sábado, 19 de diciembre de 2009

Lo digo así...

... que se largue a llover a cántaros ahora mismo
que hasta me atrevo a salir desarropada al balcón.

viernes, 11 de diciembre de 2009

Beeswax*


"Pensaba escribir un libro
que hablara de los motivos
por los que se dan las cosas..."


La feria llegaba los domingos a mi barrio, aún lo hace. Recuerdo que a veces acompañaba a madre por curiosidad, un poco a la espera de regresar con un objeto entre mis manos, otro poco a disgusto; cierto que el balance de ambas componentes estuvo siempre determinado por la edad, con un máximo para el disgusto en plena adolescencia. Los puestos se acomodaban regularmente, y como los blancos de madre no cambiaban mucho de domingo a domingo, el trayecto, que ahora no recuerdo, solía ser el mismo. La mercería era una de mis paradas preferidas, buscaba botones y cintas, futuros perifollos de alguna ropa que ella me cosía. Me parecía increíble pero las frutas y las verduras eran mucho más coloridas y aromáticas que en la verdulería, y se compraban en mayor cantidad; adoraba, como lo hago ahora, la llegada de las frutillas y en verano siempre votaba por llevar un gran pedazo de sandía, ese placer cambio un poco los últimos años. Detestaba la fila interminable que había en la granja, y sus olores, las mugre que iba quedando en la vereda, era también un ritual que después de unas cuatro cuadras, sumadas a las cuatro que ya habíamos hecho para llegar, me cansaba de caminar, de esperar a madre, de chocarme con otros, de saludar vecinos, de la muchedumbre y quería regresar. Hace tiempo no voy a la feria, pero creo que madre sigue yendo cada tanto.

Con los años y algunas ciudades visitadas las ferias o mercados fueron otros: el Rastro un paseo reiterado y siempre distinto de mis lejanos domingos en Madrid; Portobello donde compré uno de los objetos más queridos de mi guardarropas; el mercado retro de Rosario, al que mis primas sólo accedieron a acompañarme porque me quieren mucho; el de Pulgas que ya ni sé donde está; el que conocimos el año pasado en Mar del Plata, cerca de la plaza Independencia, donde un señor reparador de cámaras de fotos de enamoró de la mía; Parque Centenario; Parque los Andes; Tristán Narvaja que no pudimos recorrer más que dos cuadras por la lluvia feroz y tantos otros que son y serán siempre bienvenidos. En fin, las ferias, mercados o tiendas son lugares de encuentro y hallazgos acá o en la china.

La intención de esta entrada no fue describir escuetamente las ferias visitadas, podría detenerme en cada una de ellas párrafos y párrafos, pero vine hasta acá para avisarles de una feria que mañana haremos en el barrio de Caballito. Espero que los locos sueltos de esa zona no intimiden vuestra presencia: vengan.


*Besswax: La última que vi de Bujalski, y me gustó.

viernes, 4 de diciembre de 2009

Sentada en el parque.

La lluvia de tipas
como plumas naranjas.
Puedo verlas durante horas
tratando de entender su recorrido.
Algunas caen sobre una hipotenusa perfecta.
Gracias viento.

miércoles, 25 de noviembre de 2009

Tarde de domingo


En Aranguren y Numancia hay una esquina mágica que suele cubrir sus veredas de gente, música, libros, palabras, papeles, bicicletas, gatos y delicias. Cobra es la anfitirona de estos banquetes.

Una foto* de muestra por si no me creen. El domingo pasado por la tarde el pretexto de la reunión fue presentar los cuadernos que hicimos en el taller de El cuelgue cosido, pero eso fue lo de menos. Por cierto en el hueco del árbol hay un gatito que espero poder llevar a casa pronto, cuando su madre nos deje, y si nadie lo hace antes.



* La foto la tomó Guille Salvo, con quien compartimos un par de tardes de sábado encuadernando y tomando mates.

martes, 17 de noviembre de 2009

Foco

Siempre disfruto de una franja-pequeña, en este caso- de nitidez, un banco para descansar, un parque para observar.

lunes, 9 de noviembre de 2009

Cine en la UNQ

Sin orden de continuidad y justificado por el característico "porque sí" o "porque me gusta" que impulsa muchas de mis actividades, en esta oportunidad veremos cine fabricado por chicos.

