viernes, 19 de febrero de 2010

Confesiones

La luna, cuando está ASÍ como hoy, es como a mí más me gusta. Más aún, cuando se ve un círculo de cielo tan azul que puede parecerme de púrpura.

lunes, 15 de febrero de 2010

La Sueñera


78 “Mi cara en los sueños no coincide con mi cara en el espejo. Mi cara en el espejo no coincide con mi cara en las fotografías. Mi cara en las fotografías no coincide con mi cara en movimiento. Mi cara, decididamente no coincide.”

155 “Diría que me mira fijamente si sólo pudiera asegurar que tiene ojos”

Shua, Ana María, La Sueñera, Alfaguara, 1996.




La imagen es de aquí: Monzo, J.V. Sueños. Grete Stern. IVAM Centre Julio González, Generalitat Valenciana. Valencia, 1995. Catálogo de la exposición realizada en IVAM Centre Julio González de 26 octubre 1995 a 30 enero 1996.




En la madrugada del lunes (pasado) tuve un sueño que recordé al despertar, algo que sucede con poca frecuencia y suele ser durante la duermevela del clarear. Colgando Ropa público ha vivido o sobrevivido un poco más de cinco años, se pueden encontrar aquí pocos sueños, pero siempre que tropiezo con mi inconsciente al despertar trato de escribirlo, y si lo merita*, llega a este espacio.
En mi sueño me mataban, y anticipo el final respaldándome en un comentario que Hitchcock hiciera alguna vez sobre sus películas, no tengo la cita aquí pero créanme o busquen en el libro de las entrevistas que le hizo Truffaut. Él sostenía algo como que conocer el final de una historia no la arruina, ni le quita suspenso; la trama es buena si logra mantener la atención mientras transcurre, y no se sostiene sólo por la incógnita del asesino. Pienso entonces, en la imposibilidad, por aburrido, de re-ver, re-leer, re-escuchar, si el mayor valor reside en el final. Por suerte no es eso lo que ocurre con muchas películas, libros, canciones.

Ahora que ya saben el final de la historia menciono dos inconvenientes inherentes a la transcripción de la costura de los sueños. Primera puntada: el sueño se esfuma al despertar y esos resabios que nos quedan y de los que nos aferramos son tan débiles, y más difíciles de atrapar que al mercurio de un termómetro roto o a mi gato cuando enloquece, que no podemos confiar mucho en ellos. Eso sí, una vez que logramos cazar esos fragmentos, la dicha es tal, que se enciende un circuito capaz de enlazarlos inmediatamente. ¿Pero quién puede asegurarnos que ese es el orden correcto? Ya pasó tanto tiempo y no hay testigos del sueño. Nos separan tantos segundos de aquel mundo, que no podemos creerle como niños a nuestro consciente, que además está feliz por dicha cacería, sólo podemos creerle como adultos -si supiéramos de qué se trata el ser adulto-. El otro hilván a tener en cuenta es que estamos metidos en una traducción, y esto lo suelto sin cita alguna porque no me refiero a “la interpretación de los sueños” sino a la relación significado-significante, si bien no son distintos idiomas al menos permítanme una diferencia de dialectos. La lengua es la misma y distinta a la vez, el significado de las palabras se multiplica. ¿Elegimos la palabra adecuada para tal imagen? La tinta y el papel o las teclas y la pantalla son tangibles, y desde ya, si van a conservar el sueño, lo hacen a su modo.
Todo esto para qué se preguntarán ustedes. Más vale que el sueño este al nivel de cualquier historia de P. K. Dick… bueno no, lo que pasa es que tenía tiempo de escribir esa perorata.

