Hoy Martes 17 de Junio,
19 hs
en el salón auditorio de la UNQ
el cine Degenerado se complace en presentar:
El Sabor del Té (Cha no aji)

19 hs
en el salón auditorio de la UNQ
el cine Degenerado se complace en presentar:
El Sabor del Té (Cha no aji)

Director: Katsuhito Ishii (Un japonés que quizá puedan conocer por ser el encargado de la parte de animación de Kill Bill I)
Año: 2004
Nacionalidad: Japón
Duración: 142 min (Sí, es un poco larga pero así son los orientales se toman su tiempo)
El sabor del té es un homenaje, poco clásico, al cine costumbrista clásico japonés, donde la familia es la base de creación de historias mínimas.
Cosas que suceden después de ver la película, al menos le pasaron a cr:
Se descartan los pañuelos (descartables), que fueron levemente humedecidos por alguna que otra lágrima.
Se reta al amigo que la había visto en Mar del Plata y que había dicho que era muy tonta, hecha a propósito para complacer al público occidental. Por este comentario no fue vista al momento del estreno en el 2006, por suerte un ciclo de La Alianza Francesa y la distribuidora 791 a fin de ese año, dieron una nueva oportunidad. (Comprendemos por qué no le gustó)
Se desea tener el pelo largo otra vez (deseo momentáneo, no se entusiasmen) para usar, como antaño, dos colitas casi iguales a las de Maya Banno.
Se lo quiere un poco más a Tadanobu Asano, que ya lo veníamos queriendo de otras películas.
Se graban sonidos en la calle, en el mar, en el subte… (esto lo hacía desde antes).
Se busca un cerezo por la toda la ciudad… ¿habrá cerezos bonsái (de mi corazón Bonsái )?
Con los odontólogos nada cambia, se les sigue teniendo cierta aprensión (por suerte ya no los vomito).
Se necesita saber dibujar, o en su defecto, conocer a alguien que dibuje (luego de verla entenderán para qué).
Se disfruta de la lluvia, tanto de mojarse como de resguardarse bajo bellos paraguas.
Se sale corriendo a comprar un tablero de Go, esto pasa la segunda vez que se ve la película (algo de culpa la tienen un tal Latour y el constructivismo, que habían dejado la semilla unos años atrás).
Se esta de acuerdo en que la película es un poco tonta, pero demasiado tierna para enojarse con ella, o para olvidarla en vez de compartirla. Al fin y al cabo, se vive y disfruta de tonteras.
Año: 2004
Nacionalidad: Japón
Duración: 142 min (Sí, es un poco larga pero así son los orientales se toman su tiempo)
El sabor del té es un homenaje, poco clásico, al cine costumbrista clásico japonés, donde la familia es la base de creación de historias mínimas.
Cosas que suceden después de ver la película, al menos le pasaron a cr:
Se descartan los pañuelos (descartables), que fueron levemente humedecidos por alguna que otra lágrima.
Se reta al amigo que la había visto en Mar del Plata y que había dicho que era muy tonta, hecha a propósito para complacer al público occidental. Por este comentario no fue vista al momento del estreno en el 2006, por suerte un ciclo de La Alianza Francesa y la distribuidora 791 a fin de ese año, dieron una nueva oportunidad. (Comprendemos por qué no le gustó)
Se desea tener el pelo largo otra vez (deseo momentáneo, no se entusiasmen) para usar, como antaño, dos colitas casi iguales a las de Maya Banno.
Se lo quiere un poco más a Tadanobu Asano, que ya lo veníamos queriendo de otras películas.
Se graban sonidos en la calle, en el mar, en el subte… (esto lo hacía desde antes).
Se busca un cerezo por la toda la ciudad… ¿habrá cerezos bonsái (de mi corazón Bonsái )?
Con los odontólogos nada cambia, se les sigue teniendo cierta aprensión (por suerte ya no los vomito).
Se necesita saber dibujar, o en su defecto, conocer a alguien que dibuje (luego de verla entenderán para qué).
Se disfruta de la lluvia, tanto de mojarse como de resguardarse bajo bellos paraguas.
Se sale corriendo a comprar un tablero de Go, esto pasa la segunda vez que se ve la película (algo de culpa la tienen un tal Latour y el constructivismo, que habían dejado la semilla unos años atrás).
Se esta de acuerdo en que la película es un poco tonta, pero demasiado tierna para enojarse con ella, o para olvidarla en vez de compartirla. Al fin y al cabo, se vive y disfruta de tonteras.