Tengo el agrado de invitarlos a la proyección de los trabajos que realizan niños y adolescentes en el Taller de Cine El Mate; vendrán de la mano de uno de los docentes del taller, así que luego vamos a poder preguntar y charlar sobre esa experiencia, y por supuesto, sobre cine de animación.

La cita es el miércoles 11 de noviembre a las 20 hs en el aula 22 de la UNQ.

Para llegar a la universidad desde capital pueden tomar el 159 (ramal B/G) que los deja en la puerta luego de unos 30 min de viaje desde el Correo Central.
Para los más aventureros, el tren línea Roca desde Constitución hasta estación Bernal, puro neorrealismo iataliano, un viaje que va de la sonrisa a la lágrima en un parpadear. Yo lo recomiendo.


Para los que no puedan ir una muestra de lo que veremos: El Taller de Cine "El Mate" es una escuela pública ubicada en la provincia de Buenos Aires, Argentina, que depende de la dirección de educación del gobierno municipal. Desde 1987 ofrece un espacio GRATUITO, abierto a la creación para niños y adolescentes interesados en expresarse a través del cine, el video y el cine de animación.



¡Los espero con la cindor o el mate!


viernes, 6 de noviembre de 2009

Como siempre




... mucho en noviembre.

martes, 27 de octubre de 2009

El cuaderno


"Me gusta tu cuaderno y no el mio sucio y desprolijo ráfagas de nada necesito mucho tiempo oh oh de horas destiladas para recuperar el habla. Quiero tu cuaderno donde vi mi nombre escrito el mismo día que desapareció juro que no fui yo ¿Quién te lo robó? Alguien me ganó... Uh Uh Uh Y al ver como te vas subiendo la escalera cuando aplaudo en el final quisiera que estuvieras por completo pensando en todo esto y nada mas... y en nada más... Me gusta tu cuaderno y no el mio sucio y desprolijo rá..."

martes, 20 de octubre de 2009

V Festival de Cine Under en Quilmes


Del jueves 22 al viernes 24 en diferentes lugares de la ciudad pueden pasar, charlar, compartir, sentarse y ver de forma gratuita una gran selección de películas del V Festival de Cine Under. Acá la programación completa.

viernes, 2 de octubre de 2009

Basta de demoler

“El periodista soviético Ovchinnikov escribe en sus recuerdos del Japón: 'Aquí se cree que es el tiempo en sí el que trae a la luz del día la esencia de las cosas. Por este motivo, los japoneses ven en las huellas del crecimiento un encanto especial. Por eso les fascina el color oscuro de un viejo árbol, una piedra horadada por el viento, o incluso los flecos, testigos de las muchas manos que tocaron un cuadro en sus bordes. Estas huellas del envejecimiento las denominan “saba”, palabra que traducida textualmente significa “herrumbre”. “Saba”: es la herrumbe inimitable, el encanto de lo viejo, el sello, la pátina del tiempo’.
Un elemento así de la belleza, como “saba”, da cuerpo a la unión entre arte y naturaleza. En cierto sentido, los japoneses intentan con ello apropiarse del tiempo como una especie de material artístico”.


(De ‘El tiempo sellado’, en “Esculpir en el tiempo”, de Andrei Tarkovski, 1988).

"...todas las formas tienen su virtud en sí mismas y no en un "contenido" conjetural. Eso concordaría con la tésis de Benedetto Croce; ya Pater, en 1877, afirmó que todas las artes aspiran a la condición de la música, que no es otra cosa que forma. La música, los estados de felicidad, la mitología, las caras trabajadas por el tiempo, ciertos crepúsculos y ciertos lugares, quieren decirnos algo, o algo dijeron que no hubiéramos debido perder, o están por decir algo; esta inminencia de una revelación, que no se produce, es, quizás, el hecho estético".