En el mundo del sueño, según entendí, todas las personas tenían que completar un formulario que recibían en sus casas. Simplemente llenaban con cruces distintos casilleros asociados a determinados ítems. Nada de lo escrito pude saber, solo que algunos formularios llegaban hasta el ítem n°7. Estos formularios tenían la particularidad que ni bien se llenaba ese ítem, la persona que lo hacía era asesinada. Poner la cruz en ese casillero significaba que entraban abruptamente a tu casa un grupo de personas vestidos de negro con ametralladoras, sí tal cual una película de mafiosos, y a quemarropa hacían lo suyo. Lo curioso es que todos sabían eso del casillero n°7, pero igual lo completaban. Como si un movimiento inercial llevara a completar el formulario y no había modo de detenerse, de escapar. Uno iba llenando hasta que pensaba “uh 7… me matan”.
Ahora ya saben que a mí me toco el formulario maldito, pero yo no quería morirme, y el mayor inconveniente que encontraba de morir, el mayor repudio o temor, era que luego iban a venir a mi casa y podían leer mi cuaderno, el que me regaló Eugenia. Eso me indignaba, me daba mucha bronca y no quería que sucediera.
De hecho puse la cruz, entraron y me mataron. También estaba al gato y como no se iban con chiquitas, ambos caíamos al piso, desplomados y enrollados. Pero al cabo de unos minutos nos empezábamos a mover lentamente, entonces miraba al gato y le decía sonriendo: “Mirá ,nos mataron pero ya nos movemos otra vez”.

Lo absurdo es que el cuaderno por el que yo no quería morir en mi sueño, tiene escritas unas pocas páginas en lápiz y son los haikus que intercambié con alguien algún tiempo pasado. Palabras ordenadas que expresaban el hacer cotidiano de dos puntos cardinales, creo que en lo cotidiano radicaba su belleza, pero nada más que eso.
La noche anterior al sueño había escrito un haiku que ya no viajó, porque ya no viajan, uniendo tres palabras que habían paseado esos días: letra, lápiz, gato.

*Los méritos fluctúan tanto como la sobrevida de este espacio.

martes, 9 de febrero de 2010

Los vestidos de cr

Hoy usé un vestido muy bonito y bastante llamativo para ir al trabajo, el trabajo no es más que ir a la UNQ, que por esta época es: 1) tener reuniones, 2) preparar el material para las clases en una computadora viejísima con una conexión lentísima, 3) cencontrarse con gente que se conoce de años con la que se tiene un vínculo muy agradable.

La cuestión es que en esta gran familia, nada pasa por alto, si te cortas el pelo (como una lo había hecho) de la otra punta del pasillo sale otra gritando “eh que te pasó?”, si estás bronceada de más también hay comentarios y ni que hablar si alguno aparece con una sonrisa mayor que la habitual.

Por todo esto se imaginarán que mi vestido también fue blanco de comentarios:

Caballero que a veces esta en el box en el que trabajo -“Ah Ceci pero que linda estás con ese vestido lleno de pájaros”.
Cr -“¿Viste? parezco de una película Hitchcock?”
“Uh Los Pájaros”- dijo el de matemáticas alto.

Entonces conté mi anécdota de la calandria y el del primer comentario me puso un sonido de canto de pájaros que tenía grabado en su compu -escuchá Ceci, como los pájaros que te persiguen- dijo con ese tono entre macabro y gracioso que tan bien le sale y le gusta hacer.

En el pasillo, otro caballero amigo del primero pero más formal, que no está en mi box, me dijo- “Ah Ceci, pero que vestido tan Primaveral que tenés, bueno tan veraniego, ah son pájaros”

Otra docente de química, de las que repiten nombre, la más flaca, exclamó - “¡Ah pero que colorida estás, digo florida, digo pajarira!”

“Sí, sí, soy una PAJARONA” dije yo.

lunes, 1 de febrero de 2010

Calle Corrientes

No hubo verano que quiera dar comienzo a la temporada en La Lugones, y que pueda acceder a la sala en el primer intento; por entradas agotadas o por funciones suspendidas, sistemáticamente cada año tuve que dar una segunda vuelta o tercera... el viernes no conseguí entradas llegando al límite del horario de comienzo de la última función del día, y hoy que llegué una hora antes tuve la misma suerte. Conclusión: "las funciones de las 21 hs están agotadas SIEMPRE".


La salida tuvo su recompensa, algo que sucede siempre con las salidas. Como estaba con tiempo y con ganas de perderlo, hice lo que se hace siempre por esa zona, pero sin comer pizza, tomar cerveza, o café, y en el recorrido de las librerías tropecé con un librito que esperaba desde hace un tiempito. No puedo hacer alarde de páginas impecables, porque el ámbar y el olor que magnifican los libros viejos, se ven obligados a compartir su espacio con unas manchas de humedad que cuando desaparezcan se llevarán parte de la celulosa, pero creo que de momento no alcanzan al texto ni a las fotografías. No puedo quejarme lo conseguí a $8 contra los $50 de un ejemplar que aparece publicado en mercado libre.

