero estos ganchitos, además de útiles, son bellos.)
Mientras guardaba el objeto en mi bolsillo pensaba que significado tenía encontrarse un alfiler de gancho en la calle, que me iba a suceder, cuándo… Unas horas más tarde lo supe: lluvia, lluvia y lluvia como baldazos, justo cuando salís de Guerrín. Así que ya saben, lo bello tiene sus chubascos.
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viernes, 11 de marzo de 2011
Nadie nada nunca
Esta vez no me demoré en leer a Saer, como había prometido en una entrada pasada. La tarea fue fácil: 1) en la biblioteca de la Universidad encontré una bonita y desvencijada edición de Nadie, nada, nunca, y 2) me pareció el acompañante ideal para mi viaje a Carmelo. No me equivoqué, quizá subjetivé la semejanza del paisaje, la nada y la reiteración, además de confundir los perros del camping con caballos, pero se fundieron sin quejas en un sorbo de Patricia.
Comparto otra de las fotos estenopeicas que logré en ese viaje y un párrafo precioso del libro:

"(...) Cuando las manos chocan, por fin, una contra la otra, resonando, el bañero se da vuelta y comienza a bajar hacia la playa, el Gato alza la cabeza, mirando hacia el portón, el segundo trago de café se empasta contra el primero en la garganta de Elisa, el bayo amarillo comienza a sacudir la cabeza bajo el chaparrón, y el lapso incalculable, tan ancho como largo es el tiempo entero, que hubiese parecido querer, a su manera, persistir, se hunde, al mismo tiempo, paradójico, en el pasado y en el futuro, y naufraga, como el resto, o arrastrándolo consigo, inenarrable, en la nada universal."
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Etiquetas: estenopeica, Saer, uruguay
viernes, 4 de marzo de 2011
La hora naranja

Me pregunto si nuestra ciudad creció, se desarrolló y expandió de espaldas al Río – el mismo que fue su germen- tan solo por un enojo un poco infantil, pero admisible, el de no poder ver guardar el sol en esa línea que forma el cielo con el agua. Algo que sin duda es magia.
Agrego la imagen. La foto de la caída del sol desde el muelle de Carmelo, la rareza se debe a que fue sacada con una cámara estenopeica hecha con una caja de fósforos. Claro que un día tengo que escribir sobre este tipo de fotografía que cada tanto me entretiene.
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9:54:00 p.m.
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Etiquetas: estenopeica, fotografía, naranja, uruguay, verano
jueves, 17 de febrero de 2011
El hambre y las ganas de comer
La idea general del Taller es activar un poco a los alumnos universitarios en la lectura y la escritura, y presentarles la idea de que la actividad que puedan desarrollar al finalizar sus carreras científicas nunca será algo aislado e independiente de la sociedad. Entonces cada año elegimos un tema como eje principal, a partir del cual, seleccionamos textos de todo tipo para armar el programa. Siempre tratamos de tener cierta coherencia, pero si conocieran al resto del grupo…
Este año el tema en cuestión es el de la alimentación, con muy poca originalidad y menos academicismo, lo llamamos “El hambre y las ganas de comer”. Siempre pasa que una vez acordado el tema, los cuatro integrantes –dos comisiones- empezamos a buscar en la memoria, en bibliotecas, en google y en los amigos: la bibliografía y demás material. Eso sí lo tomamos en serio y pensamos en función del tema, entramos a una librería y lo primero que hacemos en buscar algo de alimentos, leemos el diario y vamos a la bolsa de cereales, revisamos la videoteca en búsqueda de películas de grandes comilonas, y así estamos medio obsesivos un tiempo hasta que el programa tiene cierta forma. Por supuesto que después reclamamos sueldo extra por cambiar casi por completo el programa todos los años, pero solo nosotros escuchamos nuestras quejas. Será que al final no la pasamos tan mal en la búsqueda.