(De 'La muralla y los libros', en "Otras inquisiciones", de Borges, 1950).






La casa de enfrente no está más. El modus operandi después del cartel en venta, es el siguiente: primero corren los rumores en el barrio; en segunda instancia cubren la fachada, no siempre por completo, con carteles de publicidades o, en el más prolijo de los casos y de los diseños, anuncios del futuro venidero. Esta es la fase de la agonía, los rumores cambian de categoría, ahora son certezas. Aunque no sea más que un ícono del futuro, ese cartel expresa la inminente desaparición de las huellas del pasado. Es el tiempo que queda, nos dejan, para mirar por última vez y guardar. Por último, luego de ver volquetes y otras armas de destrucción estacionados en el frente, sin mayores sorpresas, un día pasamos y… a veces quedan marcas en los edificios vecinos, un último esfuerzo de resistencia, de permanecer.

La casa que ven en la foto, es la casa de enfrente de mi ventana de todos mis años de trabajo en Obligado 2490. Siempre la observaba en los tiempos muertos, y creaba historias misteriosas que sucedían detrás de esa persiana tan desflecada que nunca se abrió, de la reja de hierro trabajada y las plantas entregadas a la deriva, los pilares de la terraza rotos, una rosa tallada con restos de rosado y verde, la ventana ovalada, y el paraíso centinela que me mostraba el paso del tiempo. Por las tarde de otoño, el sol lo iluminaba en una perfecta mitad, “ya son las cuatro” pensaba cuando lo veía así, “ya se siente el aroma de sus florcitas”, cuando levantaba la persiana por la mañana en primavera. Me avisaron con tiempo, preocupados, lamentando el hecho, tomé mis precauciones al pasar por ahí, la última vez ya no quise ni mirar.

La casa de Honduras, casi Bulnes, (ubicada frente a la casa de Evaristo Carriego, institucionalizada como la casa de la poesía), esa que tenía una persiana gigante y un 1908 (creo, no sé porque mi memoria nunca fijo el año) en lo alto de su fachada. La casa que imaginariamente había elegido para mi taller de marcos y de cuadernos, para sentarme con amigos a tomar el té o unos aperitivos y leer o hacer (ellos) y escuchar música, ya no está.

¡Basta de demoler!

domingo, 13 de septiembre de 2009

La casa de la enredadera

Las cosas hay que mirarlas desde todos los ángulos, buscar el punto central que irradia los infinitos rayos de luz que forman la imagen, estudiar los objetos vecinos que pueden sombrearla, definir su contorno, y recién ahí poder empezar a observar cada una de sus caras. Me dirán que es una tarea imposible, y les doy la razón como casi siempre, pero esta vez con una gran satisfacción.

A todas estas variables, que ya aceptamos infinitas, hay que agregar dos de las que no podemos escapar: la tierra es una empedernida danzarina, que sin necesidad de que veamos sus dos pasos, nos trae diferentes sensaciones cada vez, en fragmentos que algunos supieron definir como tiempo, y el resto creyó.

En cada cuadra las veredas son dos, hay excepciones lo sé, también son dos los sentidos que podemos tomar los peatones (lero, lero automovilistas), vale la aclaración, en estado de sobriedad. En la ciudad hay caminos que recorro con mayor frecuencia, y siempre trato de hacer todas las combinaciones posibles, aunque eso implique que tenga que cruzar de más una calle. Los rincones se conocen caminando por las dos aceras, una vez en un sentido, otra vez en el otro, pero a veces pasa que la rutina nos esquiva ciertas calles o direcciones.

Hace unos días la casa de la enredadera me sorprendió con esporádicos ramilletes violáceos, que sospecho son de una glicina, que colgaban en lo alto de las paredes internas aún sin verdear, que se ven mejor caminando desde Charcas* hacia El Caudillo, por la vereda de enfrente. No recuerdo haberlos visto antes. Me detuve un rato a disfrutar.