La vuelta en bicicleta siempre costea las salidas.



viernes, 29 de enero de 2010

Su sueño realizado


La playa no es mi fuerte, no tengo nada contra la arena, el mar, y todos sus excipientes, pero no soporto el sol, por eso el “espacio de tiempo” que disfruto de una playa es siempre el período que transcurre desde que el sol ya deja de molestar y empieza a esconderse hasta su encuentro con la oscuridad total, o parcial, según disponga la luna. No sé si lo han notado pero es en ese comienzo cuando todo adquiere un soplo entre dorado y anaranjado, las pieles se vuelven mucho más tentadoras y los cabellos de purpurina. Es el momento en que puedo empezar a abrir los ojos y observar a las personas, los objetos, los perros y verlos como de a poco se van convirtiendo en siluetas. Una vez que el sol se oculta, después de mostrar todo el espectro visible en una delgada línea, el cielo se va azulando con gran pereza y las estrellas confunden el límite, difuso, entre día y noche. Las espero y las voy contando hasta perderme porque las nebulosas invaden todo o porque olvido el número por el que iba. Amo esos cielos negros, puntuados y esfumados de blanco nácar que ya no tenemos en la ciudad.



Hace unos días, culpa de otro atardecer en la playa, me encontré recordando y comentando el “Rayo verde” en tres de sus presentaciones: la película de Rohmer, la novela de Julio Verne y la explicación científica. La primera la vi una y otra vez, la segunda la conocí por la película pero nunca la leí, la tercera siempre se me complica explicar correctamente porque olvido una parte que no es tan directa, por suerte con esta nueva lectura creo que ya la archivé correctamente (me pregunto si tendría que haber sabido que el azul no se ve porque lo absorbe la atmósfera).



Hace unos días, pero menos, cuando llegué a casa Tin tin me esperaba con el Lemúrido sano ,salvo y gigante y con un gesto de esos que tanto disfruto y tanto necesitaba. Me convidó del libro que estaba leyendo, mirá leé esto y me alcanzó Papeles Inesperados abierto en la página 198, me encontré con un texto de Cortázar que casualmente(¿?) contaba de su rayo verde.


Mi sueño realizado

“Si todavía se pudieran escribir poemas narrativos, esto sería un poema. Por mi parte, apenas si alcanzo a recordar nostálgicamente algunos de los que llenaron de sonido, de furia y de lágrimas mi remota niñez. El vértigo, por ejemplo, de don Gaspar Núñez de Arce, que usted no conoce, entendiendo por usted a ese señor que me habla de literatura en el café de una playa de Mallorca. Era un poema en décimas, forma métrica nada fácil y que don Gaspar esgrimía con soltura digna de una buena prosa (dicho sin la menor ironía). Yo que nunca supe poemar de memoria, ni siquiera los míos que sin embargo me parecen secretamente memorables, recuerdo el comienzo:

Guarnecido de una ría
la entrada incierta y angosta,
sobre un peñón de la costa
que bate el mar noche y día,
se alza gigante y sombría
ancha torre secular
que un rey mandó edificar
a manera de atalaya
para defender la playa
contra los riesgos del mar.

En mi vida sería yo capaz de mandarme (así decimos los argentinos) un poema capaz de narrar algo de manera tan perfectamente justa, económica y a la vez bella. Porque Don Gaspar sigue así durante sesenta o setenta décimas, lo que no es fácil. Mire usted ecológicamente esta situación de la ancha torre secular:

Cuando viento borrascoso
sus almenas no conmueve,
no turba el rumor más leve
la majestad del coloso.
Queda en profundo reposo
largas horas sumergido,
y sólo se escucha el ruido
con que los aires azota
alguna blanca gaviota
que tiene en la peña el nido.

