¿Cuál es el límite que hay que poner al viento cuando insiste en quitarnos la ropa en la calle? ¿Debemos luchar contra él –y entiendo contra la “naturaleza”- y sostener las prendas* mientras caminamos? Un acto despojado de toda elegancia, la poca lograda a lo largo de los años. Una resistencia pudorosa y civilizatoria.
¿O simplemente nos entregamos a su objetivo? En un acto liberal y bárbaro.
No lo sé, yo voy un poco y un poco, como con todo.
*Las faldas en particular
Jackson Pollock, number18, 1950