*Ni bien baje a la calle, veo que iniciales tiene Charcas porque la verdad ni la más pálida idea a qué o quién hace referencia.

miércoles, 9 de septiembre de 2009

Pequeñas cosas que le pasan a cr

Hoy por la mañana (para ser más precisos ayer, porque ya se hizo ayer u hoy) caminaba por Lebensohn desde Lamadrid hacia la universidad (de Quilmes a Bernal, de sur a norte), estaba a mitad de camino, a un par de cuadras de la esquina que siempre tiene el césped cortado y cuidado, donde hay dos plátanos no tan viejos, que desde hace unas semanas se están quitando de encima el invierno a puro brote. En mi andar tranquilo, descuidado, me crucé con una abuelita de barrio, muy bajita y encorvada, vestía con tonos grises, de cabello corto con rulos pequeños que aún conservaban algo de su color, y un par de aros de esos que llevan siempre las abuelas. Una vez que pasó a mi lado, se detuvo y me dijo “disculpame – yo me di vuelta un poco desconcertada porque me pareció raro que necesite preguntarme por alguna calle, entonces, mientras me miraba el rostro, continuó – vas sonriendo, es muy lindo sonreír”
Le agradecí, me despedí, seguí mi camino con una sonrisa*, que a partir de entonces tuvo un motivo concreto.


*Ya saben que cuando me me rio lloro y cuando lloro también me rio.

lunes, 7 de septiembre de 2009

Otras músicas

"... A veces hablaba de este asombro, pero como nadie parecía compartirlo, ni tan sólo comprenderlo (la vida está hecha así, a base de pequeñas soledades), lo olvidé..."

R. Barthes, "La cámara lúcida"




Me pregunto si un rioplatense de nuestro lado del charco es capaz de cantar acompañado tan sólo por una cajita de fósforos y conmover, como lo hace él que es del otro lado. No hay videos del sábado 29 en el C.A.A.F, pero yo aún no lo olvidé.

viernes, 14 de agosto de 2009

Las calles son nuestras

“No sólo soy una guía T, también soy un poco cursi”, frase que bien podría primar entre otras como una presentación de este cuerpecito, y si llegan a leer estas palabras que tanto cuesta que fluyan en conformidad, pactarán sin peros.



Si hay algo que hago a diario, es salir a la calle, ya sé que todos lo hacen, pero cuando digo “a diario”, es “a diario”, no importa que no tenga la obligación de salir, siempre tengo “la necesidad de”: ese aire fresco y húmedo, gente ajena pasando a mi lado, maldecir autos que odio encarecidamente, sonidos disonantes, medios de transporte públicos. Cuando digo “a diario”, paradójicamente también digo “diferente cada vez”; soy de las que caminan, recorren, conocen, reconocen, descubren, se detienen, observan sin prisa, se asombran, sonríen, casi sin horarios estrictos la mayoría de los días, con tiempo de más los otros.



La calle es incertidumbre. No debe asombrarme entonces, que a diario alguien, sin distinguir raza y género, interrumpa mi camino o mi espera para preguntarme cuantas cuadras lo separan de Santa Fe, cómo llegar a Córdoba, cuántas cuadras faltan para Paraguay, si el 39 lo deja en Palermo, y demás preguntas que responde de maravillas la tan visitada Guía T (a veces siento que las arrugas de mi rostro son mapas de la ciudad que yo no llego a distinguir las pocas veces que me acerco a un espejo). Agrego que esto me sucede en toda ciudad o lugar que recorro, TODO. Así es como hace unos días sentí que defraudaba a un par de personas en el cementerio de La Recoleta, cuando tuve que silabar un “no me sé ninguno de acá”, en respuesta a un simpático “¿Lo tenés a Sarmiento?”. No me quejo, me detengo, respondo con total seguridad cuando puedo y pensando un poco más las figuritas difíciles. A veces me confundo y me doy cuenta tarde, lo siento. Otras, acepto la derrota.