Azotar es aire con un ruido de alas... ¿no es admirable? Lo estamos escuchando todavía, y ya don Gaspar nos depara un brusco cambio que preludia el drama que tendrá por escenario la torre:

Mas cuando en recia batalla
el mar rebramando choca
contra la empinada roca
que allí le sirve de valla;
cuando en la enhiesta muralla
ruge el huracán violento,
entonces, firme en su asiento
el castillo desafía
la salvaje sinfonía
de las olas y el viento.

Después de algo así, y como dicen los entendidos en tauromaquia cuando han asistido a una faena memorable, ya nos podemos ir. Yo también, pero sin olvidar nada; la prueba es que en vísperas de mis sesenta y cinco me acuerdo todavía de esas décimas leídas en alguno de los tomos de El tesoro de la juventud, allá en mi infancia de Banfield, provincia de Buenos Aires. Y si ahora las rememoro en una costa mallorquina digna del castillo de don Gaspar, es porque todo se ha vuelto de nuevo infancia desde ayer por la tarde, a partir del instante en que me fue dado ver, desde el mirador del archiduque Luis Salvador cerca de Deyrà, el rayo verde.
Soy incapaz de saber en qué orden leí de niño una cierta novela de Julio Verne y el poema de don Gaspar; ambas cosas coexisten en mi memoria y acuden juntas a esta máquina de escribir, hoy en que me hubiera gustado hablar del rayo verde como don Gaspar de su torreón batido por el mar y la desgracia, ver nacer de mis manos tecleadoras un poema narrativo que contuviera toda la maravilla por fin realizada ayer de tarde. Porque "El rayo verde", novela poco leída de mi maestro y tocayo, me contó a los nueve años que si mirábamos ponerse el sol en un horizonte marino, si el cielo es diáfano y si a último minuto no se cruza una vela de barco, una bandada de pájaros o una nubecita caprichosa, con el último segmento rojo hundiéndose en la línea del azul veremos surgir un instantáneo y prodigioso rayo verde.

Yo vivía muy lejos del mar, y el sol de mi infancia se ponía entre alambrados, casas de ladrillo y sauces llorones. Subido a la loza de mi casa esperé ingenuamente el milagro del rayo verde, y sólo vi flacas antenas de radio; cuando veinte años después empecé a cruzar el Atlántico y el Pacífico muchos atardeceres me vieron acechar algo que nunca se realizó aunque las condiciones parecieran impecables, y como ocurre en la mal llamada madurez perdí la fe en el rayo verde y en el visionario que me lo había descrito y de alguna manera prometido.

Ayer, desde el mirador del archiduque Luis Salvador, miré una vez más hundirse el sol en el mar. Un amigo mencionó el rayo verde, y me dolió por adelantado que los niños presentes lo esperaran con la misma ansiedad que yo lo había deseado en mi absurdo horizonte suburbano, ahora sería peor, ahora las condiciones estaban dadas y no habría rayo verde, los padres justificarían de cualquier manera el fiasco para consolar a los pequeños; la vida –así la llaman– marcaría otro punto en su camino hacia el conformismo. Del sol quedaba un último, frágil segmento anaranjado. Lo vimos desaparecer detrás del perfecto borde del mar, envuelto en el halo que aún duraría algunos minutos. Y entonces surgió el rayo verde, no era un rayo sino un fulgor, una chispa instantánea en un punto como de fusión alquímica, de solución heracliteana de elementos. Era una chispa intensamente verde, era un rayo verde aunque no fuera en rayo, era el rayo verde, era Julio Verne murmurándome al oído: “¿Lo viste al fin, gran tonto?”

Un poeta romántico hubiera escrito esto mucho mejor, don Gaspar o Shelley. Ellos vivían en un sueño diurno, y lo realizaban en sus poemas. La flor azul de Novalis, la urna griega de John Keats, el perfil de los dioses de Holderlin. Mi rayo verde se vuelve a la nada en el mismo instante en que lo digo; pero era él, era tan verde, era por fin mi rayo verde. De alguna manera supe ayer que mucho de lo que defiendo y que otros creen quimérico está ahí en un horizonte de tiempo futuro, y que otros ojos lo verán también un día."