Comparto aquí un poco de alimento con el que me encontré en esa búsqueda: Asado en Mendiolaza de Marcos Lopez, imagen que se me presentó inmediatamente cuando el jueves por la tarde nos reunimos a definir las unidades del programa. Seguramente servirá para algún trabajo. Las primeras fotos que vi de Marcos Lopez, fueron sueltas en alguna muestra, o medio gráfico y no lograba convencerme, pero hace un tiempo recorrí la obra completa y me resultó muy interesante.
Acompaño con un fragmento de "El río sin orillas" de Juan José Saer, autor que en breve estará en mi biblioteca:
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viernes, 11 de febrero de 2011
A veces los vientos circulan a favor
Libros ideales para leer en mi nueva reposera, que una noche muy tarde de pleno invierno junté en Fragata Sarmiento y Franklin y subí al 106 para el asombro de todos. Ahora está reciclada y muy cómoda en mi hogar.
Yuuuuuuuuuuuuuuuu7 (ese fue el gato, que bien sabe que debe empezar las oraciones con mayúsculas y reconoce el teclado de la compu como el lugar preferido para zambullirse.)
También ocurre que junto con las lluvias este febrero arrimó un aire menos denso y los días no agobian. La Inglesa se anima un día hábil a las cinco de la tarde a dibujar el ángulo recto de las ciclovías que la conducen a San Telmo. No tan malo resultó el metier.
Aunque en la calle se cruzan otros lindos en bicicleta, a veces muchos, hay esquinas que traslucen conexiones neuronales que ya pensaba quietas y ufa. Cuentan cosas de algún otro día…
La Inglesa sube por Independencia justo cuando cae el sol, piensa y el ánimo cicla mientras pedaleo.
* Es una decisión personal, no la del NO aumento.
La imagen pertenece a este sitio.
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11:11:00 p.m.
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viernes, 4 de febrero de 2011
Sin frutillas
Como docente mis vacaciones caen en verano, es cuando tengo tiempo para hacer todos aquellos trabajos y trámites que demoré durante el año. Pero yo estoy como ida y todo me sale en cámara lenta.
Sin duda alguna el absurdo es mi substancia.
La ciudad, como contenedora, absorbe el calor y lo retiene en el maldito cemento, latente hasta la noche o el día siguiente, o el otro… y así a veces pasan semanas. Pero siempre hay rincones dónde respirar –y leer-, además de los aires acondicionados o mi reducido balcón. La Inglesa no tiene que rodar mucho para acercarme a ellos.
El Museo Sívori, escondido dentro del gran parque de la ciudad, ofrece un espacio dónde respirar. Tiene una pequeña biblioteca, a la que se llega subiendo por una escalera de mármol rodeada de mayólicas verdes con detalles en amarillo por un lado, y rejas torneadas al otro. Todo aún bien conservado pero no restaurado: una delicia. Para llegar a la biblioteca hay que insistir porque el señor de la entrada la considera poco importante. Se encuentran ahí los Sueños de Grete Stern (agotadísimo) y el libro que el FNA editó con su obra en argentina.
El jardín del Sívori, es un pequeño paraíso dentro del agitado y concurrido Parque Tres de Febrero, en especial en esa zona frente a la entrada del Rosedal, donde el tránsito -a sangre- es más peligroso que el tránsito pesado de la Av. Int. Cantilo. Ese espacio bien verde, respira la calma de eucaliptus lejanos, un roble da sombra a los bancos, las esculturas y el pasto de perfecto recortado. Los trenes juegan a ser fotogramas de Miyazaki y musicalizan a lo Eno.
Violeta Castillo interviene la fresca del jardín, y cuando el cielo parece púrpura, respira canciones pop con su guitarra y una voz anti-fastidio.
La Inglesa evita las ciclovías de Palermo porque tienen de todo menos rodados, se amiga de las calles y se pierde cuando cae la noche. El rubio recibe con maullidos detrás de la puerta.
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martes, 18 de enero de 2011
Tres timbres
pero en tus ojos entreabiertos
han quedado dos pequeñas olas"*
Ellas se encuentran cada mañana, será por esa creencia que existir para muchos es si la saben otros, o al menos otro. Tal vez sea por esa necesidad de hablar con otro, por el mero hecho de escucharse uno mismo y saberse por medio de la voz alta, sin importar quién sea el que percibe, procesa y responde. O para conservar una costumbre, que de eso también estamos hechos.