La calle es, sin dudas, el mejor lugar del mundo para mirar y enamorarse de la gente. En ella nos vemos tal cual somos, o casi, es probable que sea una visión muy ingenua de mi parte pero siento que en la calle tenemos menos maquillaje. Salimos de nuestras cuevas después de vueltas y vueltas, probándonos el mejor traje y el maquillaje adecuado para ese día (apenas uso maquillaje y como me veo extraña luego de colorearme, me lo quito, ¿será por eso que se traslucen los mapas?). Cerramos la puerta con la certeza de que el mundo nos va a estar observando, pero es el maldito trajinar que acompaña nuestro paso, quien se encarga de liberarnos de tal peso. Ni bien dimos tres pasos, no importa si vamos preocupados, tristes, contentos, apurados, felices, dormidos, es común que nos olvidemos de posar para los demás, es ahí cuando pueden descubrirnos, es ahí cuando podemos descubrirlos. Ahí la calle se vuelve un lugar conocido y deseado.



No me queda otra que decir continuará porque no escribí nada de lo que había pensado originalmente, gran parte de la cursilería quedo afuera.


martes, 11 de agosto de 2009

Funny Ha Ha (II)

¿Recuerdan esta entrada? Se podría decir que de la lista original trazada en el cuaderno hice muy poco, pero me atajo, no por abulia, sino porque los componentes fueron cambiando.
Si bien los intentos y las opciones fueron muchos, variados y algunos olvidables, debo admitir que de lo único que puedo jactarme es de haber logrado la destreza de poder "abrazar"* fotos, láminas, cuadros y objetos. Casualmente el taller de marcos estaba en la lista primordial.




*es una excelente definición del autor de Joselo.

martes, 28 de julio de 2009

Andrei Tarkovski

Había hecho una introducción de porqué cuelgo este texto pero con mis dedos mágicos borré lo escrito, simplemente es que a veces prefiero dejar buenas lecturas a hacerlos perder el tiempo con algo que intente escribir y no salga. Agrego que cada vez que leo estas, que son dos páginas, las disfruto como en el primer encuentro, que siempre luego me quedo pensando, tratando, generando. Es demasiado "ideal", lo sé, supongo que por eso me gusta tanto.