miércoles, 27 de enero de 2010

Conquista de lo inútil


"Iquitos-Lima, 15/7/79
Andreas llegó ayer a la noche. A las ocho yo ya estaba en la cama leyendo a Gregorovius, "Historia de la ciudad de Roma en el Medioevo", aunque en realidad todavía quería ir al cine. Recién cuando varios del grupo tuvieron ganas, logré levantarme. La película venía de Argentina, con uno bien flaco y uno bien gordo, rubias de pechos inflados y ropa seductora que colgaba en la cocina de una de las damas. El bien gordo, como por su tamaño corporal no podía agacharse del todo, se daba siempre de cara contra las bombachas y los corpiños bambolentes y hacía girar los ojos extasiado. La novia de Andreas gritaba de la risa. En una escena, el gordo también jugaba al tenis."




Conquista de lo inútil, (Diario de filmación de Fitzcarraldo), de Werner Herzog, cosntituyó el año pasado una trilogía de "viscerales" junto con Bolaño y Tarkovski, según mi criterio para agrupar tres tan dispares. El diario tiene pasajes mucho más indigestos, seductores, absurdos y agudos que este fragmento que trasncribí, pero prefiero dejarlos entre las páginas para que los encuentren ustedes cuando puedan leer el libro.

El objetivo de la entrada es recordar o avisar a los despistados que La Lugones comenzó la temporada con una jugosa programación de los documentales de este inefable director.
Hoy daré comienzo a la temporada. Ahí voy entonces al piso diez, el ruido de bolsas y el cabeceo continuo para leer los subtítulos, ¿estará funcionando el aire?

viernes, 15 de enero de 2010

Helado de duraznos

Ingredientes:

2 duraznos
2 claras de huevo
100 ml de crema de leche
3 cdas de azúcar (aunque prefiera los cabellos oscuros en este caso rubia mejor)
1 Minipimer o batidora
1 Apollonia

Tiempo de preparación 10 minutos.

Procedimiento:

Batir en un recipiente las claras a punto nieve, y de paso nos olvidamos por un instante los 30 °C constitutivos de los últimos días. Tengan en cuenta que el volumen se incrementa y que no deben mezclarse ni un poquito con las yemas.

Cortar y procesar los duraznos, para facilitar la operación agregar un poco de crema.

Batir la crema y endulzar, yo prefiero los sabores naturales así que uso poco azúcar, la rubia sabe más rico y le da un tono añejo más elegante. Utilizar un recipiente con capacidad para contener a todos los ingredientes, o sea así de grande.

Mezclar los duraznos procesados con la crema.

Agregar de a poco y en forma envolvente las claras.

Si tiene una Apollonia de amiga puede recibir regalos muy prácticos y muy pop, así que coloca el preparado en los moldecitos de helado que recibió de regalo y le pone el palito colorido, de otro modo lo deja en el mismo recipiente que lo preparó, pero no se luce tanto.

Al freezer dos horas y listo. Si está más tiempo en el freezer se endurece bastante así que es conveniente bajarlo (o subirlo) a la heladera un rato antes de consumir.

Comencé con duraznos, pero será cuestión de seleccionar más variedad en la verdulería vecina.

De fondo un poco de Chet Baker, música para aplacar a las fieras.

lunes, 11 de enero de 2010

Eric Rohmer (1920-2010)

"¿Habéis observado el sol cuando se pone en el horizonte del mar? Sí, sin duda alguna ¿Lo habéis seguido hasta que la parte superior del disco desaparece rozando la línea del horizonte? Es muy posible. Pero ¿Os habéis dado cuenta del fenómeno que se produce en el preciso instante en que el astro radiante lanza su último rayo, si el cielo está completamente despejado y transparente? ¡No, seguramente no! Pues bien, la primera vez que tengas ocasión- ¡se presenta tan raramente!- de hacer esta observación, no será, como podría presumirse un rayo rojo lo que herirá la retina de vuestros ojos, sino que será un rayo verde, pero un verde maravilloso, un verde que ningún pintor puede obtener en su paleta. Un verde cuya naturaleza no se encuentra ni en los variados verdes de los vegetales, ni en las tonalidades de los mares más transparentes. Si existe el verde en el Paraíso, no puede ser mas que este verde, que es sin duda, el verdadero verde de la Esperanza".

JULIO VERNE "El rayo verde".