Tres timbres es su código de identificación, para diferenciarse de cualquier extraño, como si fuera común que en el departamento de un edificio del barrio de Boedo o de cualquier barrio, la gente accede a los timbres del palier en todo momento. Reminiscencia de una vida en un barrio de casas a la calle, pero en esos barrios son pocas las casas con timbre, o nunca funcionan.
Se reúnen en el palier y las palabras juegan a reiterarse en relación a la salud, sinónimos y todos sus derivados, hasta alcanzar la meta: su opuesto. Siempre hay una necrológica para anunciar, que se trajo del almacén, de la TV, o peor aún si es de la familia. (Como cuando Madre llega a su ciudad, que antes de salir a las calles quiere que la informen, para no andar preguntando de más). Ellas se preocupan, siempre tiene que haber algo de qué preocuparse. Después de unos minutos de charla se despiden, aliviadas por haberse sabido , cada una gracias a la otra. Aún les queda salud y energía para tres timbres mañana.
Pero ellas ignoran que otros también pueden saberlas. Un día cualquiera, o el que la música se celebra en el calendario, ellos despiertan en silencio, no necesitan la voz alta para saberse. Quizá no se sepan. Pero se ríen de la costumbre de los tres timbres, y las escuchan como si fuera el sketch de un programa de radio, atienden al diálogo, lo anticipan, y vuelven a reírse, se distienden y se burlan. Ellas siguen ingenuas.
Ya no escuché la audición, lástima porque ellas resultaron muy simpáticas, además luego él se despereza y prepara ricos amargos.
*Jacques Prevert, Arenas Movedizas en Palabras.
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4:13:00 p.m.
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viernes, 10 de diciembre de 2010
Buenas Noches
Se agradece a todos los que supieron jugar en este lugar/espacio/parque/papel.
Será hasta cualquier momento.
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11:39:00 p.m.
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Etiquetas: Los extraños nunca dicen adiós
domingo, 5 de diciembre de 2010
Moleskine
murmuran las chicharras
que las escucho
cuentan de siestas
calurosas acequias
perros que ladran.
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Etiquetas: haiku, nadas que no le importan a nadie
viernes, 5 de noviembre de 2010
Vidas Imaginarias
En otro capricho un poco similar, pero al revés, Pasolini busca entre las vidas reales y cotidianas de África de los 60, los personajes para una adaptación de la Orestíada de Esquilo . Nuevamente ficción y realidad se mezclan en las calles, gracias al imaginario del escritor y la cámara del cineasta, que en este caso es la misma persona. Los límites siempre son subjetivos, los negros bailan inocentes con esa gracia divina que llevan, y el antojo se convierte en dicha a través de la cámara.
Me pensaba en una vida imaginaria, con los dedos de mis manos ya ligeros, los músculos fuertes y capaces de responder a las órdenes de mi cerebro, para entonces hacer fluir los diferentes acordes por todo el diapasón de la guitarra. En esa vida me sentaba en un banco desvencijado en el submundo colorido de Plaza Constitución, para acompañar con gracia, o intento de ella, al duo de violinista y bandoneonista que, en esta vida, cruzo cuando bajo camino al subte de regreso a casa.
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2:01:00 p.m.
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lunes, 25 de octubre de 2010
Los cuentos de Ivo

Él es mi amigo que más sabe de trenes, y ahora se ha dedicado a la escritura. Los invito al maravilloso mundo de Cuentos de Ivo.
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1:04:00 p.m.
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lunes, 18 de octubre de 2010
Gigante

Pocos quedan ya que participan en este ritual, pero si pasan frente a un cine y ven este afiche en la puerta, pueden entrar, comprar la entrada para la sala correspondiente, y disfrutar durante 90 minutos de una pequeña historia (de amor).
Si retiran la entrada en una cartelera les quedan unos pesos para una caña en un almacén, les puedo indicar tres o cuatro carteleras cerca del arteplex centro (el cine de estas películas), pero no sé dónde se puede encontrar un almacén.
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