Epílogo de "Esculpir en el tiempo", de Andrei Tarkovski

Una persona verdaderamente libre no puede ser libre en un sentido egoísta. La libertad del individuo tampoco puede ser el resultado de un esfuerzo social. Nuestro futuro depende de nosotros mismos y de nadie más. Y nos hemos acostumbrado a compensar todo con el esfuerzo y el sufrimiento ajenos, ignorando el sencillo hecho de que en este mundo todo está relacionado y que no existe la casualidad, aunque sólo sea porque tenemos una voluntad libre y el derecho a decidirnos entre el bien y el mal. Por supuesto que las posibilidades de la propia libertad se ven limitadas por la libertad de los demás. Pero me parece importante indicar que la falta de libertad siempre es consecuencia de la cobardía y la pasividad interiores, el resultado de la falta de decisión en pro de la expresión de la propia voluntad, acorde con la voz de la conciencia. En Rusia es usual citar al escritor Korolenko, según el cual, «el hombre ha nacido para la felicidad como el pájaro para volar». En mi opinión, no puede haber nada más lejano a la naturaleza de la vida humana que esta frase. En realidad, no tengo idea alguna de lo que puede significar el concepto de felicidad. ¿Contento? ¿Armonía? ¡Pero si el hombre siempre está descontento y no tiende a solucionar cosas concretas, factibles, sino hacia el infinito...! Y ni siquiera la Iglesia consigue calmar esas ansias de absoluto, porque desgraciadamente no parece sino una fachada hueca, una caricatura de las instituciones sociales, que se dedican a organizar la vida práctica. La Iglesia de hoy ha resultado ser incapaz de compensar el sobrepeso materialista y técnico con una llamada a la vida del espíritu. En el contexto de esta situación, la función del arte reside -para mí- en expresar la idea de la libertad absoluta de las posibilidades interiores y espirituales del hombre. En mi opinión, el arte siempre ha sido un arma en la lucha del hombre contra la materia, que amenaza con devorar su espíritu. No es casualidad que el arte, en los milenios de historia del cristianismo, siempre se haya desarrollado en las cercanías de las ideas y los principios de la religión. Ya por su mera existencia está promoviendo dentro del hombre, un ser disarmónico, la idea de armonía. El arte ha dado figura a lo ideal y ha aportado así un ejemplo del equilibrio entre lo ético y lo material. Ha demostrado que ese equilibrio no es ni mito ni ideología, sino que puede ser una realidad también en nuestras dimensiones. El arte ha expresado el ansia de armonía de la persona y su disposición a luchar consigo mismo, para establecer en el interior de su persona el ansiado equilibrio entre lo material y lo espiritual. Si el arte expresa lo ideal y el ansia de lo infinito, no puede servir a fines pragmáticos sin arriesgarse a perder su autonomía. Lo ideal lo actualizan objetos que no existen en la realidad cotidiana, pero que a la vez son imprescindibles para la esfera de lo espiritual. Una obra de arte manifiesta ese ideal que en el futuro será propio de toda la humanidad, pero que de momento es accesible para unos pocos, sobre todo para los genios que se toman la libertad de contrastar lo normal con aquella conciencia ideal que toma forma en su arte. De esta manera, el arte es por esencia aristocrático y establece —a causa de su mera existencia— la diferencia entre dos potenciales, que aseguran el movimiento ascendente de la energía interior, desde lo más bajo hacia lo más alto, con el fin de conseguir un perfeccionamiento interior, espiritual, de la personalidad. Al hablar aquí del carácter aristocrático del arte, me estoy refiriendo —claro está— al ansia del alma humana de buscar la justificación moral, el sentido de su existencia, que de este modo consigue una mayor perfección. En este sentido, todos, en último término, estamos en la misma situación y tenemos las mismas posibilidades de adherirnos a una elite aristocrática. Pero el núcleo del problema reside precisamente en el hecho de que no todos hacen uso de esa posibilidad. Ahora bien, el arte va haciendo ofertas siempre nuevas a la persona para que ésta se examine a sí misma en el marco del ideal que el arte le ofrece. Pero volvamos a Korolenko, que definía el sentido de la existencia humana como el derecho a la felicidad. Esto me recuerda el libro de Job, en que a Elifaz dice: «Ninguna cosa sucede en el mundo sin motivo: que no brotan del suelo los trabajos. Porque el hombre nace para trabajar, como el ave para volar» (Job V, 6). El sufrimiento nace de la insatisfacción, del conflicto entre el ideal y la situación en la que uno se encuentra en ese momento. Mucho más importante que el sentimiento de «felicidad» es el fortalecer el alma en la lucha por