El cineasta Eric Rohmer describía como pocos el universo femenino, disfruto de ver una y otra vez cada una de sus películas y espero seguir con las que aún no he visto. Sin saber absolutamente nada de su historia lo suponía un ser adorable.

domingo, 10 de enero de 2010

El lemúrido


No sé muy bien que dice el árbol de la vida respecto a los grados de separación entre primates y felinos pero yo estoy construyendo un nuevo paradigma.

sábado, 19 de diciembre de 2009

Lo digo así...

... que se largue a llover a cántaros ahora mismo
que hasta me atrevo a salir desarropada al balcón.

viernes, 11 de diciembre de 2009

Beeswax*


"Pensaba escribir un libro
que hablara de los motivos
por los que se dan las cosas..."


La feria llegaba los domingos a mi barrio, aún lo hace. Recuerdo que a veces acompañaba a madre por curiosidad, un poco a la espera de regresar con un objeto entre mis manos, otro poco a disgusto; cierto que el balance de ambas componentes estuvo siempre determinado por la edad, con un máximo para el disgusto en plena adolescencia. Los puestos se acomodaban regularmente, y como los blancos de madre no cambiaban mucho de domingo a domingo, el trayecto, que ahora no recuerdo, solía ser el mismo. La mercería era una de mis paradas preferidas, buscaba botones y cintas, futuros perifollos de alguna ropa que ella me cosía. Me parecía increíble pero las frutas y las verduras eran mucho más coloridas y aromáticas que en la verdulería, y se compraban en mayor cantidad; adoraba, como lo hago ahora, la llegada de las frutillas y en verano siempre votaba por llevar un gran pedazo de sandía, ese placer cambio un poco los últimos años. Detestaba la fila interminable que había en la granja, y sus olores, las mugre que iba quedando en la vereda, era también un ritual que después de unas cuatro cuadras, sumadas a las cuatro que ya habíamos hecho para llegar, me cansaba de caminar, de esperar a madre, de chocarme con otros, de saludar vecinos, de la muchedumbre y quería regresar. Hace tiempo no voy a la feria, pero creo que madre sigue yendo cada tanto.

Con los años y algunas ciudades visitadas las ferias o mercados fueron otros: el Rastro un paseo reiterado y siempre distinto de mis lejanos domingos en Madrid; Portobello donde compré uno de los objetos más queridos de mi guardarropas; el mercado retro de Rosario, al que mis primas sólo accedieron a acompañarme porque me quieren mucho; el de Pulgas que ya ni sé donde está; el que conocimos el año pasado en Mar del Plata, cerca de la plaza Independencia, donde un señor reparador de cámaras de fotos de enamoró de la mía; Parque Centenario; Parque los Andes; Tristán Narvaja que no pudimos recorrer más que dos cuadras por la lluvia feroz y tantos otros que son y serán siempre bienvenidos. En fin, las ferias, mercados o tiendas son lugares de encuentro y hallazgos acá o en la china.

La intención de esta entrada no fue describir escuetamente las ferias visitadas, podría detenerme en cada una de ellas párrafos y párrafos, pero vine hasta acá para avisarles de una feria que mañana haremos en el barrio de Caballito. Espero que los locos sueltos de esa zona no intimiden vuestra presencia: vengan.


*Besswax: La última que vi de Bujalski, y me gustó.

viernes, 4 de diciembre de 2009

Sentada en el parque.

La lluvia de tipas
como plumas naranjas.
Puedo verlas durante horas
tratando de entender su recorrido.
Algunas caen sobre una hipotenusa perfecta.
Gracias viento.

miércoles, 25 de noviembre de 2009

Tarde de domingo


En Aranguren y Numancia hay una esquina mágica que suele cubrir sus veredas de gente, música, libros, palabras, papeles, bicicletas, gatos y delicias. Cobra es la anfitirona de estos banquetes.

Una foto* de muestra por si no me creen. El domingo pasado por la tarde el pretexto de la reunión fue presentar los cuadernos que hicimos en el taller de El cuelgue cosido, pero eso fue lo de menos. Por cierto en el hueco del árbol hay un gatito que espero poder llevar a casa pronto, cuando su madre nos deje, y si nadie lo hace antes.