aquella libertad verdaderamente divina. El arte refuerza lo mejor de lo que es capaz el hombre: la esperanza, la fe, el amor, la belleza, la devoción o lo que uno sueña y espera. Si alguien que no sabe nadar se lanza al agua, su cuerpo —no él mismo— comienza a hacer movimientos instintivos para no hundirse. También el arte es algo así como un cuerpo humano echado al agua: existe como un instinto, que no permitirá que la humanidad se hunda en el campo espiritual. En el artista se expresa el instinto interior de la humanidad. Pero, ¿qué es el arte? ¿Lo bueno o lo malo? ¿Procede de Dios o del diablo? ¿De la fuerza del hombre o de su debilidad? ¿Es quizá una prenda de la comunidad humana y una imagen de armonía social? ¿Es ésa su función? Es algo así como una declaración de amor. Un reconocimiento de la propia dependencia de otros hombres. Es una confesión. Un acto inconsciente, que refleja el verdadero sentido de la vida: el amor y el sacrificio. Pero si dirigimos la mirada hacia atrás, reconocemos que el camino de la humanidad está lleno de cataclismos y de catás­trofes. Descubrimos las ruinas de civilizaciones destruidas. ¿Qué ha sucedido con ellas? ¿Por qué se agotó su aliento, su voluntad de vivir y sus fuerzas morales? Supongo que nadie creerá que todo eso tiene una causa material. Una idea así me parecería salvaje. Y al mismo tiempo estoy convencido de que hoy volvemos a estar al borde de la destrucción de una civilización porque ignoramos plenamente el lado interior y espiritual del proceso histórico. Porque no queremos reconocer que nuestro imperdonable y pecaminoso materialismo, un materialismo que no conoce la esperanza, ha traído infinitas desgracias sobre la humanidad. Es decir, creemos que somos científicos y dividimos, para conseguir una mayor fuerza de convicción en nuestras cavilaciones científicas, el indivisible proceso de la humanidad en dos partes, haciendo luego de una sola de sus motivaciones la causa de todo.
De esta manera intentamos no sólo justificar los fallos del pasado, sino también proyectar nuestro futuro. Quizá se demuestre en tales errores la paciencia de la historia, que espera que el hombre alguna vez consiga escoger bien, sin tener que terminar en un callejón sin salida en el que la historia, una vez más, corrija el fallido intento por medio de otro paso, esta vez más exitoso. En ese sentido, es verdad lo que afirman tantos: de la historia nadie aprende y la humanidad suele, simplemente, ignorar la experiencia histórica. Dicho en otros términos, toda catástrofe de una civilización descubre sus fallos. Y si el hombre tiene que reemprender su camino desde el principio, se demuestra así que su andadura hasta entonces no estaba marcada por el perfeccionamiento espiritual. Con cuánto gusto querría uno abandonarse, entregarse de vez en cuando a otra concepción del sentido de la vida huma­na. Oriente siempre ha estado más cerca que Occidente de la verdad eterna, pero Occidente ha devorado a Oriente con sus exigencias materiales en la vida. Basta con comparar la música occidental con la oriental. El mundo occidental grita: ¡Éste, éste soy yo! ¡Miradme! ¡Escuchad cómo sufro y cómo amo! ¡Qué infeliz y qué feliz puedo ser! ¡Yo! ¡Yo! ¡Yo! El mundo oriental no dice una sola palabra de sí mismo. Se pierde absolutamente en Dios, en la naturaleza, en el tiempo, y se encuentra a sí mismo en todo. Es capaz de descubrir todo en sí mismo. La música del Tao: China, seiscientos años antes de Cristo. Pero, ¿por qué no triunfó esa idea soberana? Es más: ¿por qué se hundió? ¿Y por qué la civilización que había desarrollado no llegó hasta nosotros en forma de un proceso histórico determinado y perfecto? Es patente que esas ideas entraron en colisión con el mundo material que las rodeaba. Lo mismo que el individuo con la sociedad, también esa civilización entró en colisión con otra. Pero sucumbió no sólo por esto, sino también a causa de su confrontación con el mundo material, con el «progreso» y la tecnología. Las ideas de la civilización oriental son un resultado, la sal de la tierra; de ellas fluye verdadera sabiduría. Pero según esa lógica oriental, la lucha es un pecado. El núcleo de la cuestión reside en que vivimos en un mundo de ideas que nosotros mismos creamos. Dependemos de sus imperfecciones, pero también podríamos depender de sus ventajas y valores. Y ya llegando al final, y en confianza: aparte de la imagen artística, la humanidad no ha inventado nada de manera desinteresada. Y por eso quizá realmente consista el sentido de la existencia humana en la creación de obras de arte, en el acto artístico, ya que éste no posee una meta y es desinteresado. Quizá se demuestre precisamente en ello que hemos sido creados a imagen y semejanza de Dios.