* La foto la tomó Guille Salvo, con quien compartimos un par de tardes de sábado encuadernando y tomando mates.

martes, 17 de noviembre de 2009

Foco

Siempre disfruto de una franja-pequeña, en este caso- de nitidez, un banco para descansar, un parque para observar.

lunes, 9 de noviembre de 2009

Cine en la UNQ

Sin orden de continuidad y justificado por el característico "porque sí" o "porque me gusta" que impulsa muchas de mis actividades, en esta oportunidad veremos cine fabricado por chicos.

Tengo el agrado de invitarlos a la proyección de los trabajos que realizan niños y adolescentes en el Taller de Cine El Mate; vendrán de la mano de uno de los docentes del taller, así que luego vamos a poder preguntar y charlar sobre esa experiencia, y por supuesto, sobre cine de animación.

La cita es el miércoles 11 de noviembre a las 20 hs en el aula 22 de la UNQ.

Para llegar a la universidad desde capital pueden tomar el 159 (ramal B/G) que los deja en la puerta luego de unos 30 min de viaje desde el Correo Central.
Para los más aventureros, el tren línea Roca desde Constitución hasta estación Bernal, puro neorrealismo iataliano, un viaje que va de la sonrisa a la lágrima en un parpadear. Yo lo recomiendo.


Para los que no puedan ir una muestra de lo que veremos: El Taller de Cine "El Mate" es una escuela pública ubicada en la provincia de Buenos Aires, Argentina, que depende de la dirección de educación del gobierno municipal. Desde 1987 ofrece un espacio GRATUITO, abierto a la creación para niños y adolescentes interesados en expresarse a través del cine, el video y el cine de animación.



¡Los espero con la cindor o el mate!


viernes, 6 de noviembre de 2009

Como siempre




... mucho en noviembre.

martes, 27 de octubre de 2009

El cuaderno


"Me gusta tu cuaderno y no el mio sucio y desprolijo ráfagas de nada necesito mucho tiempo oh oh de horas destiladas para recuperar el habla. Quiero tu cuaderno donde vi mi nombre escrito el mismo día que desapareció juro que no fui yo ¿Quién te lo robó? Alguien me ganó... Uh Uh Uh Y al ver como te vas subiendo la escalera cuando aplaudo en el final quisiera que estuvieras por completo pensando en todo esto y nada mas... y en nada más... Me gusta tu cuaderno y no el mio sucio y desprolijo rá..."

martes, 20 de octubre de 2009

V Festival de Cine Under en Quilmes


Del jueves 22 al viernes 24 en diferentes lugares de la ciudad pueden pasar, charlar, compartir, sentarse y ver de forma gratuita una gran selección de películas del V Festival de Cine Under. Acá la programación completa.

viernes, 2 de octubre de 2009

Basta de demoler

“El periodista soviético Ovchinnikov escribe en sus recuerdos del Japón: 'Aquí se cree que es el tiempo en sí el que trae a la luz del día la esencia de las cosas. Por este motivo, los japoneses ven en las huellas del crecimiento un encanto especial. Por eso les fascina el color oscuro de un viejo árbol, una piedra horadada por el viento, o incluso los flecos, testigos de las muchas manos que tocaron un cuadro en sus bordes. Estas huellas del envejecimiento las denominan “saba”, palabra que traducida textualmente significa “herrumbre”. “Saba”: es la herrumbe inimitable, el encanto de lo viejo, el sello, la pátina del tiempo’.
Un elemento así de la belleza, como “saba”, da cuerpo a la unión entre arte y naturaleza. En cierto sentido, los japoneses intentan con ello apropiarse del tiempo como una especie de material artístico”.


(De ‘El tiempo sellado’, en “Esculpir en el tiempo”, de Andrei Tarkovski, 1988).

"...todas las formas tienen su virtud en sí mismas y no en un "contenido" conjetural. Eso concordaría con la tésis de Benedetto Croce; ya Pater, en 1877, afirmó que todas las artes aspiran a la condición de la música, que no es otra cosa que forma. La música, los estados de felicidad, la mitología, las caras trabajadas por el tiempo, ciertos crepúsculos y ciertos lugares, quieren decirnos algo, o algo dijeron que no hubiéramos debido perder, o están por decir algo; esta inminencia de una revelación, que no se produce, es, quizás, el hecho estético".