Fuente: Andrei Tarkovski, Esculpir en el tiempo, Ed. Rialp

sábado, 25 de julio de 2009

Kazuo Kamimura


Con un poco de tiempo, como si fuera un juego mágico, un clic en un conjunto de caracteres enigmáticos y aparece un dibujo de esta belleza y de varias más.

miércoles, 22 de julio de 2009

Algo para hacer

Gratuitamente y porque estoy con un tiempo libre, que al principio me asustó, y ahora no hago más que disfrutar sin culpa, el otro día me encontré pensando en cómo sería cumplir los años en invierno, y qué cosas se podían hacer que no lo permitía la primavera tardía. Pensé una lista en mi cabeza mientras jugaba al sol con las bestezuelas de cuatro patas, manchas y orejas caídas que me saltan en Quilmes, luego, en el viaje de vuelta de la casa de mis viejos la escribí en mi cuaderno, y ahora termino de darle forma.
Si la leen se darán cuenta que la mayoría de las acciones son practicables en cualquier época del año. En el más magnífico de los desórdenes y con la aclaración que algunas se pueden hacer al mismo tiempo (y que son muy tontas):

1. Tomar mate amargo con espumita.
2. Jugar con la mascota que nos acompaña en nuestro hogar, de no tener una a mano, pedir prestada alguna en la calle, se encuentra fácilmente de estos animales que los seres humanos nos encargamos de adiestrar y llevar hasta los lugares más recónditos del planeta, o sea nuestros hogares.
3. Hacer música (por el momento solo puedo chasquear los dedos)
4. Comer chocolate, otra opción es una torta casera que alguien nos haya hecho especialmente.
5. Aceptar todos y cada uno de los saludos recibidos, no importa el formato.
6. Encontrarse con un amigo, fumar, reírse a carcajadas, charlar de muchos temas pero detenerse en enumerar las mejores virtudes del género opuesto (en algunos casos el mismo), de ser posible dar ejemplos.
7. Leer un poema, la estrofa de una canción, o un fragmento de un libro muy querido.
8. Escribir algo a mano, no importa la extensión.
9. Besar a alguien, si no se tiene a quien besar, parar en la calle alguno medianamente de nuestro agrado y besarlo, previa explicación de por qué se lo besa, se puede mostrar el documento y citar este blog. (Esta también es impracticable para mí, por lo que propongo que nuestros legisladores promulguen una ley que permita a las personas el día de su cumpleaños besar a alguien porque sí y que se recluten voluntarios/as para tal fin.)
10. Mirar a alguien a los ojos.
11. Regalar una lágrima a alguien.
12. Abrazar a alguien.
13. Figurar el último rostro hermoso que nos cruzamos en la calle, esto es sin distinguir sexo ni edad.
14. Comprar flores.
15. Buscar en la memoria un recuerdo de la niñez, alguno de esos momentos en que logramos hacer algo que nos parecía imposible unos segundos atrás. ¡Sonreír!
16. Bañarse por un largo rato con alguna fragancia que nos guste y andar desnudo por la casa otro tanto, ahora que tengo estufa en casa lo puedo hacer en invierno.
17. Poner una de las canciones favoritas, esas para bailar, y recorrer cada espacio de nuestra casa moviendo todas las partes del cuerpo. ¡Saltar y cantar!
18. Sentarse en una plaza al sol y mirar como brillan los demás, pensar que así brillamos nosotros. En caso de llover, caminar chapoteando y mirar a través de las gotas.
19. Pensar por un segundo en una gran macana que hayamos hecho y guardarla otra vez en la memoria.
20. Putear, pero putear con ganas.
21. Antes de acostarnos tomar un té bien caliente agarrando la taza con ambas manos mientras se la acerca al rostro para lograr un equilibrio agradable entre humito y rostro empañado. Pensar en todo lo que hicimos.



jueves, 16 de julio de 2009

PICT - 411127

Hace un tiempo que evalúo la posibilidad de postularme para algún puesto en el MINCyT por la simple y conveniente razón que la nueva sede se está construyendo bastante cerca de casa, aunque no sé cuan cerca está de materializarse; pero ahora creo que encontré el ministerio ideal para desarrollarme profesionalmente. Ahí nos vemos unos cuantos.





Éste es mucho mejor pero lo subo disimulado porque aún quiero conservar a los pocos visitantes de este lugar.

domingo, 12 de julio de 2009

Penny-farthing

Encontrar* cosas bellas, que seguro son muy conocidas por otros pero desconocidas por uno, las hace más bellas, si además hay bicicletas...






*Encontrar, lo que se dice encontrar no fue, se lo debo a Matilde que lo mostró.