(De 'La muralla y los libros', en "Otras inquisiciones", de Borges, 1950).






La casa de enfrente no está más. El modus operandi después del cartel en venta, es el siguiente: primero corren los rumores en el barrio; en segunda instancia cubren la fachada, no siempre por completo, con carteles de publicidades o, en el más prolijo de los casos y de los diseños, anuncios del futuro venidero. Esta es la fase de la agonía, los rumores cambian de categoría, ahora son certezas. Aunque no sea más que un ícono del futuro, ese cartel expresa la inminente desaparición de las huellas del pasado. Es el tiempo que queda, nos dejan, para mirar por última vez y guardar. Por último, luego de ver volquetes y otras armas de destrucción estacionados en el frente, sin mayores sorpresas, un día pasamos y… a veces quedan marcas en los edificios vecinos, un último esfuerzo de resistencia, de permanecer.

La casa que ven en la foto, es la casa de enfrente de mi ventana de todos mis años de trabajo en Obligado 2490. Siempre la observaba en los tiempos muertos, y creaba historias misteriosas que sucedían detrás de esa persiana tan desflecada que nunca se abrió, de la reja de hierro trabajada y las plantas entregadas a la deriva, los pilares de la terraza rotos, una rosa tallada con restos de rosado y verde, la ventana ovalada, y el paraíso centinela que me mostraba el paso del tiempo. Por las tarde de otoño, el sol lo iluminaba en una perfecta mitad, “ya son las cuatro” pensaba cuando lo veía así, “ya se siente el aroma de sus florcitas”, cuando levantaba la persiana por la mañana en primavera. Me avisaron con tiempo, preocupados, lamentando el hecho, tomé mis precauciones al pasar por ahí, la última vez ya no quise ni mirar.

La casa de Honduras, casi Bulnes, (ubicada frente a la casa de Evaristo Carriego, institucionalizada como la casa de la poesía), esa que tenía una persiana gigante y un 1908 (creo, no sé porque mi memoria nunca fijo el año) en lo alto de su fachada. La casa que imaginariamente había elegido para mi taller de marcos y de cuadernos, para sentarme con amigos a tomar el té o unos aperitivos y leer o hacer (ellos) y escuchar música, ya no está.

¡Basta de demoler!

domingo, 13 de septiembre de 2009

La casa de la enredadera

Las cosas hay que mirarlas desde todos los ángulos, buscar el punto central que irradia los infinitos rayos de luz que forman la imagen, estudiar los objetos vecinos que pueden sombrearla, definir su contorno, y recién ahí poder empezar a observar cada una de sus caras. Me dirán que es una tarea imposible, y les doy la razón como casi siempre, pero esta vez con una gran satisfacción.

A todas estas variables, que ya aceptamos infinitas, hay que agregar dos de las que no podemos escapar: la tierra es una empedernida danzarina, que sin necesidad de que veamos sus dos pasos, nos trae diferentes sensaciones cada vez, en fragmentos que algunos supieron definir como tiempo, y el resto creyó.

En cada cuadra las veredas son dos, hay excepciones lo sé, también son dos los sentidos que podemos tomar los peatones (lero, lero automovilistas), vale la aclaración, en estado de sobriedad. En la ciudad hay caminos que recorro con mayor frecuencia, y siempre trato de hacer todas las combinaciones posibles, aunque eso implique que tenga que cruzar de más una calle. Los rincones se conocen caminando por las dos aceras, una vez en un sentido, otra vez en el otro, pero a veces pasa que la rutina nos esquiva ciertas calles o direcciones.

Hace unos días la casa de la enredadera me sorprendió con esporádicos ramilletes violáceos, que sospecho son de una glicina, que colgaban en lo alto de las paredes internas aún sin verdear, que se ven mejor caminando desde Charcas* hacia El Caudillo, por la vereda de enfrente. No recuerdo haberlos visto antes. Me detuve un rato a disfrutar.




*Ni bien baje a la calle, veo que iniciales tiene Charcas porque la verdad ni la más pálida idea a qué o quién hace referencia.